Jordania – Petra (II)

Nuestra segunda jornada en Petra iba a ser aún más dura que la anterior ya que teníamos todo un día por delante de caminatas y subidas. Por ello, nos propusimos madrugar para estar lo antes posible en la puerta de acceso y conseguir que el día nos cundiera al máximo.

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Nuestro primer reto era subir hasta el Monasterio y lo que quedara del día dedicarlo a seguir visitando el recinto arqueológico hasta que cerraran o mientras las fuerzas nos acompañaran. Íbamos también un poco condicionados por el calor porque, pese a que sólo estábamos a finales de abril, ya apretaba de lo lindo, lo cual representaba un esfuerzo añadido. Al final resultó una jornada calurosa pero nada que sea memorable, salvo lógicamente al mediodía que sí fue más acusado.

Tras pasar la puerta de acceso empieza el camino previo hasta llegar al Siq, donde centenares de beduinos te van asaltando para que hagas el recorrido en burro, caballo o calesa. Esto es una constante en todo el recinto, porque un poco más adelante surgen también las ofertas para ir en camello. Creo que es el día que más veces he dicho que no en toda mi vida, primero porque tenía claro que lo suyo es ir caminando, aunque es más cansado hay que pararse cuantas veces uno quiera y no perderse ni un detalle; y en segundo lugar, pero no menos importante, porque el trato a los animales no es precisamente el mejor, por decirlo suavemente, pese a las advertencias en la entrada sobre este tema: burritos aplastados por moles humanas, caballos resbalando en el Siq, asnos atados a pleno sol sin lugar donde cobijarse… y así un largo etcétera de situaciones que prefiero no recordar y que me niego a fomentar con mi dinero. Digamos que ésta fue la parte amarga de tan fascinante lugar.

En el camino previo al Siq hay unos cuantos monumentos que sirven de aperitivo de lo que nos espera dentro. El primero que nos sale al paso son los llamados Cubos Djinn, del siglo I a.C., cuya función exacta todavía hoy en día no está muy clara pero que podrían ser tumbas en torre o también estructuras para los espíritus guardianes de la ciudad, colocados en la entrada a modo de protección.

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Cubos Djinn

Uno de los más bellos es la Tumba de los Obeliscos que, como su propio nombre indica, está coronada por cuatro obeliscos de más de seis metros cada uno de evidente influencia egipcia. Su construcción es probablemente del siglo I d.C.

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Tumba de los Obeliscos

Seguidamente nos adentramos en el Siq, una garganta de casi kilómetro y medio de longitud con altas paredes de hasta 180 metros que en algunos tramos no supera los dos de ancho. Un fascinante preludio al recinto que posee curiosas formaciones rocosas naturales y algunas obras escultóricas dignas de admiración.

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Elefante

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Bajorrelieve de la caravana

Al final de esta profunda grieta natural se atisba la joya de la corona nabatea, el Tesoro o Al-Khaznah, para muchos el mejor monumento de Petra.

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Vista del Tesoro desde el Siq

Imponente y majestuoso con sus 40 metros de altura, es probablemente el edificio más fotografiado de Petra gracias a su excelente ubicación, ya que su proximidad con la entrada lo hace fácilmente accesible a quien sólo pueda pasar unas pocas horas en el recinto arqueológico. De esta forma, la explanada delantera es un auténtico hervidero de turistas, beduinos, burritos, camellos, caballos y visitantes de lo más variopinto.

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Visitantes

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Camello con beduino

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Delante del Tesoro

Este mismo emplazamiento hace que sea también el monumento mejor conservado, ya que las paredes que lo rodean lo protegen de las inclemencias del tiempo. A buen seguro, sus constructores se sentirían orgullosos al ver que tras 2.000 años esta maravilla del mundo sigue en pie en un estado muy semejante a como fue concebido. En este sentido, todavía se discute su función original, aunque todo apunta a que se realizó para ser la tumba de un rey, probablemente Aretas IV. Sea como fuere, la influencia helenística es evidente en todos los elementos arquitectónicos que lo componen.

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Vista lateral del Tesoro

Si bien nuestro propósito era ir derechitos hasta el Monasterio, dejando el resto para después, no pudimos evitar entretenernos un buen rato en el Siq y el Tesoro. Además, pasamos por allí justamente a la hora más recomendable para admirar el monumento, entre las 9 y las 10 de la mañana, cuando el sol le da de lleno.

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El Tesoro por la mañana

No es por llevar la contraria pero a mí me gustó más la tonalidad rosácea de la tarde, cuando ya no está iluminado por el sol.

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El Tesoro por la tarde

Ahora sí que tocaba ir sin más demora a buscar el camino para llegar hasta el Monasterio: ochocientos escalones tallados en la roca nos esperaban y no era cuestión de subirlos en las horas centrales del día. Casi tres cuartos de hora tardamos desde que dejamos atrás el Tesoro hasta el inicio de la escalinata mientras nos íbamos quitando de encima todas las ofertas para subir en burrito, caballo o camello… hay transporte para todos los gustos, aunque estos pobres animales el gusto no se lo deben encontrar por ningún lado.

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Camellito

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Burrito al sol

Respiramos hondo y nos mentalizamos para iniciar una de las excursiones más impresionantes y fatigosas de Petra: la subida al Monasterio o Ad-Deir, monumento dedicado al rey Obodas construido en el siglo I d.C. La recompensa está lógicamente al final cuando se vislumbra la maravillosa construcción, pero el trayecto no desmerece en absoluto porque el panorama del que se disfruta durante la subida la hace más llevadera.

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Inicio de la escalinata

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Vía procesional

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Barranco

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Panorama

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Vista del valle

A apenas diez minutos desde que se inicia la ascensión un desvío a mano izquierda lleva hasta los pies del Triclinio de los Leones. Hay que estar atentos porque el camino, cortísimo, apenas se distingue entre los matorrales.

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Triclinio de los Leones

Reanudamos la marcha y seguimos subiendo, haciendo pequeñas paradas para tomar aliento. Nos llevó una hora completar un camino que en tiempos había sido una vía procesional, y no es de extrañar porque a ratos era como estar cumpliendo una penitencia. Una vez arriba de todo, la construcción todavía no se muestra en su esplendor porque se esconde en un recodo y aún hay que caminar unos metros para verlo en su totalidad. Finalmente, llegamos a uno de los lugares más fantásticos que mis ojos han contemplado: boquiabierta y estupefacta, más muerta que viva, allí estaba yo delante del impresionante Monasterio.

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El Monasterio

Grandioso (50 metros de ancho por 40 de alto), imponente y a la vez sobrio, recuerda vagamente al Tesoro aunque sus elementos decorativos son mucho más sencillos: el primero posee influencia helenística mientras que el Monasterio es totalmente nabateo.

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Vista parcial de la fachada

Será por esa sencillez, o por la explanada delantera que permite contemplar el edificio en todo su esplendor, o por la menor afluencia de gente, o quizás por su extraordinario emplazamiento surgiendo de la piedra sin tallar… o por todos esos motivos juntos, la verdad es que para mi gusto el Monasterio es lo mejor del recinto arqueológico de Petra, una maravilla sin lugar a dudas y absolutamente imprescindible por duro que sea el acceso para llegar hasta allí.

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Imponente

No contentos con la caminata, aún seguimos un buen trecho siguiendo los carteles que señalaban el punto con las mejores vistas del mundo: imposible perdérselas por más agotado que esté uno. Tras diez minutos, un panorama excepcional se abrió a nuestros pies: las montañas y el valle de al-Arabah, al que las fotos no hacen en absoluto justicia.

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Montañas

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Vistas

Justo al lado del precipicio una simpática beduina ofrece tumbarse gratis para descansar después de la excursión.

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Merecido descanso

Nosotros preferimos reponer nuestras gastadas fuerzas tomando una limonada con menta en la cueva-bar que hay justo enfrente del Monasterio, así mientras descansábamos seguíamos admirando esta maravilla arquitectónica. No me cansaba de mirarla de la misma forma que no me canso de decir que me pareció lo mejor de Petra.

Era hora de volver sobre nuestros pasos para seguir con la visita al resto del recinto. Otros cuarenta minutos bajando escalones, y para cuando llegamos al punto de partida ya era la hora de comer, es decir que la excursión al Monasterio nos llevó prácticamente toda una mañana.

El resto de la tarde fui un poco al ralentí por culpa del cansancio acumulado y de que a las horas centrales del día sí que acusé bastante el calor que hacía. Seguimos por la Avenida de las Columnas, la calle principal de la antigua ciudad posteriormente embellecida por el emperador Trajano, así como por la zona del área urbana.

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Templo

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Avenida de las Columnas

Tocaba ahora subir hasta el área de las Tumbas Reales. Creo que es un paseo bastante accesible pero yo a estas alturas ya no podía con mi alma y fui casi arrastrándome. Unos cuantos escalones que se me hicieron eternos y llegamos hasta la Tumba de la Urna, fácilmente reconocible porque queda en un segundo plano respecto a la roca y tiene un gran patio delantero.

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Tumba de la Urna

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Tumba de la urna

Contrariamente a lo que ocurre en el Tesoro y el Monasterio, en la Tumba de la Urna sí se puede entrar. Aparte de que dentro se está muy fresquito, vale la pena ver el extraordinario colorido de sus paredes.

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Interior de la Tumba de la Urna

Un poco más adelante encontramos la Tumba de la Seda, que recibe este nombre por las vetas de colores de la fachada.

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Tumba de la Seda

Al lado está la Tumba Corintia, una de las que más se han visto perjudicadas por el paso del tiempo. Pese a todo, sigue siendo imponente.

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Tumba corintia

Ahora me arrepiento de no haber llegado hasta la Tumba de Sextius Florentinus, pero en aquel momento yo ya estaba bastante agotada y tuve la sensación de que quedaba lejísimos. Además, tenía en mente hacer otra excursión para contemplar el Tesoro desde las alturas y, por lo que había leído, era la más dura de todas. Por tanto, necesitaba descansar otro rato mientras me bebía unos cuantos litros de agua. Nos despedimos así del área de las Tumbas Reales.

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Vista desde el área de las Tumbas Reales

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Caravana de camellos

Volvimos a pasar por la Avenida de las Fachadas para buscar el camino que nos condujera hasta unas increíbles vistas del Tesoro. Llegados aquí, se nos ocurrió que debía de ser el pedregal que está enfrente de éste a mano izquierda, porque otro camino no se veía. Ni cortos ni perezosos empezamos la ascensión, pero nos detuvieron unos gritos nada más poner el primer pie en una piedra: estaba prohibido el paso, supusimos que a causa de algún desprendimiento reciente.

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El Tesoro

Nos dejaron hacer unas fotos desde allí y volvimos a bajar, con un poco de pena por el espectáculo que nos íbamos a perder pero al mismo tiempo un poco aliviada por no tener que decidir si subir o no, ya que aunque me hubiera apetecido no sé si las piernas habrían respondido. Yo llevaba anotado que por allí se iba a una zona llamada al-Khubtha, pero a posteriori he descubierto que esta meseta era precisamente de donde veníamos, así que no sé si las indicaciones que saqué de otro blog eran las correctas, por lo que es posible que el camino que andábamos buscando delante del Tesoro no haya existido nunca. Sea como fuere, ni el día ni mis fuerzas daban más de sí, por lo que estuvimos un buen rato sentados al lado del Tesoro, despidiéndonos de esta maravilla arquitectónica y deseando que se conserve igual de joven al menos otros 2000 años más.

Un saludo para estos simpáticos animales tan explotados.

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Simpático

Petra posee otros muchos rincones merecedores de una visita, pero por desgracia el tiempo es limitado y las energías también. Creo que vimos lo más importante, sin prisa pero sin pausa, y acabamos la jornada con la impresión de que nos había cundido bastante. Nos fuimos a dormir con la puesta de sol, ya que el día siguiente iba a empezar también muy pronto con la excursión por el desierto de Wadi Rum.

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Desde el hotel

El hotel elegido para pasar esas dos noches fue el Petra Sella, que está en la ciudad de Wadi Musa y bastante alejado del Centro de Visitantes. Lo hice así porque leí que en los alrededores del recinto apenas había nada y que era mucho mejor alejarse un poco. Obviamente quien hizo esta recomendación o no ha estado nunca en Petra o lo entendió mal porque es precisamente todo lo contrario, en las cercanías de la entrada es donde más tiendas, restaurantes y bares hay, así que en mi opinión cuanto más cerca mejor para no tener que estar dependiendo siempre de taxis arriba y abajo.

Nota: Mientras me documentaba sobre el viaje y, más concretamente, sobre Petra y cómo organizar la visita, me enteré de que uno de los mejores libros que se han escrito sobre el tema es Arte, Historia e Itinerarios en la capital nabatea, de Fabio Bourbon. Por lo que parece está descatalogado y es dificilísimo, por no decir imposible, encontrarlo aquí, así que me resigné y preparé las visitas con la ayuda de mi guía de viajes, de otros blogs y, una vez allí, del folleto que proporcionan en la entrada. Ya de vuelta, echando un vistazo en las tiendas del aeropuerto de Amman encontré la edición en castellano de dicho libro y, aunque la visita había concluido, igualmente lo compré a fin de mirarlo con calma en casa. Debo decir que me han parecido soberbias todas las explicaciones y que sin él no habría sido posible que me extendiera tanto en esta entrada, pues su nivel de detalle no se encuentra en otros sitios, así que paso yo también a recomendar su lectura, si puede ser antes de ir y, si no, después, para entender mucho mejor lo que se ha visto.

Enlaces:

Turismo de Jordania

Turismo de Petra

Turismo de Petra

Hotel Petra Sella

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Un comentario en “Jordania – Petra (II)

  1. Pingback: Jordania – Datos prácticos | impresionesviajeras

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