USA – San Francisco (III)

San Francisco es una gran ciudad que sólo dispone de una línea de metro, por lo que para cualquier traslado urbano es preciso coger el autobús o el tranvía, y a menudo hacer trasbordo.

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Por otro lado, algunos de sus puntos de interés están muy apartados entre sí, con lo cual planificar la estancia a mí personalmente no me resultó muy fácil, ya que siempre intento unificar los sitios a visitar por zonas para no perder tanto tiempo, pero en este caso me fue bastante complicado. Para terminar, también quiero remarcar el hecho de que a veces las visitas son más cortas que el trayecto en sí, es decir hay que coger tres autobuses y emplear un par de horas entre ir y volver para callejear media hora por un barrio.

Obviamente, como cualquier gran ciudad dispone de museos y de lugares muy interesantes para ver, pero en esta ocasión casi la totalidad de mi estancia la dediqué al puro callejeo, pues el tiempo del que disponía me parecía muy justo y no quise dedicar otra mañana a ninguna visita, como el día anterior a Alcatraz.

Había leído que antes de las 10 de la mañana de lunes, miércoles y viernes entrar al Japanese Tea Garden es gratis, y como ese día era viernes pues fuimos para allá. Llegar hasta el Golden Gate Park ya nos costó lo nuestro, si no me equivoco dos autobuses y luego una buena caminata; en total se nos fue más de una hora con el resultado de que eran más de las 10 y tuvimos que pagar 7 dólares por persona. Francamente, me pareció caro. No es en absoluto feo, pero lo recorrimos en poco más de media hora y eso que intentamos exprimirlo al máximo, pasando varias veces por el mismo sitio e incluso haciendo cola para subir al Moon Bridge; pero no daba más de sí. La cuestión es que las fotos quedaron muy resultonas, así que al menos en este sentido aproveché el rato.

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Japanese Tea Garden

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Estanque

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Pagodas

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Estanque

Además, como ya iba siendo habitual, se había levantado una mañana un tanto fea, fresquita y nublada, con lo cual el jardín, y lo poco que vimos del Golden Gate Park, no lucía en absoluto.

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Stow Lake

De vuelta hacia el centro nos paramos para ver las Painted Ladies, un conjunto de casas muy coquetas que rodean una plaza ajardinada, Alamo Square. Desde aquí se obtiene una de las vistas más típicas de San Francisco: el contraste y, al mismo tiempo, convivencia entre la ciudad antigua y la modernidad de los rascacielos representa muy bien el espíritu de la ciudad.

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Painted Ladies

Entre unas cosas y otras ya se había pasado más de la mitad de la mañana, por lo que el sol se dignó a aparecer y pudimos disfrutar durante un rato, sin el polar, de una temperatura agradable en la hierba.

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Alamo Square

Como comentaba más arriba, al estar tan distanciados entre sí los lugares que me interesaba visitar, tuve la sensación de que se me estaba yendo el tiempo en ir de un sitio a otro más que en disfrutar de la ciudad, por lo que llegué a plantearme coger un autobús turístico que nos llevara a dar un vistazo general porque me temía que no llegaría el tiempo para todo. Volvimos hacia el centro por si cuajaba esta idea, pero se descartó porque la mayoría de rutas pasaban por donde ya habíamos estado, así que una vez allí nos metimos en el Ayuntamiento: no era una de mis visitas prioritarias pero en ese momento nos pillaba de paso.

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Ayuntamiento

Imponente y majestuoso por fuera, con su cúpula más alta que la del Capitolio de Washington, el interior no desmerece en absoluto: suelo de mármol, lámparas de hierro dorado, columnas corintias y una gran escalinata que parece sacada de un palacio.

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Suelo de mármol

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Cúpula

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Escalinata

Tocaba ahora volver sobre nuestros pasos y callejear por Haight-Ashbury. Estábamos dando más vueltas de las necesarias pero tras la minicrisis mañanera retomábamos el planning inicial, aunque alterando un poco la cronología.

Haight-Ashbury es uno de los barrios más peculiares y auténticos de San Francisco. Tomado por los hippies en la década de los 60, conserva todavía muestras de aquel tiempo pasado e incluso de otro anterior, pues las casas estilo victoriano permanecen inalterables al paso de los años, eso sí convenientemente restauradas para que luzcan mejor.

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Haight-Ashbury

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Haight-Ashbury

Pasear por este barrio es encontrarse a cada paso con tiendas multicolores y curiosos reclamos publicitarios.

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Escaparate

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Tras este divertido paseo nos encaminamos hacia Japantown, el centro cultural de los japoneses en San Francisco. Siento decirlo pero es totalmente prescindible. Sólo nos sirvió para reposar un rato los pies mientras nos tomábamos un refresco.

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Peace Pagoda

Después de tanto trajín y autobús arriba y abajo no quedaban fuerzas para mucho más, con lo cual volvimos al centro con la idea de hacer algunas fotos nocturnas. No recuerdo el motivo, pero elegí el Puente de San Francisco-Oakland, más conocido como Puente de la Bahía, en el Pier 26, para explayarme un poco con la cámara. Llegamos cuando aún no se había puesto el sol y por allí estuvimos un buen rato.

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Desde el pier 26

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Puente de la bahía

Como era de esperar, al final se hizo de noche.

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El puente y la luna

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San Francisco de noche

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Iluminación nocturna

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Pier 26

La verdad es que aquello empezó a estar muy solitario y a mí tampoco me hacía mucha gracia entretenerme tanto, pero al final, por supuesto, nada ocurrió.

La jornada llegaba a su fin y a esa hora lo más conveniente era cenar. Para este día había elegido un lugar típicamente americano, el Lori’s Diner. Se trata de una cadena con varios restaurantes en la ciudad y aquí se puede tanto desayunar como cenar a horas intempestivas, pues está abierto las 24 horas del día. La comida me pareció normal y el precio también, lo más vistoso es su decoración años 50: taburetes bajitos y redondos en la barra, asientos de sky rojo, mesas adosadas a la pared, medio cadillac saliendo por el ventanal… hasta lo/as camarero/as van vestido/as con el típico uniforme y su imprescindible gorrito.

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Lori’s Dinner

Tras el merecido tentempié, nada mejor que un paseo nocturno en el Cable Car, el medio de transporte más genuino y divertido de San Francisco. El tranvía funicular a punto estuvo de desaparecer del paisaje urbano a mediados del siglo XX al haber sido sustituido desde hacía tiempo por otros sistemas más modernos, pero por suerte tres líneas sobrevivieron a la debacle y hoy en día podemos disfrutar de las pronunciadas pendientes de la ciudad agarrados a la barandilla del tranvía.

Enlaces: Lori’s Diner

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5 comentarios en “USA – San Francisco (III)

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