Granada – La Alhambra

Sin duda, una de las ciudades más atractivas de España y que merecidamente cuenta con numerosos admiradores. Su patrimonio cultural, su gastronomía y su ambiente urbano, así como su enclave a los pies de Sierra Nevada convierten a Granada en un destino casi obligado, ideal para una escapada de tres o cuatro días.

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Aunque cuenta con muchísimos puntos de interés, Granada es sinónimo de La Alhambra. A nadie se le ocurriría visitar la ciudad y no entrar en este archifamoso complejo palatino que comprende los Palacios Nazaríes, el palacio de Carlos V y el Generalife como construcciones más significativas, y en las que se puede apreciar la impronta que dejaron sus diferentes moradores.

Su silueta, visible desde varios puntos de la ciudad, es fácilmente reconocible aunque no se haya estado nunca, habiéndose convertido en el símbolo de Granada en todo el mundo. Pero hasta ser declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 1984 muchas fueron las vicisitudes por las que pasó esta ciudad palatina desde que fue construida en el siglo XIII, llegando al estado de abandono a mediados del XVIII. Afortunadamente, en el XIX empezó a recuperarse y restaurarse lo que se había deteriorado y hoy en día vuelve a brillar con todo su esplendor.

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La Alhambra

Obra maestra de la arquitectura nazarí, la Alhambra se construyó en un estilo único y particular en una época en que en Occidente el gótico estaba decayendo y se iniciaba el Renacimiento. Si sus artífices crearon este lugar para que fuera un paraíso terrenal, también es cierto que los castellanos que lo conquistaron supieron apreciar su gran valor estético e hicieron lo posible por conservarlo, lo cual es de agradecer pues sin este empeño actualmente la Alhambra sería quizás un recinto arqueológico y no un complejo palaciego.

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Desde el Generalife

Tres son los caminos que conducen hasta la colina de la Sabika, donde se alza el palacio, y se puede llegar tanto andando como en transporte público o privado. Lo más práctico fue coger el microbús rojo que pasa cada diez minutos por la Plaza Nueva y lleva hasta el pabellón de acceso, pues aunque hay poco más de un kilómetro de distancia es todo subida y no nos apetecía empezar la visita ya cansados.

Por este camino, la Cuesta de Gomérez, se pasa por la Puerta de las Granadas, que actualmente separa el recinto de la Alhambra de la ciudad. La construcción fue encargada por Carlos V al mismo arquitecto que diseñó el palacio y que recuerda a éste por sus sillares almohadillados. Tiene forma de arco triunfal.

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Puerta de las Granadas

Tras dejarnos el autobús en el pabellón principal donde se recogen las entradas (o compran, si aún quedan para ese día) lo más recomendable habría sido entrar por la Puerta de la Justicia, pasando junto a la muralla, pero como la visita a los Palacios Nazaríes está sujeta a un horario (el resto del recinto puede recorrerse en el orden que se quiera) y lo habíamos reservado a las 8:30 horas de la mañana, hacia allí nos dirigimos por el camino más recto.

Los Palacios Nazaríes son tres: Mexuar, Comares y Leones. Visto desde lo alto parece tratarse de una única edificación, y en realidad así es porque las estancias se comunican entre sí, pero lo cierto es que fueron construidos en diferentes épocas por los sultanes que los habitaron.

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Los Palacios Nazaríes

La visita programada se inicia en el Mexuar, el más antiguo de los tres palacios. La sala principal fue concebida para ubicar el trono del sultán y posteriormente fue reconvertida en capilla por los cristianos. En el siglo XIX se le incorporó una Sala de Oración desde la que se tienen unas espléndidas vistas del barrio del Albaicín.

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Sala de oración

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Vistas

Saliendo del Mexuar nos encontramos de inmediato con la fachada del Palacio de Comares, otro lugar donde el sultán recibía sentado en su trono. Impresionante el estucado que lo adorna.

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Fachada de Comares

Desde aquí se accede al Patio de los Arrayanes, probablemente uno de los lugares más fotografiados de la Alhambra. El espejo perfecto de la alberca central se consigue al detener y desviar el curso del agua que fluye de las fuentes antes de que se llegue a formar cualquier tipo de ondulación, dándole al conjunto no sólo belleza sino también una gran sensación de serenidad y equilibrio.

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Patio de los Arrayanes y Torre de Comares

Este patio es el centro de la vivienda que dota al palacio de un espacio natural interior y le da al mismo tiempo una gran luminosidad al estar a cielo abierto.

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Pabellón Sur

La Torre de Comares, tan sencilla por fuera, alberga uno de los espacios más ricamente decorados y de mayor simbología de la Alhambra: el Salón del Trono. No hay rincón que no contenga algún elemento decorativo: alicatados, yesería, celosías, carpintería distribuidos en suelo, paredes y techo representan obras maestras en su género que contienen poemas, versos del Corán y motivos celestes que representan al Cosmos. Lamentablemente, el colorido original sólo se ha conservado en el zócalo de cerámica, pero en su día toda la estancia era un festival cromático.

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Salón del Trono

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El Pabellón Sur desde la Torre de Comares

Como los tres palacios están comunicados entre sí, sin darnos apenas cuenta nos encontramos en otro espacio abierto que es a su vez otro símbolo de la Alhambra: el Patio de los Leones. Le debe su nombre a la fuente central, que había sido recientemente restaurada por enésima vez cuando la visitamos. Aunque no se aprecia bien, por lo visto los doce leones son diferentes entre sí y mirados de cerca tienen rasgos singulares que los caracterizan.

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Fuente de los Leones

Una galería porticada, con dos pabellones que sobresalen, realzan la elegancia de este precioso patio.

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Patio de los Leones

En la Sala de los Abencerrajes nos espera una preciosa cúpula tridimensional hecha de mocárabes en forma de estrella.

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Sala de los Abencerrajes

Los mocárabes se encuentran generosamente repartidos por todo el Palacio de los Leones. Esta técnica decorativa da como resultado unos techos realmente espectaculares.

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Mocárabes

La Sala de los Reyes está abierta al Patio de los Leones y el techo de su pasillo, así como los arcos que separan sus tres estancias, fueron decorados también con deslumbrantes mocárabes.

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Sala de los Reyes

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Sala de los Reyes

Antes de pasar a la Sala de las Dos Hermanas, un vistazo por una de las ventanas del Palacio.

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Vistas

La Sala de las Dos Hermanas está considerada justamente una de las más vistosas del Palacio gracias a una excepcional cúpula realizada también con mocárabes, fino y delicado trabajo artesanal.

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Sala de las Dos Hermanas

Adosado a las Dos Hermanas está la Sala de los Aljimeces desde la que el Mirador de Lindaraja sobresale a un hermoso jardín que tras las reformas de Carlos V quedó reducido a claustro cerrado. Los ventanales rodeados de yesería y mocárabes, acompañados por un alto zócalo, son otra muestra de filigrana decorativa.

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Mirador de Lindaraja

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Patio de Lindaraja

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Patio de los Leones desde la sala de las Dos Hermanas

Aquí finalizamos el recorrido por los Palacios Nazaríes, deslumbrados por tanta belleza reunida en tan poco espacio. A pocos metros se encuentra la zona del Partal con los restos de su palacio, el más antiguo de los que se conservan en la Alhambra. Este espacio ajardinado es como un pequeño oasis que permite dejar atrás el tumulto turístico y oxigenarse durante un rato disfrutando de las vistas y del entorno paisajístico.

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Jardines del Partal

El Palacio del Pórtico o del Partal ha sufrido numerosas reformas durante su larga vida ya que estuvo en manos de propietarios privados que lo fueron transformando para adecuarlo a sus necesidades. Hoy en día conserva su estructura, que ha sido convenientemente restaurada tras las diversas modificaciones.

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Palacio del Partal

Aunque el Palacio está desnudo en su interior pues carece de las salas propias de este tipo de construcciones, todavía puede apreciarse el fino trabajo de artesanía en sus zócalos y yeserías. Además, se tienen unas extraordinarias vistas desde aquí.

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Interior del Palacio del Partal

También aquí las albercas dotan al conjunto de unos maravillosos espejos.

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Alberca

Mientras los Palacios Nazaríes resultan deslumbrantes y al mismo tiempo aturullan un poco dada la cantidad de gente que se agolpa entre sus paredes, los jardines del Partal son como un respiro para el viajero, un relajante alto en el camino donde retomar fuerzas para seguir con la visita.

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Zona del Partal

Por su situación, desde el Partal se pueden tomar diferentes caminos con distintos destinos. Nosotros optamos por ir hasta el Generalife, otra de las cumbres arquitectónicas de la Alhambra, siguiendo por el interior de la muralla. Este Paseo de las Torres tiene, como su nombre indica, seis torres defensivas que a su vez servían también como viviendas.

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Torre de la Infanta

Situado extramuros de la Alhambra, el Generalife era la residencia estival de los sultanes, si bien su finalidad principal era la explotación agrícola que todavía en la actualidad perdura. Los fantásticos jardines que rodean el palacio son testimonio de este esplendor paisajístico que se ha conservado intacto a lo largo de los siglos. Aportación del siglo XX son los Jardines Nuevos, que conectan perfectamente los dos espacios: el recinto amurallado con el Generalife.

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Jardines Nuevos

Es natural que también aquí el agua juegue un papel fundamental, y será por eso que uno de los rincones más fotografiados y reconocibles del Generalife sea el Patio de la Acequia, alargado espacio con una acequia central alimentada por surtidores cruzados.

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Patio de la Acequia

Al igual que el Partal, el Generalife estuvo en manos privadas durante muchos siglos, por lo que sufrió las transformaciones que sus dueños quisieron o necesitaron darle. Uno de los espacios más afectados fue el Patio de la Sultana, cuya configuración actual en nada se parece a lo que fue en su momento escenario de imaginarias leyendas.

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Patio de la Sultana

Abandonamos el recinto del Generalife para desandar el camino y ver el Palacio de Carlos V. Primeramente nos detuvimos en la iglesia de Santa María de la Alhambra, edificada en el lugar donde antes de la conquista cristiana se alzaba una mezquita.

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Santa María de la Alhambra

Casi adosada a esta antigua mezquita se conservan unos baños, o hammam, donde no sólo se realizaban las abluciones previas a la oración sino que también servían de punto de reunión social, elemento común a muchas otras culturas y civilizaciones.

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Baños árabes

El palacio renacentista de Carlos V se construyó para que contrastara con el resto de edificios islámicos, aparte de pretender expresar con su estilo arquitectónico el triunfo de la Cristiandad sobre el Islam. Es sin duda una majestuosa e imponente construcción, pero a mí personalmente me pareció que no pegaba en absoluto con el resto de la Alhambra.

Si algo no falta en el recinto palatino son puertas, tanto interiores como de entrada al complejo. Una de ellas es la del Vino, que en su día era el principal acceso a la medina aunque hoy sólo tiene función ornamental gracias a su bonita decoración de azulejos encima del arco.

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Puerta del Vino

Algo agotados tras este recorrido alhambreño decidimos finalizar en este punto la visita. Nos dejamos muchos rincones por visitar, entre ellos la Alcazaba, la ciudad militar del palacio, pero tras cuatro horas sin pausa alguna era hora de dar por acabada la excursión. No sé si todo un día sería suficiente para ver en profundidad  los tesoros que encierra esta fantástica ciudad amurallada que tras esas austeras paredes contiene una elegante y exquisita decoración, pero creo que al menos vimos lo más importante.

Aunque ya era el momento de descansar después de la intensa mañana, tuvimos que acercamos a toda prisa hasta unos antiguos baños árabes antes de que cerraran, pues sus horarios son bastante limitados y era ésa la única oportunidad que teníamos de entrar. El Bañuelo es un lugar muy pequeño que se visita en cuestión de minutos, diría yo, y por suerte la entrada es gratuita porque aunque es innegable su valor histórico y arquitectónico, a mí personalmente me decepcionaron un poco.

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El Bañuelo

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El Bañuelo

Ahora sí, a comer y a descansar un buen rato antes de volver por la tarde a la Alhambra, pero esta vez desde fuera para contemplar la puesta del sol desde el mirador de San Nicolás, el lugar en el que se concentra buena parte de los granadinos y visitantes para asistir a este espectáculo.

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Mirador de San Nicolás

Lamentablemente, el día andaba revuelto y nublado, así que el sol no lo vimos ni poniéndose ni levantándose, pero el ambiente en el mirador estaba animadísimo y nos quedamos para ver cómo anochecía y se iba iluminando el palacio, con la ciudad de Granada a nuestros pies.

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Anochece

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La Alhambra iluminada

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La Alhambra iluminada

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Granada

Como colofón a una jornada prácticamente dedicada a la Alhambra, nada mejor que una buena cena en uno de los restaurantes con vistas al palacio. Muy cerquita del mirador está el Estrellas de San Nicolás, un local muy agradable y con una situación inmejorable para disfrutar del panorama. Además, la comida estaba deliciosa, así que no pudimos terminar el día de mejor forma.

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Estrellas de San Nicolás

Datos prácticos:

Para visitar la Alhambra es absolutamente recomendable adquirir previamente la entrada por Internet. El aforo es limitado y además existen dos turnos, el de la mañana y el de la tarde, estando sujeta la visita a los Palacios Nazaríes a una hora concreta. Teniendo en cuenta todas estas circunstancias, ir sin reserva significa arriesgarse a no entrar, por lo que más vale asegurarse y, aunque salga un poco más caro, programar la visita con antelación. También es conveniente mirarlo con suficiente tiempo ya que en determinados días y épocas del año las entradas se agotan rápidamente, y en una escapada corta ya sabemos que es básica una buena programación si se quiere ver todo.
Existen diferentes modalidades de entradas e incluso es posible realizar una visita nocturna a los Palacios Nazaríes o al Generalife. La audioguía, imprescindible para comprender mejor lo que se está viendo, se incluye en la tarifa general. Entradas para la Alhambra

El Bañuelo es un antiguo baño árabe muy bien conservado
El Bañuelo

Un buen restaurante donde culminar una jornada perfecta
Restaurante Estrellas de San Nicolás

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4 comentarios en “Granada – La Alhambra

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