Marruecos – Marrakech (II)

Aparte de su famoso zoco y la adyacente plaza Jemaa el-Fna, Marrakech también cuenta con algunos lugares merecedores de una visita, casi puede decirse que ineludibles, como son las tumbas sadíes y el jardín Majorelle.

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Aunque lo lógico hubiera sido entrar en las tumbas sadíes el mismo día que visitamos el Palais Bahia, pues ambos lugares se encuentran relativamente cercanos, lo distribuimos así porque el plan de visitas no estaba demasiado apretado y preferimos espaciarlo para dedicarle más tiempo al callejeo.

Las tumbas sadíes es el lugar en el que están enterrados los dirigentes de esta dinastía procedente del valle del Draa que controlaron el poder entre los siglos XVI y XVII e hicieron de Marrakech su capital. Estos mausoleos, olvidados durante años, son un perfecto ejemplo de la arquitectura marroquí de su época.

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Tumba sadí

Entre el mármol utilizado para su construcción y las filigranas decorativas que incluyen mocárabes, alicatados y estucados, el conjunto resulta especialmente atractivo, aunque, como ya nos había pasado bastantes veces en este viaje, la visita fue especialmente corta dadas las reducidas dimensiones del lugar en cuestión.

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Tumba sadí

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Tumba sadí

Dimos por concluida esta breve visita y nos dirigimos hacia el Jardín Majorelle, casi en el otro extremo del centro turístico y fuera ya de las murallas que rodean la medina. Un largo paseo amenizado por el ruido del tráfico, los vendedores ambulantes y uno de los tantos mercados al aire libre que abundan en Marrakech.

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Calle de Marrakech

Jacques Majorelle, que da nombre a este lugar, fue un pintor francés que residió en Marrakech durante varios años y se construyó una villa con su jardín, abierto al público desde 1947. Posteriormente Yves Saint-Laurent la compró, restauró el jardín y abrió un museo bereber.

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Entrada dal Jardín Majorelle

El jardín es como un oasis dentro de la ciudad nueva, una zona que no destaca precisamente por su atractivo. Las palmeras, los cactus, las cañas de bambú, el estanque y sus nenúfares conforman un espacio de lo más idílico para relajarse durante un buen rato.

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Familia de cactus

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Nenúfares

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Estanque

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Cañas de bambú

El verde de las plantas contrasta con el  azul intenso con el que está pintado el museo y otros elementos decorativos del jardín, formando un juego de colores realmente espectacular.

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Museo bereber

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Fuente

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Acequia

En un extremo del jardín, una columna sirve de homenaje al modisto Yves Saint-Laurent, muerto en el año 2008.

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Memorial Yves Saint-Laurent

El jardín Majorelle es un lugar único y totalmente recomendable para visitar aunque tampoco es excesivamente grande. Eso sí, el precio es acorde con las tarifas occidentales, pues la entrada cuesta unos 7 euros, exageradamente caro a mi modo de ver  si  lo comparamos con el resto de visitas, por las que no pagamos más de 1 euro. Valorando lo que es y donde está me pareció un precio abusivo.

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Jardín Majorelle

Tras comer en un restaurante que nos salió al paso en esta misma zona, y con el plan turístico ya completado, dedicamos el resto de la tarde a descansar y coger fuerzas para encarar la excursión al desierto que empezaría al día siguiente y, cómo no, a perdernos nuevamente por el zoco sin más rumbo que seguir nuestros pasos. Parada obligatoria, por supuesto, en la plaza Jemaa el-Fna que por la tarde empieza a entrar en ebullición. Esta vez nos sirvió de distracción un curioso juego consistente en “pescar” una botella con una arandela situada al final de un artilugio similar a una caña. No parece fácil, más bien todo lo contrario, y de hecho en las diferentes veces que pasamos no vimos que nadie lo consiguiera.

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Pesca de la botella

Dos días en Marrakech con un plan de visitas bastante relajado, contrariamente a lo que tenemos por costumbre, nos permitieron tomarnos nuestros ratos de descanso y dedicarnos a callejear y observar la vida en esta ciudad que tanta fascinación despierta en muchos europeos. Personalmente, me gustó más que Fez pero tampoco caí rendida ante sus encantos. Seguramente los tiene pero no los supe encontrar.

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Calle de la medina

El riad donde nos alojamos en Marrakech, y en el que repetimos cuando volvimos del desierto para pasar nuestra última noche en Marruecos, pese a ser más sencillo y barato que el de Fez resultó todo un acierto pues estaba perfectamente ubicado, a cinco minutos de la plaza Jemaa el-Fna. Su patio interior era una monada y las habitaciones sin lujos pero correctas.

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Riad Basma

Enlaces:

Riad Basma en Tripadvisor

 Mapa de Marrakech (II)

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