París – Sena y Louvre

Contemplar una ciudad surcando las aguas de su río es una experiencia siempre muy recomendable, que en el caso de París pasa a ser absolutamente imprescindible. El Louvre, por su parte, además de ser el museo más visitado del mundo posee una colección tan inigualable como inabarcable en una sola visita.

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Antes de surcar las aguas del Sena nos quedaba todavía una visita pendiente que no habíamos podido hacer a causa de la huelga de dos días antes: subir a las Torres de Nôtre Dame. Por motivos evidentes de logística, aquí tampoco el Paris Museum Pass permite acceso preferente, por lo que tres cuartos de hora antes de que abrieran nos pusimos en la cola, que ya era considerable.

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Cola antes de que abran las Torres de Nôtre Dame

La primera parada (después de la recepción en el primer piso), a 46 metros de altura, es la galería de las quimeras, así llamada por las estatuas de la balaustrada, monstruos fabulosos y, todo hay que decirlo, más feos que picio, realizados en el siglo XIX durante la restauración que tuvo lugar tras los destrozos de la Revolución Francesa.

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Gárgolas

Pese a su fealdad, conforman una de las estampas típicas de París gracias a su privilegiada posición, dominando la parte de la ciudad que mira hacia la Torre Eiffel.

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Contemplando la ciudad

Para admirar la panorámica completa sobre la ciudad hay que subir hasta el campanario y observar los edificios desde los cuatro puntos cardinales. Al oeste, la Isla de la Cité y el Sena que la bordea.

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Isla de la Cité

Al norte destaca la basílica del Sacré-Coeur sobre la colina de Montmarte.

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Montmartre

Por el este, otra bonita imagen del río un poco deslucida a esa hora por culpa de la inoportuna luz.

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El Sena

Y finalmente al sur el abigarrado Barrio Latino, el más bohemio de París.

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Barrio Latino

Como no se alcanzan las alturas de la Torre Eiffel, las vistas desde Nôtre Dame quedan más cercanas y por eso parecen más accesibles, si bien es cierto que la escalera de caracol y sus cuatrocientos peldaños no son aptas para cardíacos.

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Otra vista de París

Otra vez con los pies en el suelo, era el momento de ver la ciudad desde otra perspectiva. Para ello nada mejor que dar un paseo por el Sena con uno de los numerosos barcos que lo recorren. Elegimos las “Vedettes de Pont-Neuf” por su cercanía con el sitio en el que nos encontrábamos, pero hay decenas de compañías que realizan este servicio y algunas incluyen también comida o cena a bordo. Este barco no hace ninguna parada y sale cada tres cuartos de hora desde el Pont-Neuf, da la vuelta un poco más allá de la Torre Eiffel y llega hasta el Puente de Austerlitz rodeando la Isla de la Cité.

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Desde el barco

El buen e inusual tiempo que nos acompañó durante toda nuestra estancia nos permitió dar el paseo en la cubierta, pudiendo de esta manera disfrutar aún más del panorama.

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Puente de Alejandro III

La Torre Eiffel está siempre esplendorosa, incluso en sombras.

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Torre Eiffel

Otro ángulo de la cabecera de Nôtre Dame.

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Nôtre Dame

Una bonita imagen de la Concergierie, o antigua prisión de la ciudad, famosa por tener entre sus huéspedes a María Antonieta y Luis XVI.

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Concergierie

Acabado el paseo fluvial, que si la memoria no me falla duró casi dos horas, nos acercamos hasta Montmartre para satisfacer un capricho cinematográfico: tomar un tentempié en el café de la película Amélie. Si la noche anterior la cena había tenido como escenario una obra pictórica en Le Moulin de la Galette, ahora le tocaba al cine. Ambos están en la misma calle, la Rue Lepic, aunque a bastantes metros y curvas de distancia.

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Rue Lepic

El Café de 2 Moulins es un poco diferente a como sale en la película, por ejemplo el rincón del estanco no existe, aunque desconozco si fue un cambio posterior al rodaje o lo pusieron expresamente para rodar Amélie. En cualquier caso, el bar es perfectamente reconocible por sí mismo y también ayudan mucho los carteles y fotos puestos estratégicamente, así como la pequeña exposición en los servicios con diferentes objetos que aparecen en la película. Si cae por allí algún despistado nunca podrá decir que no sabía dónde estaba.

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Cuadro de la película

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Foto de la protagonista

Por lo demás, el bar estaba bastante lleno y hay que comer un poco apretujados, cosa bastante normal en París gracias a esa tendencia tan autóctona de poner las mesas para liliputienses pegadas unas junto a otras. La comida bastante normal a un precio también normal, es decir que si no fuera por el film sería perfectamente olvidable.

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El café de Amélie

Volvimos hacia el centro para quemar las últimas horas en París en el mayor templo museístico del planeta: el Louvre. Aprovechando que los miércoles cierran a las 21:45 horas, entramos dispuestos a estar hasta que nos echaran, y lo conseguimos, batiendo seguramente algún record de permanencia en un museo, al menos personal.

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El Louvre

Como ya lo habíamos visitado anteriormente y además resulta imposible verlo todo del tirón sin morir en el intento, nos centramos en la parte de las antigüedades (orientales, egipcias, grietas, etruscas y romanas), que aunque dicho así parezca poco nos llevó más de seis horas recorrer deteniéndonos sólo en las obras más significativas.

La audioguía que se alquila en la entrada es de una modernidad tal que cuesta entender su funcionamiento, pues son tantas las combinaciones posibles (mejores obras, recorrido temático, menú a elegir, etc.) que pasa un buen rato hasta que se le coge el tranquillo, de hecho tanto que salí sin conseguirlo del todo. Por otro lado, la colección de antigüedades está situada en diferentes plantas y ocupa una buena parte de los dieciocho kilómetros de galerías con que cuenta el museo, por lo que situarnos y encontrar los puntos de interés no fue sencillo.

Superadas estas dificultades, empezamos por la planta baja con el Próximo Oriente y su época de máximo esplendor, unos cuantos milenios antes de Cristo. Los diferentes pueblos que por aquí pasaron no sólo consiguieron el mayor logro de la humanidad, inventar la escritura, sino que dejaron como legado una elaboración artística memorable: el relieve.

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Estela de la victoria del rey Naram-Sin

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Toro alado asirio

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El rey Sargón

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El Código de Hammurabi

Posteriormente llegaron los persas con sus características creaciones en esmalte vidriado.

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Friso de los arqueros

Las salas dedicadas a Egipto poseen obras de no menos valor que las mesopotámicas.

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Gran Esfinge

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El escriba sentado

El tiempo seguía su curso pese a que en el interior del museo parecía haberse detenido varios siglos atrás.

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Anochece fuera del Louvre

Romanos y griegos ocupan otra enorme extensión dentro del Louvre, con creaciones tan conocidas como la Victoria de Samotracia o la Venus de Milo.

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Venus de Milo

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Victoria de Samotracia

Cráteras, ánforas y otros muchos objetos de uso cotidiano, en perfecto estado de conservación, llenan grandes expositores en la sala griega.

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Crátera con figuras rojas

Interesantísimo repaso a una parte de la historia que tuvo su obligado final con el cierre del museo y con nuestras energías agotadas. Ya era noche cerrada cuando salimos y hora de cenar algo para ir a descansar del palizón museístico.

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La pirámide del Louvre

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Hotel del Louvre

Nada más quedaba por hacer en París salvo las maletas para marcharnos al día siguiente, con otro gran madrugón digno de recordar por un tiempo.

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Al alba

Datos prácticos

Vuelos. Nada más fácil que llegar a París con vuelos baratos, medios y caros, los hay para todos los bolsillos y gustos. Ryanair es una de las compañías más populares con vuelos diarios y que suele salir bastante económica, pero hay que tener en cuenta que el aeropuerto en el que opera está a más de una hora de la ciudad y sólo hay un medio de transporte para llegar a ella que cuesta 17 euros, por lo que al precio del billete de avión hay que añadirle la ida y vuelta en autobús, que para dos personas sale por unos 68 euros. Si se compran por adelantado por Internet hay un pequeño descuento, y sale a 15,90.
Compra de billetes aeropuerto de Beauvois

Hoteles. No descubro nada nuevo si digo que París es una ciudad muy cara. Los hoteles, por supuesto, van en consonancia, así que encontrar uno ajustado de precio y céntrico puede ser una proeza. Como lo primero no lo conseguí, al final nos quedamos en el Villa Mazarin, caro no, lo siguiente, pero perfectamente ubicado al lado del Hotel de Ville, en una zona llena de tiendas, bares y restaurantes, y muy bien comunicado con los lugares a visitar.
Hotel Villa Mazarin

Transporte. Infinitas son las combinaciones para ahorrar en el transporte público, desde tarjetas como la Navigo que salen a cuenta cuantos más días se use hasta los tacos de 10 billetes de metro que permiten algunos transbordos. En este exhaustivo artículo publicado en el foro Los Viajeros se hace una descripción pormenorizada de todos los títulos de transporte así como una comparativa de precios según necesidades.
Transportes en París

Entradas. Salvo alguna excepción como la Torre Eiffel, para la mayoría de monumentos y museos puede usarse la Paris Museum Pass, que además de tener acceso preferente en muchos de ellos, sale más económica que comprando los tiques individualmente. Hay pases de 2, 4 ó 6 días, y se compra o bien en el primer lugar a visitar o bien online, y también en las oficinas de Turismo de Francia de Madrid y Barcelona, pues sólo se activa cuando se usa por primera vez.
París Museum Pass

Visitas. Dejo los enlaces a los lugares visitados para consulta de horarios y precios.
Museo de Orsay
Arco de Triunfo
Torre Eiffel
Nôtre Dame
Versalles
Sainte Chapelle
Vedettes de Pont Neuf
Museo del Louvre

Impresiones viajeras
Aunque no lo parezca sobre el mapa, estos cuatro días en París estuvieron muy cargados de visitas de las cuales algunas, como Versalles, resultaron bastante agotadoras y largas, ocupándonos prácticamente todo un día, por lo que el para mí imprescindible callejeo tuvo que quedar relegado por esta vez, muy a mi pesar. Las pocas horas de luz contribuyeron a querer condensar en poco tiempo muchas cosas; por otro lado, las distancias entre los diferentes lugares pueden engañar pero suelen ser considerables y hay que tenerlas en cuenta a la hora de planificar la estancia, así como las en ocasiones inevitables colas que ralentizan aún más el ritmo de las visitas. Por todo ello, pretender abarcar más de lo visto nos habría conducido a dar un simple vistazo demasiado superficial para mi gusto además de acabar en poco tiempo con nuestras energías.

París no sólo es la ciudad de la luz sino que ha pasado a ser la ciudad de las colas, como he dicho repetidas veces. Incluso para entrar en los servicios públicos había siempre cuatro o cinco personas esperando. Esto no es una novedad, ya era así hace diez años al menos, pero es bueno ir mentalizado e intentar minimizar su efecto adquiriendo todo lo que sea posible por adelantado o comprando la tarjeta que da acceso preferente en algunos monumentos.

Por suerte el buen tiempo, tan inusual a finales de diciembre, nos acompañó durante toda nuestra estancia y la hizo aún más agradable, pues un bonito sol salió todos los días y no tuvimos que recurrir en ningún momento al paraguas. Al mismo tiempo, esto nos permitió no tener que cambiar ni renunciar a ninguna de las visitas previstas.

Para mí, París es una de las ciudades imprescindibles del planeta que hay que ver antes de morir, y cuantas más veces se vaya mejor, ya que no es posible cansarse de ella aunque se visite regularmente. Además, como buena metrópoli está en constante transformación, por lo que seguro que la siguiente vez será diferente a la anterior. Desde luego, es mi preferida sin ningún género de dudas, hecho que he podido comprobar en esta cuarta vez que voy, y en la próxima visita completaré la parte del callejeo que tanto he echado en falta en esta ocasión.

Mapa de París

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2 comentarios en “París – Sena y Louvre

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