Vietnam – Ninh Binh

Considerada la Ha Long terrestre, la zona que rodea a la ciudad de Ninh Binh está repleta de formaciones rocosas que nacen en un suelo totalmente llano y verde, salpicando un mar de campos de arroz.

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Para desplazarnos hasta Ninh Binh, ya en el norte de Vietnam, cogimos un tren nocturno desde Hue que tardó unas doce horas en recorrer los 600 km que separan una ciudad de otra. Aunque salió con algo de retraso, llegamos puntuales a nuestro destino. De la estación de Hue no esperaba gran cosa y así fue. Del tren esperaba aún menos y también acerté: cutre y no demasiado limpio, pero apañándome con una camiseta como funda de almohada y una mantita gentilmente proporcionada por el avión como sábana bajera pude dormir toda la noche del tirón. Al lavabo no me atreví a ir.

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Literas

En la estación nos esperaba el taxista que tenía que llevarnos hasta nuestro alojamiento, unas cabañas en medio de la selva. Aunque notablemente más caro que los hoteles de la ciudad, por una noche quise darme el gusto de dormir en plena naturaleza, y en efecto el entorno resultó ser paradisíaco. Lamentablemente, tuve que arrepentirme más tarde de haberlo elegido.

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Las cabañas

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Desde la cabaña

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Desde la cabaña

Aunque cuando bajamos del tren todavía no llovía, el camino de cabras que llevaba al hotel era un auténtico fangal y el taxista se las vio y deseó para llegar con el coche entero. En total, tres cuartos de hora pasando por alguna pequeña aldea pero apartadísimos de todo, o lo que es lo mismo, en medio de la nada más absoluta, lo cual era parte de su encanto.

Cuando por fin llegamos el gerente nos recibió diciéndonos que no había luz (más aislados aún si cabe). Como sólo íbamos a estar ese día en Ninh Binh teníamos que aprovecharlo al máximo para visitar el mayor número de sitios posible, así que sin más preámbulos le preguntamos por la forma de llegar hasta ellos. No nos atrevimos a alquilar una moto pues la fina lluvia que había empezado a caer mientras estábamos en el taxi se estaba convirtiendo en un auténtico diluvio, con lo que el camino de cabras estaba aún más impracticable. Optamos por coger dos motos con sendos conductores y nos las ofreció por la ajustada cifra de 100 euros. No dábamos crédito a lo que nos estaba diciendo, pero tras intentar regatear y pensarlo un poco no tuvimos más remedio que aceptar, ya que era eso o quedarnos todo el día metidos en la cabaña pues por los alrededores no había ningún otro sitio al que recurrir y no habíamos llegado hasta allí para eso. El idílico aislamiento ya se estaba volviendo en contra nuestro, pero es lo que tiene la ley de la oferta y la demanda.

Resignados a pagar un dineral con el que una familia vietnamita puede vivir durante un año, estábamos ya dispuestos para la excursión, pero sin ponerse ni colorado nos dijo que saldríamos después de comer, lo cual significaba perder lo que quedaba de mañana. No llevábamos ni una hora en este lugar y ya me estaba arrepintiendo de haberme fijado en él, no sólo por el abuso que estábamos padeciendo sino porque las maneras del individuo no me parecían en absoluto correctas. Por otro lado, y como es fácil suponer, comida, cena y desayuno tenían que ser forzosamente allí, y aunque a priori no tenía por qué ser malo, yo ya empezaba a temerme lo peor visto el resultado que nos estaba dando el capricho de dormir en la selva.

Aproveché el rato para hacer unas fotos, y me reafirmo en que el lugar era paradisíaco, lástima que el gerente no parecía estar a la altura de tan maravilloso entorno.

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El hotel

Finalmente después de comer salimos, y menos mal que habíamos cogido dos conductores porque el tiempo empeoraba por momentos y habría sido imposible que nosotros solos, sin ninguna experiencia previa en moto, pudiéramos pasar por ese camino de cabras, un auténtico pedregal inundado, sin temor a sufrir un accidente que podría habernos fastidiado el resto del viaje. Es más llevadero que te estafen que romperse una pierna. A todo esto, decir que yo llevaba varios sitios apuntados para visitar contando con que estaríamos un día entero y tiempo nos tenía que dar pues no eran muy distantes entre sí, pero como no tuvimos opción para elegir nos llevaron primero a Mua Cave, una montaña en la que tras subir casi 500 resbaladizos escalones, se tienen unas vistas absolutamente espectaculares que consiguieron por un momento hacerme olvidar el diluvio que estaba cayendo sobre nuestras cabezas.

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Subiendo a Mua Cave

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Vistas desde Mua Cave

Empapados desde hacía no sé cuánto rato, bajamos a toda prisa de Mua Cave y nos dirigimos al río Ngo Dong para visitar Tam Coc, o lo que es lo mismo, atravesar el paisaje que habíamos contemplado desde arriba. Tanto las entradas a Mua Cave como el paseo en barca estaban incluidos en los 100 euros de la excursión (no todo iba a ser malo por parte del hotel).

Pese al tiempo tan horroroso que hacía, el río estaba lleno de barquitas con el mismo propósito que la nuestra. La vida del turista es muy dura, pues se ve obligado a hacer las cosas en el momento en que las tiene planeadas, haga el tiempo que haga. Así, aunque no había paraguas ni chubasquero suficiente para resguardarse de lo que estaba cayendo, estuvimos hora y media río arriba y río abajo, en un paisaje sin duda alucinante pero que empezó a cansarme muy pronto dadas las penosas circunstancias climáticas y el feo resultado fotográfico.

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Barquitas

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Río Ngo Dong

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Una de las tres cuevas

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Río Ngo Dong

La simpática barquera, que ya había intentado que le compráramos un refresco a una colega para volver a vendérselo después a la misma a mitad de precio (según la Lonely) esperaba ansiosa nuestra propina, hasta el punto que no se cortó ni un pelo en exigir el importe que a ella le parecía correcto, que era igual al del precio de la entrada. Le dimos lo que nos pareció justo dejándola con la protesta en la boca, pues de tomaduras de pelo empezábamos a estar un poco hartos.

Con estas dos visitas se completó la excursión y tocaba ya retirarse hacia el hotel pues en nada empezaría a anochecer. En total, 100 euros por poco más de dos horas con los conductores, hora y media de las cuales esperando a que diéramos el paseo en barca. Me parece justo pagar los tiempos de espera en que la gente no puede ganar otro dinero, pero esto fue realmente abusivo por no llamarlo una estafa en toda regla.

Llevábamos ya seis días de viaje y todo estaba discurriendo con normalidad, pero a partir de aquí empezaron a torcerse nuestros planes. Al llegar al hotel el gerente nos preguntó si nuestro siguiente destino era, por casualidad, la bahía de Ha Long, diciéndonos al mismo tiempo que en caso afirmativo nos lo podíamos ir quitando de la cabeza (no con estas mismas palabras, lógicamente) porque por la costa estaban sufriendo un temporal marítimo, casi un tifón, y nos sería imposible llegar hasta allí y, mucho menos, salir a navegar por la bahía, que es el objetivo de ese lugar. Amablemente se puso a nuestra disposición para organizarnos el resto del viaje. Anonadados y estupefactos por la noticia nos retiramos a la cabaña a pensar cómo podíamos arreglarlo. En ese momento afortunadamente llegó la luz y, tras hacer malabarismos con el planning y enviar decenas de mensajes y correos electrónicos a los hoteles reservados pudimos apañarlo lo mejor posible, aplazando una semana el crucero por la bahía, sacrificando la noche en Cat Ba y añadiéndola a Hanoi, que no era esta última una idea que me atrajera demasiado pero que acepté a falta de otra mejor.

Desconcertados todavía pero contentos por haber salvado casi todo nuestro bonito planning, a la hora de cenar le informamos de que le agradecíamos el ofrecimiento pero que no necesitábamos nada salvo que hiciera una llamada telefónica al hotel de Cat Ba para explicar la situación, pues no faltaban ni veinticuatro horas para el cheking y estábamos totalmente fuera de plazo para anular la habitación sin ser penalizados. Viendo que un posible negocio se le iba de las manos, cambió totalmente su actitud y la amabilidad de la tarde se volvió antipatía, se negó en redondo a realizar esa llamada y al cabo de un rato, mientras cenábamos, más tranquilo, nos ofreció un transporte privado hasta Hanoi, que era nuestra siguiente parada a falta de poder ir a Ha Long. Estábamos tan escamados con este individuo que lo primero que preguntamos fue el precio, y nos dijo que por ser nosotros nos lo rebajaba de 70 euros a 50. Le contestamos que lo pensaríamos porque nos parecía sumamente caro para recorrer apenas 100 kilómetros, y entonces empezó a insistir e insistir, nos envió a uno de los guías de la moto (un chico majísimo, lo único de este lugar) para convencernos, siguió y siguió, culminando con el envío de varios correos electrónicos cuando estábamos ya en la cabaña, a las diez de la noche. Habíamos consultado horarios de autobuses y el que nos iba mejor  estaba ya lleno, así que decidimos irnos en tren, pero nos escribió diciendo que tampoco quedaban billetes (información que nos fue imposible verificar por Internet), por lo que ante el temor a quedarnos colgados en Ninh Binh y tener que rehacer nuevamente el planning, claudicamos y aceptamos el transporte privado. Por unos folletos que había en la cabaña, poco antes me había dado cuenta de que este hotel pertenecía a una agencia de turismo, con cruceros por la bahía de Ha Long incluidos, y entonces comprendí que le estábamos fastidiando el negocio al paisano, haciéndole perder una bonita comisión al no aceptar que el resto del viaje nos lo organizara su empresa.

Tras darle muchas vueltas durante la noche decidí que no estaba dispuesta a sufrir más tomaduras de pelo y a la mañana siguiente le dijimos bien clarito que nos íbamos por nuestra cuenta y que hiciera el favor de llamar al taxi hasta Ninh Binh que teníamos pagado desde el momento en que hicimos la reserva del hotel. Antes de darse por vencido, un último intento en forma de llamada de una persona de la central de la agencia insistiendo nuevamente con el tema y con el hecho de que no encontraríamos billetes de tren. Llegados a este punto yo ya estaba agobiadísima con tanta insistencia y tantas presiones por parte de esta gente y, para colmo, teniendo que discutir en un idioma que no era el nuestro. Así que pensé que si realmente era verdad que no había billetes de tren contrataríamos un taxi en Ninh Binh que nos llevara hasta Hanoi; prefería darle los 50 euros, en caso de que costara eso, a cualquiera antes que a esta empresa.

Resignado con la idea de perder tan buenos y tontos clientes (los únicos que había, todo hay que decirlo, con lo cual podía focalizar toda su atención en nosotros) nos dijo que llamaba al taxi. Una hora y tres cuartos de larguísima espera hasta que por fin apareció, pero no el taxi que habíamos pagado sino el famoso transporte privado que venía con pasajeros desde Hanoi y que igualmente volvía hacia esa ciudad, pero de vacío, con lo cual no le habría costado nada ajustarnos muchísimo más el precio. Pero éste era de los que muere matando, y la guinda del pastel fue que se embolsó el dinero del taxi ya pagado y nos tuvimos que ir en el coche que no le costaba ni un duro.

El fin de esta larga historia es que, por supuesto, si algo sobraba en la estación de tren eran billetes, dos por menos de cinco euros; el conductor de la moto del día anterior nos acompañó y nos ayudó a comprarlos, un chico realmente amable, educado y servicial como pocos, a años luz de la actitud de su jefe.

En resumen, no sólo presionándonos y agobiándonos hasta extremos intolerables sino también mintiéndonos, esto fue lo que sacamos del capricho selvático. Tan enfadada estaba que incluso llegué a pensar que lo del temporal marítimo era otra mentira de este individuo para sacarnos todo el dinero que le fuera posible. Pero al menos en esto fue sincero porque una vez en Hanoi pudimos confirmar el mal tiempo que hacía en Ha Long y que los barcos estuvieron una semana sin poder navegar.

La moraleja de todo este asunto es que es tan lícito vivir del turismo como de cualquier otra actividad, ahora bien cuando se traspasa la frontera y lo que se pretende es explotarlo y exprimirlo la cosa cambia y lo que puede ser una estancia inolvidable se convierte en un mal recuerdo. Aquí el problema no estuvo en que esta empresa nos ofreciera sus servicios, lo cual es tanto o más lícito que lo primero, si no en que la amabilidad se acabó al mismo tiempo que la posibilidad de ganar más dinero aún del que ya nos habíamos dejado allí y se convirtió en una agresiva política de ventas que estaba totalmente fuera de lugar. No tenemos la culpa de que nos guste viajar por libre y a nuestro aire, contratando los servicios que nos interesan y rechazando los que no.

Curiosamente, como la reserva del hotel la hice a través de booking, a la vuelta expliqué, muy resumidamente, esta desagradable experiencia y posteriormente leí otros comentarios en el mismo sentido. Ahora lo he buscado en la misma web de reservas y ya no aparece, pero mirando bien lo he encontrado con otro nombre, de Hoa Lu Shack ha pasado a llamarse Ninh Binh Valley Homestay y lo anuncian como nuevo, pero para su desgracia las fotos lo delatan y estoy segurísima de que es el mismo.

Muchas palabras y pocas fotos, una experiencia desagradable en uno de los parajes naturales más bonitos de Vietnam; mala suerte con el tiempo y con los responsables del alojamiento, lo primero es irremediable pero lo segundo no nos lo habíamos podido imaginar siquiera.

Durante la espera del taxi aproveché, intentando matar el aburrimiento, para hacer las últimas fotos de este increíble sitio, tan bien enclavado como mal gestionado. Mucha pena me dieron los centenares, o hasta miles, de patitos, demasiado pequeños para ir solos por el mundo pero cuyas madres con toda probabilidad habrían pasado por la cazuela hacía bien poco.

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Las cabañas

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Una cabrita comiendo

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Pequeños patitos

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Un comentario en “Vietnam – Ninh Binh

  1. Pingback: Vietnam – Datos prácticos | impresionesviajeras

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