Vietnam – Hue

En el centro de Vietnam existe una Ciudad Prohibida donde tiempo atrás residió una dinastía de emperadores que se hicieron enterrar en los alrededores. Este lugar se llama Hue y alberga los palacios reales así como las tumbas de sus regentes.

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Tras cuatro días en Vietnam todavía no había visto nada que justificara haber volado los 10.000 km que me separaban de mi casa. Había leído que era mucho más bonito el norte que el sur, y como íbamos hacia allí tenía la esperanza de que fuera mejorando a medida que nos acercáramos.

En Hue empezó a cambiar mi percepción ya que me encantaron tanto la Ciudad Prohibida como dos de las tumbas que pudimos visitar. No obstante, la primera tarde, como nos habíamos demorado tanto viniendo desde Hoi An llegamos cuando era la hora de comer y poco pudimos hacer, ya que como he comentado en otras entradas entre las cinco y las seis anochece y cierran todos los lugares visitables, por lo que no nos daba tiempo de intentar siquiera ver algo de lo que nos interesaba. Como era demasiado pronto para retirarse, decidimos recorrer el Río del Perfume hasta la pagoda de Thien Mu.

Alquilamos un destartalado barco, idéntico a todos los que nos cruzamos, muy llamativo por fuera con sus cabezas de dragón y enorme para dos personas pero desastroso por dentro, con la ayudante del barquero achicando agua a ratos y unas sillas de plástico medio rotas que se iban moviendo a gusto del pasajero.

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Barcos del Río del Perfume

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Interior del barco

El paseo en barco me resultó soporífero, pero con unas sillas tan incómodas era impensable echar una cabezada. No recuerdo cuánto duró pero se me hizo larguísimo.

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Surcando el río

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Río del Perfume

La pagoda de Thien Mu tampoco es nada excepcional, y eso que es uno de los símbolos de Hue. Lo más bonito, su nombre, que significa pagoda de la Dama Celestial, pero aparte de esto me pareció perfectamente obviable.

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Thien Mu

A la torre de la entrada tampoco supe verle el encanto más allá de su sonoro nombre, torre de la Fuente de la Felicidad o Thap Phuoc Duyen en vietnamita.

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Torre

Al interior del santuario principal no pudimos acceder porque los monjes estaban rezando mientras cantaban, o cantando mientras rezaban, lo cual puede parecer un fastidio pero lo preferí así pues fue lo que más llamó mi atención de todo el recinto. Aunque me costó sacar alguna foto por si podría parecer poco respetuoso, me decidí cuando vi que los lugareños no se cortaban ni un pelo.

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Monjes rezando-cantando

Tuvimos que volver a toda prisa pues el barquero nos esperaba impaciente ya que eran las cinco de la tarde y empezaba a anochecer.

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Río del Perfume

El resto de la tarde dimos una vuelta por el paseo junto al río, demasiado pequeño para llenar tantas horas hasta el momento de cenar, pero al menos encontramos un tramo por el que milagrosamente estaba prohibida la circulación y pudimos descansar un rato de tanta moto, tanto pitido y tanto caos que aquí, como en todos los rincones de Vietnam, acaba resultando agotador.

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Tráfico en Hue

Al día siguiente bien temprano nos dirigimos hacia la Ciudadela, enorme recinto que incluye la Ciudad Prohibida y que fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1993. Profundos trabajos de restauración se han llevado a cabo y siguen aún en la actualidad para devolverle a este lugar el esplendor perdido en los ataques sufridos durante la guerra de Indochina. El resultado, al menos a mi modo de ver, es más que satisfactorio, pues aunque lógicamente no puedo comparar con el original, me pareció un lugar fantástico y precioso.

La construcción de la Ciudadela se inició en 1804 por orden del autoproclamado emperador Nguyen, el cual inició una dinastía que gobernó el país hasta 1945, período durante el cual Hue se convirtió en su capital. Por este motivo el fastuoso palacio está aquí y no en Hanoi.

Nada más entrar por la puerta de Ngo Mon, dos enormes estanques repletos de lotos flanquean el camino que conduce hasta la Ciudad Prohibida.

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Puerta Ngo Mon

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Estanque con lotos

Varios palacios y pabellones se suceden en el recinto, el primero es el de la Suprema Armonía (Thai Hoa), luego los de los Mandarines y el precioso Teatro Real. Uno de los más bonitos es la Biblioteca Real, cuya decoración con mosaicos de cerámica lo hacen único.

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Biblioteca Real

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Interior de la Biblioteca

Un paseo por los cuidados jardines, aunque sea bajo una fina llovizna, siempre es una buena forma de relajarse.

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Dragón contemplando los jardines

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Jardines

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Tortuga

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Pabellón

Aún queda mucho por reconstruir y arreglar.

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Escalinata

Uno de los pabellones se ha habilitado como pequeña cafetería, y cuando la llovizna amenaza con convertirse en lluvia no queda otro remedio que hacer un pequeño alto en el camino.

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Desde la cafetería

Tras dar la vuelta al recinto fuimos hacia el Palacio de Dien Tho o de la Longevidad Duradera, donde vivían las reinas madre. Para acceder a él hay que atravesar una preciosa puerta, la Chuong Duc.

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Puerta Chuong Duc

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Puerta Chuong Duc más cerca

Si algo no falta en la Ciudadela son puertas, tantas que es imposible acordarse ni de su nombre ni de a dónde conducen.

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Puerta

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Otra puerta

Completado el circuito y antes de llegar a la puerta principal nos paramos en la zona de The Mieu, donde Nueve Urnas Dinásticas de tres toneladas cada una y ricamente decoradas parecen haber sido puestas para vigilar el patio.

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Pabellón de Hien Lam

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Tres de las urnas

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The Mieu

La Ciudadela me encantó, no sólo como conjunto arquitectónico sino también por la tranquilidad que se respiraba en todo el recinto, lo cual hace la visita aún más agradable. La pena es que me quedó una imagen bastante difusa, muchos de los lugares por los que pasamos no logro identificarlos y creo que otros directamente ni los vimos, pues la guía no es muy precisa en este apartado y además está desfasada ya que hay más sitios rehabilitados de los que pone. En cualquier caso, un lugar totalmente recomendable aunque los que han estado en la Ciudad Prohibida de Pekín no lo ven así cuando las comparan, lo cual me parece lógico.

Saliendo nos volvimos a encontrar con todo el barullo urbano y la peculiaridad del tráfico, que no dejó de sorprendernos durante todo el viaje.

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Mensajero

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Ciclista

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Ciclista

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Ciclista

Perdimos un montón de tiempo entre volver al centro, buscar un banco para cambiar dinero y pensar cómo llegar hasta las tumbas, de tal forma que para cuando nos decidimos ya era tardísimo y sólo pudimos ir a dos de ellas. Descartada la moto por culpa de la lluvia, finalmente contratamos un taxi en una agencia, más barato que el que nos habían ofrecido en el hotel pero por un precio que me pareció igualmente abusivo, pues pagar lo mismo por una noche de alojamiento con desayuno que por dos horas de trayecto creo que es totalmente desproporcionado. Pero visto el poco tiempo del que disponíamos no nos quedó otro remedio que aceptar.

Menos mal que las tumbas valieron realmente la pena, y menos mal también que nos llevaron porque no sé si solos las habríamos encontrado, aunque en el plano parece muy sencillo la verdad es que dimos bastantes vueltas para llegar. La primera que visitamos fue la de Minh Mang, enorme recinto que además del sepulcro propiamente dicho, y al que sólo se puede entrar una vez al año, tiene hermosos jardines, palacios y pabellones.

La puerta Dai Hong Mon es la que da acceso al complejo funerario.

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Dai Hong Mon

Más adelante el Pabellón de las Estelas, junto a dos estanques repletos de flores de loto.

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Pabellón de las Estelas

Al final de este recto camino se encuentra el sepulcro, tras una puerta que más parece un marco, y junto a un precioso lago, el de la Luna Nueva.

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Puerta-marco

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Lago de la Luna Nueva

Como he dicho antes, a la tumba sólo es posible entrar un día al año, ahora no recuerdo si con motivo del aniversario de la muerte u otra festividad remarcable, la cuestión es que, como no podía ser de otra forma, no coincidió con nuestra visita, aunque casi mejor porque no habríamos podido disfrutar de este bellísimo lugar prácticamente solos.

En el patio de la entrada unos mandarines se encargan de custodiar la tumba y todo lo que la rodea.

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Patio de entrada

Aunque creo que este vigilante sería más efectivo llegado el caso.

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Vigilando

Desde aquí deprisa y corriendo hacia la tumba de Khai Dinh, pues faltaban apenas tres cuartos de hora para que cerraran. En este lugar descansan los restos del último emperador Nguyen, ya del siglo XX, y aunque el recinto no me pareció tan bonito como el anterior, el sepulcro lo encontré de una fastuosidad fuera de lo común, excesiva incluso. No obstante, como al otro no pude entrar no puedo establecer comparaciones entre ambos.

El sepulcro está en una colina, por lo que hay que subir unos cuantos escalones para llegar hasta allí.

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Escalinata de acceso

En el Patio de Honor mandarines, soldados, caballos y elefantes forman un curioso comité de recepción al lado del Pabellón de la Estela, de planta hexagonal.

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Custodiando el pabellón

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En formación

En general, todo el recinto está pidiendo a gritos un exhaustivo trabajo de limpieza.

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Las estatuas de cerca

Otra escalinata y por fin se llega a la cámara sepulcral. Tal despliegue decorativo llega incluso a aturdir, y a mi modo de ver está demasiado recargada para ser elegante, aunque es imposible que deje indiferente. Pese a esto, debo reconocer que me gustó mucho.

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Cámara sepulcral

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Una de las salas de la cámara

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Sepulcro

Cerraban cuando atravesábamos la puerta, por suerte tuvieron el detalle de esperarnos y no dejarnos dormir junto al difunto emperador. Tanta prisa para luego tener un montón de horas muertas hasta la hora de coger el tren nocturno hacia Ninh Binh, nuestra siguiente parada. Por tanto, a dar vueltas por la ciudad sin mucho ton y menos son, y acabamos cenando al lado del río, en el tramo donde está prohibida la circulación de las motos que todo lo invaden.

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Restaurante

Acabó así la jornada y media en Hue. Tanto su Ciudadela como las dos tumbas me encantaron, lástima no haber podido visitar las otras cuatro que recomiendan, pero con los horarios de cierre fue imposible combinarlo mejor para que entraran todas. Aparte de esto, todo el día estuvo aderezado por una intermitente lluvia un poco fastidiosa pero que sólo representó el aperitivo de lo que nos esperaba cuando llegáramos más al norte.

El hotel en el que nos hospedamos, absolutamente fantástico y baratísimo. Por 20 euros una habitación grandiosa y comodísima, casi de lujo, y una recepción por parte del personal para no olvidarse, con detalles que aquí no se ven desde hace siglos. La única pega es que está en un callejón dificilísimo de encontrar y facilísimo de perder.

Enlaces:
Unesco

Serene Palace Hotel

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Un comentario en “Vietnam – Hue

  1. Pingback: Vietnam – Datos prácticos | impresionesviajeras

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