Asturias – Lagos de Covadonga

Probablemente el paisaje de montaña más conocido de Asturias sea el Parque Nacional de los Picos de Europa y, dentro de éste, la zona de los Lagos de Covadonga representan su imagen más emblemática.

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Antes de emprender la excursión hacia los Lagos de Covadonga dimos un pequeño paseo por Cangas de Onís para ver su puente romano, que aunque tiene este nombre por lo visto se construyó en el siglo XIV.

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Puente romano

Al lado del hotel, la capilla de la Santa Cruz, un monumento prerrománico del siglo VIII.

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Iglesia de la Santa Cruz

Fue muy breve la visita pero ya teníamos que ir hacia los lagos para no llegar demasiado tarde y poder hacer el recorrido previsto durante la mañana. Pero antes, parada obligatoria en la basílica de Covadonga, moderna iglesia acabada ya en el siglo XX.

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Basílica de Covadonga

Pudimos aparcar de milagro porque empezaba a llegar una multitud cuyo objetivo era asistir a una celebración de la Guardia Real, cuerpo militar del que jamás había oído hablar (aunque en mi caso tampoco es extraño) y que en pocos minutos convirtió el recinto en inaccesible, por lo que decidimos irnos para no molestar en la entrega de ofrendas a la estatua de Don Pelayo, si no entendí mal el motivo de la reunión.

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Guardia Real

A la cueva tampoco nos atrevimos a acercarnos cuando vimos una novia yendo hacia allí, y fieles a nuestra línea de no molestar a nadie cogimos definitivamente la carretera para subir hasta los lagos. Aunque es cierto que la subida es muy pronunciada y tiene bastantes curvas, los doce kilómetros que hay hasta llegar al aparcamiento se recorren con bastante facilidad. Y si se nos hacen muy pesados siempre podemos pararnos en algún mirador y empezar a disfrutar ya del verde paisaje que nos rodea.

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Picos de Europa

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Descansando en la zona de picnic

En épocas de mucha afluencia como el verano está prohibido acceder en vehículo privado hasta los lagos y se habilitan autobuses desde la basílica o incluso creo que desde Cangas de Onís. Pero el resto del año no hay restricción alguna y hasta aparcar resulta facilísimo pues hay varios espacios acondicionados para ello.

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Carretera a los lagos

Una vez con el coche en reposo empezó la excursión a pie, la más fácil y accesible de los centenares de rutas senderistas que es posible hacer en los Lagos de Covadonga, con una primera parada en el Centro de Visitantes en donde nos proporcionaron un pequeño mapa y algunas indicaciones. Desde aquí, un desvío nos llevó hasta el Mirador del Príncipe, que tiene unas vistas sublimes del valle a nuestros pies, si no me equivoco los Llanos de Comeya.

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Mirador del Príncipe

La mañana tan soleada le añadió aún más encanto al paisaje.

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En ruta

Siguiendo el camino pasamos por Buferrera, antigua explotación minera que fue abandonada definitivamente en 1979, tras cien años de actividad, al ser incompatible con la declaración de Parque Natural y su consiguiente estatus de zona protegida.

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Minas de Buferrera

La mano del hombre dejó con su trabajo un boquete de salientes puntiagudos en formación, abrupto escenario en medio de un sereno paisaje.

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Consecuencias de la explotación minera

Por el mismo sendero, a poco más de doscientos metros ya se divisa uno de los dos lagos que forman el conjunto de Covadonga, el de La Ercina.

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Lago La Ercina

Más pequeño que su hermano y con el mismo origen glaciar ambos, es el espejo perfecto para las montañas que le hacen compañía y el lugar ideal para que beban las vacas que campan a sus anchas por toda la zona.

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Un espejo para las montañas

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Vacas bebiendo

En el camino entre los dos lagos está el Mirador de la Picota, desde los que se ven ambos  en una visión panorámica.

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Lago la Ercina

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Lago Enol

En el Lago Enol se completa el circuito pues es el que está más próximo a la carretera y al aparcamiento. Rodeado de un prado verdísimo y de tres picos de más de 1000 metros, proporciona la imagen que más se asocia con Asturias.

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Lago Enol

Un paseo de apenas tres kilómetros que no requiere de ningún tipo de preparación física pues no puede ser más fácil. No es de extrañar que sea un lugar tan popular ya que su accesibilidad la hace apta para todos los públicos y permite al mismo tiempo disfrutar de un paisaje de montaña fabuloso. Es un placer visual de principio a fin.

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Lago Enol

Aunque tres kilómetros se recorren en un santiamén, es fácil entretenerse a cada paso en un entorno semejante, por lo que se nos fue la mañana entre lagos. Sin tiempo siquiera para comer nos dirigimos hacia Ribadesella, donde teníamos reservada entrada para la cueva de Tito Bustillo, un extraordinario lugar en el que se conservan pinturas rupestres paleolíticas y que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 2008. El número de visitas por pase está restringido, por lo que es preciso reservar previamente en la franja horaria que interese. También es recomendable ir bien abrigado y con calzado adecuado aunque sea verano ya que en el interior de la cueva la temperatura baja considerablemente y hay mucha humedad.

La cueva es una red de túneles a cual más oscuro y repleto de estalactitas y estalagmitas, formaciones que siempre despiertan la imaginación pero que son propias de vías subterráneas, más teniendo en cuenta que por aquí pasa el cauce de un río, el responsable tanto de las cuevas como de las columnas calcáreas. Lástima no poder hacer fotos porque las había realmente extraordinarias.

Lógicamente, la visita se hace con la compañía de un guía que con sus interesantes explicaciones nos dio una auténtica lección sobre nuestros antepasados, los magdalenienses, que hace 15.000 años aproximadamente quisieron expresar con su arte no se sabe con exactitud el qué, pero sea lo que fuere ello ha perdurado hasta nosotros en las paredes de esta cueva (y de otras repartidas por toda la cornisa cantábrica). El guía resulta fundamental para poder observar las pinturas, ya que entre la oscuridad y la posición de éstas sería imposible para un neófito distinguir nada. De esta forma se completó mi primera aproximación a la pintura rupestre, que me pareció realmente interesante, más por lo que representa que por su belleza propiamente dicha, así que no puedo hacer otra cosa que recomendar la visita a tan excepcional lugar.

Rumbo hacia Llanes, donde dormiríamos esa noche, nos desviamos hacia los Bufones de Pría, al lado de la playa de Guadamía. Los bufones son chimeneas que se forman en los acantilados y están conectados con el mar, provocando éste, cuando está revuelto, que el agua salga disparada como si de un geyser se tratara. El buen tiempo que estaba haciendo ya nos hizo suponer que no podríamos asistir a este espectáculo, como así fue, pero sí conseguimos al menos oír el silbido producido por el viento.

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Bufón

Aunque nos perdimos a los bufones en acción, un paseo por los acantilados siempre se agradece.

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Acantilados de Pría

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Acantilados de Pría

Aún faltaba otro desvío antes de llegar a Llanes: la playa de Gulpiyuri, que tiene un nombre tan curioso como su ubicación, pues se trata de una playa interior que recibe su agua salada del mar que está a cien metros, detrás de los acantilados. No era ni hora ni tiempo de baños pero el paseo hasta aquí mereció la pena.

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Playa de Gulpiyuri

Por fin en Llanes, nos costó lo nuestro llegar hasta el hotel a causa de una procesión que había obligado a cortar todo el tráfico del centro. Dando más vueltas que un molino por fin conseguimos dejar el coche aparcado, y para cuando pudimos aposentarnos en la habitación y salir a dar una vuelta por el pueblo la tarde ya estaba acabando y el paseo quedó finalmente muy limitado.

Sin entretenernos, fuimos directamente hacia los Cubos de la Memoria, que sostienen el espigón del puerto y han sido pintados por tres de sus caras.

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Cubos de la Memoria

Admito que su significado se me escapa, pero seguro que alguno tendrá, aunque lo cierto es que se ha conseguido con esto dar color y vida a un espacio que por regla general suele ser gris y muerto. Quizás sea éste su sentido.

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Cubos de la Memoria y Llanes

Seguro que desde el Mirador de San Pedro se tienen unas vistas inigualables de la Playa del Sablón y del puerto, pero ya no eran horas de acercarse hasta allí.

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Mirador de San Pedro

A cambio, dimos un pequeño paseo por el puerto pesquero y por el deportivo antes de buscar un sitio donde cenar y dar por finalizada la jornada.

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Puerto pesquero

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Puerto deportivo

Me supo a poco esta pequeña incursión en Llanes, un pueblo que me pareció encantador y en el que me habría apetecido quedarme un buen rato más, pero lo apretado del plan de viaje y los imponderables del tipo procesión, que nos hizo perder muchísimo tiempo, no nos permitieron más que echarle un breve vistazo.

La jornada resultó completísima en cuanto a variedad de lugares visitados y, sobre todo, muy satisfactoria porque todo lo que hicimos resultó de nuestro agrado, destacando por encima del resto la excursión por los Lagos de Covadonga y la interesantísima visita a la cueva de Tito Bustillo.

Enlaces:
Reserva de entradas en Tito Bustillo

Mapa de la segunda ruta asturiana

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2 comentarios en “Asturias – Lagos de Covadonga

  1. Pingback: Asturias – Somiedo | impresionesviajeras

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