Vietnam – Sapa

Los campos de arroz cultivados en terrazas son el gran atractivo paisajístico de Sapa, en el norte de Vietnam, un lugar en el que la mano del hombre ha transformado la naturaleza con un resultado espectacular.

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Acabada la larga visita en Hanoi cogimos el tren nocturno hacia Sapa, el sistema de transporte más común para llegar hasta allí. También hay algún servicio de autobuses, pero en general está más solicitado el tren ya que dormir al mismo tiempo que se viaja suele ser una buena manera de ahorrar tiempo y dinero. Como es un servicio mayoritariamente turístico, hay varias compañías que hacen este trayecto, unas más sencillas que otras y con una franja de precios igualmente variable. Nosotros cogimos el Livitrans, de gama media y el más parecido a nuestros gustos occidentales según un foro. Aunque apenas dormí por culpa del traqueteo, no me pareció mal y al menos al lavabo se podía ir. Las tan temidas cucarachas debían de estar de vacaciones porque ni a la ida ni a la vuelta vi ninguna.

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Livitrans

Lo peor, o lo mejor según se mire, son los horarios. De Hanoi salen casi todos los trenes antes de las 22:00 horas y llegan a la estación de Lao Cai, la más cercana a Sapa, a las 5:30 de la mañana. A esas horas de la madrugada es difícil atinar incluso con la puerta de salida, menos mal que en estos casos lo más sencillo es seguir a la muchedumbre que por regla general siempre sabe a dónde va. La ventaja de este diabólico horario es que se puede aprovechar todo el día para visitar la zona.

Una vez en la estación se puede ir hasta Sapa, a una hora de distancia aproximadamente, en van o en autobús. También hay hoteles que tienen el servicio de recogida, pero como no era nuestro caso nos decidimos por coger el transporte público después de desembarazarnos, no sin muchas dificultades, de toda la nube de ofertas que empezaron a caernos encima nada más salir de la estación. No es que salga mucho más barato el autobús pero al menos lleva al destino sin tener que regatear a esas horas de la madrugada.

En Sapa tampoco paró la lluvia que nos perseguía desde Ninh Binh y que había sido la responsable de que no hubiéramos podido ir todavía a Ha Long. En el autobús ya nos dimos cuenta, con mucha tristeza, de que nuestros temores por el tiempo estaban más que justificados, pues no sólo diluviaba sino que además una niebla bajísima nos impedía ver más allá de la carretera. Pero como todavía era muy pronto no perdimos la esperanza de que mejorara a lo largo de la mañana.

En la plaza de la iglesia de Sapa una nube de mujeres de la etnia hmong esperaba bajo la lluvia la llegada de los turistas, posibles clientes a los que venderles desde una pulsera hasta una estancia en sus casas, lo que se conoce como “homestay” y consiste en hacer varios trekkings por la zona y dormir una o más noches con una familia compartiendo su hogar. Aunque los que lo han probado dicen que es una de las mejores experiencias que se pueden vivir en Vietnam, a mí personalmente no me atraía en absoluto, por lo que preferí dormir en un hotel y contratar las excursiones aparte. Con este planteamiento bajamos del autobús para dirigirnos directamente hacia nuestro alojamiento, a dos minutos andando, intentando no hacer caso de las mujeres que nos perseguían sin aceptar un no por respuesta.

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Iglesia de Sapa

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Mujeres de la etnia hmong

Otro de los motivos por los cuales hay gente que prefiere el homestay a un hotel convencional, aparte de ser más auténtico vivir como un lugareño que como un turista, es que el dinero que se les da a los hmong va íntegro a sus manos ya que no pasa por ningún intermediario como hoteles o agencias de viaje. Puede que sea cierto, pero comparando precios la guía que nos asignaron ganó más en propinas por cuatro horas acompañándonos que lo que normalmente se suele dejar tras la estancia en un hogar hmong, que suele incluir no sólo el alojamiento sino todas las comidas.

La ruta prevista para el día de llegada la habíamos apalabrado con el hotel, dejando el día siguiente abierto para realizar cualquier otra excursión que nos apeteciera en función de lo que fuéramos viendo. Con una chica de la etnia hmong que nos hacía de guía salimos de Sapa para dirigirnos hacia Lao Chai y Ta Van, dos poblados de la misma etnia que la guía y llenos de campos de arroz, para finalmente volver al hotel en autobús. Un magnífico plan con unas vistas maravillosas si no fuera porque el tiempo, literalmente, nos aguó la fiesta. La excursión se hizo en unas condiciones lamentables y ni siquiera estoy segura de haber pasado por los lugares previstos.

Nada más empezar la excursión ya nos encontramos con la cruda realidad, y es que a causa de la niebla la visibilidad era nula, así que adiós paisajes maravillosos y adiós vistas espectaculares.

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Vistas de Sapa

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Niebla

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El río

Además, el camino era un lodazal en el que más de uno resbaló y todos sin excepción acabamos llenos de barro hasta las orejas.

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Lodazal

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El diluvio

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Barro y más barro

Proseguimos la ruta sin muchas esperanzas de que la situación mejorara, pero a medida que bajábamos hacia el valle fuimos dejando la niebla atrás y, milagrosamente, empezamos a vislumbrar algo de este fantástico lugar.

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Entre la niebla

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Vistas nebulosas

Poco a poco el paisaje iba mostrándose en casi todo su esplendor, así que desde ese momento ya no dimos por perdido el día.

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Campos de arroz

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Cultivos en terrazas

Aunque la niebla se iba disipando, la lluvia o mejor dicho diluvio seguía insistiendo en fastidiarnos la excursión, aunque estas cosas siempre hay quien se las toma con resignación.

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Resguardados de la lluvia

Llegamos al final del valle como pollos mojados, pues no existe en el mundo chubasquero ni paraguas que pudiera protegernos de la que estaba cayendo. La cámara de fotos se resintió mucho por tanta agua como se le vino encima pero yo no pude resistirme a sacarla cada vez que me era posible.

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Paisaje

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Paisaje

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El río

Si no estoy equivocada, en el poblado Lao Chai fue donde nos paramos a comer. Aunque el trekking en su primer tramo me resultó dificultoso a causa del barro y la lluvia, en su última parte no lo había sido en absoluto, pero igualmente tenía ganas de ponerme a cubierto y descansar de tanta agua. Justo en ese rato dejó de llover y por fin pudimos disfrutar sin paraguas del paisaje que nos rodeaba y de la compañía de las mujeres hmong que nos habían perseguido hasta allí intentando colocarnos sus productos con una insistencia bastante irritante.

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Las guías hmong

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Vendedoras hmong

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Lao Chai

Unas breves explicaciones sobre la forma de vida y costumbres de los hmong antes de seguir la ruta.

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Telar

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Mujer hmong

El final del trayecto fue más de lo mismo, volvió la intensa lluvia pero esta vez los arrozales los teníamos a tocar por lo que no molestaba tanto como al principio, aunque la realidad de la situación es que las mejores vistas ya habían pasado sin poder apreciarlas.

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Lao Chai

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Ta Van

No fueron muchas horas caminando pero acabé bastante harta, más que nada por la desilusión de haber llegado hasta allí y haberme perdido lo mejor del paisaje. Al final pudimos salvar una parte de la excursión, pero en los primeros kilómetros, a la salida de Sapa, pasamos por unos miradores desde los que a buen seguro había, en condiciones atmosféricas favorables, unas vistas espectaculares. Esto sólo me lo imagino porque obviamente no vi nada más que niebla y una procesión de paraguas delante de mí.

Ese día fue bastante mal pero nos fuimos a dormir con la esperanza de que al siguiente la lluvia que nos perseguía desde hacía tres días tuviera a bien parar y nos permitiera hacer alguna otra excursión por nuestra cuenta antes de volver a Lao Cai para coger nuevamente el tren nocturno hacia Hanoi. Algo debimos de hacer mal en la otra vida porque la mañana siguiente amaneció casi peor que la anterior. Con hongos en los pies a causa de toda la humedad que estábamos padeciendo, no nos vimos con ánimos de seguir caminando, pero como tampoco era plan de quedarse sentados en el hall del hotel contratamos un transporte para que nos llevara a unas cataratas. Ya que el agua estaba siendo la culpable del desastre, al menos íbamos a verla en todo su esplendor.

Nos llevaron hasta Thac Tinh Yéu o Cataratas del Amor. Un breve pero resbaladizo y al mismo tiempo solitario paseo desde el coche bordeando el río y llegamos hasta la cascada.

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El río

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Cascada Tinh Yeu

Seguidamente nos paramos en Tách Bac o Cataratas de Plata. Más bonitas que la anterior ya que íbamos subiendo junto a la cascada y pudimos hasta vislumbrar su inicio.

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Tách Bac

Tenía algunos rincones bastante bonitos.

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Puentecillo

Era tanta el agua que caía que una de las escaleras de acceso se había convertido también en una pequeña cascada.

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Escalera-cascada

No más de tres horas llenamos con esta pequeña y obviable excursión. No es que fueran feas las cataratas pero el objetivo del viaje hasta allí era otro muy diferente por lo que se quedaron muy lejos de ser recomendables. Además, lo que tienen este tipo de cascadas (Niágara aparte) es que son idénticas unas de otras estén en el lugar geográfico en el que estén, por lo que era imposible que llegara ni siquiera a sorprenderme. Ni que decir tiene que siguió lloviendo a mares durante toda la visita.

Un paseo por Sapa antes de coger el autobús y, milagrosamente, empezó a despejar cuando ya no nos hacía ninguna falta.

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Lago de Sapa

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Parque de Sapa

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Lago de Sapa

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Casas de Sapa

Acabada la estancia en Sapa, el balance no fue en absoluto positivo dadas las adversas condiciones climatológicas que nos encontramos. Dos noches de tren para llegar hasta allí con el esfuerzo que ello supone y disfrutar durante una hora o a lo sumo dos de un paisaje sin duda espectacular si el tiempo acompaña no es obviamente lo que esperaba de mi paso por este lugar. Aunque éramos conscientes de que estábamos en época de lluvias, también tuvimos mala suerte porque sé que en días previos y posteriores a nuestra estancia hizo un sol radiante.

Enlaces:
Horarios y precios tren Hanoi-Sapa

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Un comentario en “Vietnam – Sapa

  1. Pingback: Vietnam – Datos prácticos | impresionesviajeras

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