Marruecos – Merzouga

Merzouga es la puerta de entrada a las dunas de Erg Chebbi,  precioso mar de arena que era el destino principal de la excursión iniciada el día anterior en Marrakech.

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Pero antes de llegar hasta las dunas nos esperaba un buen recorrido por carretera desde Boulmane du Dadès, donde vimos amanecer. Aunque la ciudad me pareció igual de fea que la noche anterior, su entorno me sorprendió con las primeras luces del día.

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Boulmane du Dadès

Nos desviamos hacia la izquierda para ir a visitar la Garganta del Dadès, no sin antes hacer una parada para contemplar otra aldea bereber desde un mirador en la carretera.

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Aldea bereber

Un poco más adelante, aunque no puedo precisar con exactitud dónde, Zaid nos dejó con un simpático lugareño cuyo nombre lamento no recordar y que nos hizo de guía por un rato. Nos enseñó su pueblo desde una colina, con las casas de adobe en el horizonte,  confundiéndose con la falda de la montaña, el frondoso palmeral y las ordenadas tierras de cultivo a nuestros pies.

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Pueblo en la Garganta de Dadès

También nos llevó hasta su casa, donde por supuesto nos ofreció un té a la menta que no pudimos rechazar, pues por lo visto resulta de muy mala educación. Entre risas y charla, cómo no, empezó a sacar toda una colección de alfombras, a cual más bonita, hechas por una cooperativa de mujeres del lugar.

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Sirviendo té

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Cardando lana

Difícil resistirse ante tal despliegue de amabilidad mezclada con una habilitad natural para los negocios.  Por supuesto, salimos de su casa cargados con una preciosa alfombra vegetal, aunque nuestra última idea al entrar en ella era comprar una. Se nota que los árabes fueron los inventores del comercio.

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Descansando

A apenas cinco minutos de distancia Zaid nos dejó para que recorriéramos a pie un tramo del desfiladero, que en este punto es especialmente estrecho. Unas impresionantes paredes rocosas encierran el curso del río Dadès y a nosotros con él.

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Garganta del Dadès

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Garganta del Dadès

Retomamos la carretera que nos tenía que conducir hasta Merzouga pasando por diferentes kasbas y aldeas de adobe.

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Ruta hacia Merzouga

Durante muchos kilómetros nos acompañó la soledad más absoluta: ni un coche, ni una casa, ni un poblado, nada de nada a nuestro alrededor, salvo un paisaje cada vez más árido pero espectacular.

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Paisaje

Tras una breve parada para comer seguimos ruta. El entorno ya anunciaba que nos estábamos acercando al desierto.

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Pozos de agua

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Carretera hacia el desierto

En las proximidades de Merzouga, una pista de grava por la que nos adentramos un momento formaba un bonito contraste con las dunas que se divisaban al fondo.

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Dunas

Un camino de palmeras nos dio la bienvenida a Merzouga y fuimos derechitos al hotel al que pertenece el campamento donde pasamos esa noche. Desde aquí las vistas ya eran extraordinarias, con la luz del atardecer tiñendo de  dorado la duna.

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Palmeras en la arena

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Las dunas desde el hotel

Llegamos a nuestro destino final, el campamento situado al pie de las dunas, a tiempo para ver la puesta de sol desde una de ellas.

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Campamento

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Campamento

Lo lógico, porque lo hace le 99,9% de los visitantes de esta zona, es ir hasta las dunas y/o el campamento en dromedario. Nosotros no, nos llevaron hasta la jaima en coche y desde allí caminata hasta la duna, ya que soy totalmente contraria al uso de cualquier animal para fines turísticos, y el paseo en dromedario no iba a ser la excepción. Puedo comprender que se utilizaran cuando no existía otro medio de transporte, pero hoy en día hay sistemas alternativos perfectamente válidos. No obstante, debo reconocer que la caravana que nos pasó por delante era impactante y muy fotogénica, pero me habría gustado más sin gente encima.

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Caravana

Una vez en la cima, rodeados por un mar de arena, estuvimos un buen rato contemplando cómo se ponía el sol por detrás de las dunas. El juego de luces y sombras siempre cambiante resultó espectacular.

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Sol y sombra

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Puesta de sol

Más allá de las dunas el paisaje también era precioso e iba cambiando de color a medida que se iba poniendo el sol.

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Desde las dunas

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Desde las dunas

Nuestras huellas duraron bien poco, el viento las borró en un instante.

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Huellas

Volvimos a nuestra jaima para esperar la hora de la cena mientras tomábamos un té. La agencia con la que hacíamos la ruta, Viajes Marruecos 4×4, nos ofreció pasar la noche en una jaima con baño privado en lugar de dormir en el campamento con el resto de turistas. Obviamente, pese a que estábamos solos, no podíamos rechazar tan generosa oferta, y aprovechamos la soledad y el silencio del desierto para relajarnos a gusto.

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Las jaimas

Un animado espectáculo de música y baile  bereberes nos amenizó la velada tras la cena.

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Espectáculo bereber

El broche final de esta intensa jornada fue un cielo lleno de estrellas, como no lo he visto en mi vida, del que pudimos disfrutar plenamente cuando se apagaron todas las luces  gracias a que la luna todavía no había hecho acto de presencia.

Enlaces:

Viajes Marruecos 4×4

Mapa de Marruecos (II)

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2 comentarios en “Marruecos – Merzouga

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