Granada – Turismo religioso y callejeo

Aunque la Alhambra es la estrella indiscutible de cualquier visita a Granada, la ciudad posee otros muchos lugares de interés turístico que merece la pena ver, como por ejemplo alguno de los muchísimos edificios religiosos, tantos que se hace difícil elegir en cuál entrar. Dedicar un buen rato al callejeo también es imprescindible en una ciudad como ésta.

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El primer sitio al que nos dirigimos en un lluvioso y gris domingo de septiembre fue al Monasterio de Cartuja, que al encontrarse algo apartado del centro de la ciudad hizo que se nos fuera buena parte de la mañana entre ir y volver, por la poca frecuencia de los autobuses al ser festivo y por la fina lluvia que no hacía apetecible el caminar.

Lo recuerdo como un lugar espectacular y asombroso, pero lamentablemente está prohibido hacer fotos por lo que ni puedo ilustrar convenientemente estas líneas ni me llega la memoria para describirlo. No obstante, la iglesia del monasterio es preciosa y merece su visita.

De vuelta hacia el centro nos metimos en el Monasterio de los Jerónimos, otra excepcional obra de arte con mayúsculas. Para mi gusto, el edificio monástico y su claustro tienen un interés relativo, quizás lo más atrayente sea la tranquilidad y el silencio que siempre reinan en estos sitios.

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Claustro del Monasterio de los Jerónimos

Ahora bien, la iglesia me pareció algo fuera de lo común. Como se puede apreciar en las fotos, está ricamente decorada pero no resulta empalagosa, o al menos a mí no se me hizo cargante, en buena medida porque su colorido no es tan chillón como en los edificios barrocos.

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Nave principal

La cúpula, las bóvedas, las columnas, los pilares… todo forma un conjunto extraordinario y elegante de estilo renacentista. Además, cuenta con una iluminación perfecta, cosa a veces difícil de encontrar en otras iglesias.

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Cúpula

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Bóveda

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Pilares

Mención aparte merece el retablo situado tras el altar, un formidable trabajo con escenas sacadas, lógicamente, de los Evangelios.

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Retablo

Tras esta inmersión religiosa tocaba empezar a callejear por la ciudad, y nada mejor que hacerlo por el principio, es decir el barrio de Sacromonte, habitado según algunos desde los tiempos del Neolítico. Aparte de tener unas vistas privilegiadas de la Alhambra y del Generalife, esta zona es conocida sobre todo por las miles de cuevas que durante siglos sirvieron de vivienda a los habitantes del barrio.

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La Alhambra desde Sacromonte

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La Alhambra desde Sacromonte

Por lo visto, hoy en día muchas de ellas están en un penoso estado de abandono, y alguna ha sido reconvertida en museo, aunque en realidad no pudimos apreciar ni lo uno ni lo otro pues sólo dimos un mini paseo por la calle más próxima a la carretera sin llegar a adentrarnos en el meollo de este curioso barrio repleto de chumberas.

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Sacromonte

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Chumberas

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Sacromonte y la Alhambra

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Sacromonte

El callejeo prosiguió durante un buen rato, mientras nos lo permitió la intermitente lluvia, por el barrio del Albayzín, contiguo al de Sacromonte. Lo recorrimos prácticamente entero pues me fascinó ese entramado de callecitas, callejones y callejuelas, algunas casi idénticas entre sí, pero todas ellas con un encanto especial. No en vano también fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1994, es decir diez años después que su vecina la Alhambra.

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Albayzín

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Albayzín

Un maravilloso laberinto en el que lo mejor es perderse y dejarse llevar sin rumbo fijo aun a riesgo de pasar varias veces por el mismo sitio.

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Callecitas del Albayzín

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Callejuelas del Albayzín

En este incesante subir y bajar se puede adivinar la Alhambra entre los tejados de las blancas casas.

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Subir

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Bajar

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… y la Alhambra

El barrio del Albayzín es como un pueblo incrustado en una ciudad, un lugar por donde no parece que haya pasado el tiempo.

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Un pueblo

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Plazoleta

Llegando casi a la frontera del Albayzín con el centro de la ciudad hay un mirador junto a la Plaza de San Miguel Bajo desde el que se tienen unas vistas fantásticas de Granada.

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Granada a los pies

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Plaza de San Miguel Bajo

Para finalizar este recorrido por los orígenes de Granada nada mejor que pararse a descansar en una de las muchísimas teterías que abundan en la Calderería Nueva, un bullicioso y animadísimo callejón que resulta de lo más chocante después de atravesar el silencio y la paz del Albayzín. Aquí, al modo de un bazar árabe, todo son ruidos, colores y olores procedentes de lejanas tierras. Es obvio que aún no hemos abandonado las raíces de la ciudad.

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Calderería Nueva

Tras la cena nos encontramos con un inesperado acontecimiento: a la Virgen de las Angustias la habían sacado en procesión esa misma tarde y, en consecuencia, la iglesia estaba no sólo abarrotada de gente vitoreando la imagen sino perfectamente iluminada, lo cual me pareció de lo más interesante para sacar unas resultonas fotos de esta barroca y recargadísima iglesia, aunque a decir verdad no fue fácil hacerlas sin el montón de cabezas que se agolpaban en el interior del templo. Al día siguiente volvimos a visitarla pero sin las luces ya no fue lo mismo.

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Iglesia Virgen de las Angustias

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La Virgen

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Cúpula

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Fachada

Enlaces:
Monasterio de Cartuja

Monasterio de San Jerónimo

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