Asturias – La costa occidental

El Principado de Asturias posee una riqueza natural inigualable. Tanto el interior montañoso como la costa nos ofrecen deslumbrantes paisajes de bellos contrastes en un territorio relativamente pequeño.

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Una escapada a finales de verano por tierras asturianas siempre es una buena idea, y si además coincide con un tiempo excepcional, tanto por bueno como por insólito, entonces la estancia pasa a convertirse en inolvidable. Así fue para nosotros, cinco días seguidos de sol a mediados de septiembre fueron un regalo inesperado que hicieron aún más agradable la ruta por montañas y playas asturianas y que finalizó en su capital, Oviedo.

Un buen madrugón para tomar el primer avión y así aprovechar todo el día nos permitió estar a las 10 de la mañana ya montados en nuestro coche de alquiler rumbo a la primera pequeña parada, el pueblo de Cudillero, a tan sólo 15 minutos del aeropuerto. Por desgracia, tuvo que ser brevísima y además la mitad del tiempo se nos fue en tomar un desayuno en condiciones que complementara el carísimo, malísimo y escasísimo del aeropuerto de Barcelona, tomado unas cuantas horas antes.

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Cudillero

Una verdadera lástima, porque esta localidad con su característica fachada de colores prometía muchísimo y daba para estarse un buen rato paseando por sus callejuelas, pero lo único que pudimos hacer fue unas cuantas fotos de la bonita plaza con sus coloridas casas y un breve paseo por el puerto viejo de vuelta al coche.

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Plaza de la Marina

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Puerto Viejo

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Puerto Viejo

La razón de tanta prisa venía porque íbamos a acercarnos hasta la Playa de las Catedrales, que aunque geográficamente hablando ya no es Asturias, la escasa hora de carretera que nos separaba hasta allí nos animó a ir a visitarla. Pero de camino, una breve parada en la Playa del Silencio, que pertenece al municipio de Castañeras y a la que se llega por un estrecho camino que, por suerte, sólo es de un sentido.

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Playa del Silencio

Decir que es precioso es quedarse corto. Los acantilados y la estrecha franja playera eran un espectáculo imponente visto desde el camino que no sé si desde abajo se disfruta de la misma manera, porque ni teníamos tiempo para bajar ni tampoco vimos a nadie que lo hiciera. Pero igualmente aunque sólo fue un vistazo rápido valió la pena tomar el desvío para llegar hasta aquí.

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Acantilados

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Pequeños farallones

Ahora sí, retomamos la autovía A-8 para dirigirnos directamente y sin más demoras hasta Ribadeo, en la provincia de Lugo, donde está la Playa de las Catedrales.

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Paya de las Catedrales

El hecho de tener que estar a una hora prefijada se debe a  que sólo se puede caminar por la playa con marea baja, lo cual ya de por sí limita la visita pues esto sólo se produce dos veces al día y por regla general una de ellas es por la noche; además en los meses de verano (de julio a septiembre) es necesario hacer una reserva previa debido a que se quiere restringir el acceso. La verdad es que el aforo es bastante elevado, ahora mismo no recuerdo si rondaba las 3.000 personas, por lo que fue muy fácil encontrar hueco un día laborable de mediados de septiembre; quizás un domingo de agosto ya resulte más complicado. Por otro lado, si no se ha cubierto el cupo con la reserva online también se tiene acceso registrándose allí mismo. Todo esto es gratuito, se trata simplemente de controlar y limitar el número de personas para proteger este entorno natural.

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Cueva

Con la calma y la marea baja nos recorrimos toda la playa para admirar la labor que el mar ha venido realizando sin descanso desde hace milenios.

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Arco

Grandes artistas son el agua y el viento trabajando al unísono, que han conseguido esculpir en estas rocas de pizarra auténticas obras maestras de estilo gótico.

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Como arbotantes de una catedral

Si preciosos son los arcos, meterse en las cuevas para observar el paisaje desde dentro nos regala siluetas en las que, con un poco de imaginación, se pueden apreciar algunas caricaturescas formas humanas.

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Señor de nariz puntiaguda

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Señora con peineta

El paseo por debajo de los arcos, algunos de los cuales pueden alcanzar los 30 metros, permite observar con detalle los efectos de la erosión.

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Efectos de la erosión

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Roca de pizarra

Playas bonitas hay muchas en el mundo, eso seguro, pero que puedan compararse con ésta creo que ya no son tantas, de hecho para mi gusto personal es la mejor que he visto nunca.

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Marea baja

Tras este recorrido por la arena, yendo con cuidado de no mojarse porque aunque sea hora de bajamar el agua empieza a subir con mucha rapidez, hicimos el mismo trayecto por la parte superior, recorriendo los acantilados para ver el mismo paisaje pero desde otro ángulo.

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La playa desde arriba

No sabría decir si me gustó más de cerca o en la distancia, pero desde luego es absolutamente recomendable complementar ambos paseos sin temer que resulten repetitivos.

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Desde el acantilado

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Mirador

Seguramente lo mejor habría sido pisar la arena con la bajamar y luego ver el espectáculo desde arriba con la marea alta, pero para ello hay que disponer de varias horas para pasarlas allí esperando a que el mar cumpla su ciclo diario. Sea como fuere, el panorama desde los miradores es igualmente impactante, sobre todo porque las nubecillas que nos habían acompañado durante todo ese rato se fueron deshaciendo y dejaron pasar algunos rayos de sol.

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Último vistazo a la playa

Tras casi dos horas recorriendo arriba y abajo la playa decidimos dar por concluida la visita y volver sobre nuestros pasos hasta Avilés, donde nos esperaba una amiga con la que habíamos quedado para tomar unos vinos que se prolongaron hasta la hora de la cena. Me sorprendió gratamente su centro histórico, más interesante de lo que me esperaba.

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Avilés

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Avilés

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Avilés

Tras una deliciosa cena con productos típicos asturianos, regada cómo no por una buena sidra y en agradable compañía, pusimos rumbo a Cangas de Onís para estar lo más cerca posible de Covadonga, la visita más importante del día siguiente.

Una jornada de mucho tute kilométrico y un tanto coja en cuanto a exploración de esta parte del litoral asturiano, que tiene muchos más rincones costeros merecedores de una atenta visita, pero mi ilusión por visitar la Playa de las Catedrales, ya en territorio gallego, nos impidió dedicarle más tiempo al resto. No me arrepiento de haberlo hecho así porque me pareció uno de los parajes más extraordinarios que he visto.

Enlaces:

Tabla de Mareas de Ribadeo

Reserva en la Playa de las Catedrales

Mapa de la primera ruta asturiana

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