Terres de l’Ebre – El delta

El río Ebro forma poco antes de mezclarse con el mar Mediterráneo un delta que fue declarado Parque Natural por su riqueza ecológica. Es el humedal más extenso de Catalunya y hábitat de numerosas especies acuáticas.

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En la segunda jornada dedicada a conocer los últimos kilómetros del Ebro  recorrimos la zona del delta hasta el punto en que el agua dulce del río se convierte en  agua salada del mar. Fuimos de punta a punta, desde la del Fangar hasta la de la Banya, pasando por extensos arrozales, desérticas playas y lagunas llenas de vida acuática.

Una primera parada en la laguna Bassa de les Olles, a pocos kilómetros del municipio de L’Ampolla, para empezar a avistar aves y familiarizarnos con el paisaje característico de la zona que nos iba a acompañar durante todo el día. No fue un inicio memorable, la verdad sea dicha.

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Bassa de les Olles

Seguimos en dirección a la Punta del Fangar por los caminos que cruzan los arrozales, el paisaje que predomina en el delta. Extensiones de un precioso verde en la lejanía que de cerca desaparece por el agua que los inunda de forma permanente. Es el cultivo del arroz, que necesita estar siempre en remojo para que crezca la cosecha.

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Arrozales

Entre arrozal y arrozal, el agua que alimenta los campos.

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Lago

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Acequia

Continuamos el camino rodeados de verde y, en algunos puntos, con campos totalmente anegados, no sé si el arroz todavía no ha brotado o la cosecha se ha perdido.

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Verdes campos

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Campos anegados

De vez en cuando, alguna casa de labranza rompe el uniforme paisaje dándole un poco  de vida al entorno.

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Solitaria casa

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Otra solitaria casa

La Punta del Fangar es una inacabable lengua de arena que se adentra en el mar paralela a tierra firme formando un pequeño golfo. Recorrimos sólo una minúscula parte de esta playa prácticamente desierta.

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Punta del Fangar

Desde el pueblo de Deltebre salen cruceros que recorren el río hasta el mar. Nosotros lo cogimos más abajo, casi frente a la Isla de Buda, zona de gran riqueza biológica y acceso restringido que sólo puede observarse desde lejos. Los tres cuartos de hora que duró el tramo que hicimos me parecieron más que suficientes pues como ya me esperaba el paisaje me resultó aburrido. Las divertidas explicaciones del capitán salvaron un poco la excursión pero con todo y con eso no le encontré mucho atractivo al entorno.

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El río se mezcla con el mar

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Isla de Buda

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Solitaria barca

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Mirador

Si algo hay por aquí son restaurantes especializados en preparar todo tipo de arroces. Para no perdernos en esta maraña gastronómica fuimos directamente a  Cal Faiges, en Poblenou del Delta, tras leer muy buenas críticas sobre él. Por suerte sólo somos dos y normalmente cabemos en cualquier rincón, porque tanto éste como los de alrededor estaban abarrotados de gente. El arroz caldoso de gambas que pedimos estaba buenísimo, de matrícula de honor, por lo que salimos totalmente satisfechos de haber elegido tanto el plato como el restaurante. Pero como digo, hay muchísimos en cualquiera de los pueblos del delta y seguro que igual de buenos que éste a juzgar por la numerosa clientela.

Y tras esta comilona nada mejor que dar un paseo para hacer la digestión. A pocos kilómetros de Poblenou está la laguna de La Tancada, el lugar elegido por la mayoría de flamencos para vivir. El paseo para llegar hasta uno de los miradores estuvo de lo más entretenido a causa de las nubes de mosquitos tan ansiosos por picarnos como nosotros por ahuyentarlos: alguno lo consiguió pese al repelente; y el paisaje que nos rodeaba era igual al que ya habíamos visto repetidas veces: cultivos de arroz inundados de agua, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que  el delta  es la primera zona productora  de arroz de Catalunya y la cuarta de España.

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Más cultivos de arroz

Ocultos en el mirador estuvimos un buen rato avistando las aves y asistiendo a un jolgorio permanente de gritos acompañado de un frenético despegar y aterrizar. Otros parecía que dormían la siesta, pero en general la laguna estaba rebosante de vida y movimiento. En la lejanía se veían unos cuantos flamencos pero es imprescindible llevar prismáticos para poder observarlos bien. Obviamente que La Tancada es su hábitat ideal lo leí porque no tuve tiempo de ir a sus otras casas para comprobarlo ni es algo que sea evidente para un neófito.

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La Tancada

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Haciendo la siesta

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Volando voy

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Tres flamencos

Bastante lejos había una colonia más grande que en la distancia parecían gaviotas alzando el vuelo pero eran flamencos con el plumaje todavía blanco o en vías de ser rosa, es decir subadultos que aún no han comido suficientes crustáceos para que les cambie el color, pues en realidad es la alimentación la responsable de la metamorfosis cromática de estas aves. En pocas palabras, nacen blancos y mueren de un rosa intenso que cuanto más oscuro mejor porque más sanos están.

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Colonia de flamencos

Tras un buen rato agazapados sin hacer ruido para no molestar a las aves volvimos al punto de inicio. Rodear la laguna habría sido un plan magnífico pero impensable en ese momento pues no habíamos recorrido ni una cuarta parte y aún queríamos acercarnos hasta la Punta de la Banya.

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Desde el mirador

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Zona de La Tancada

Por el mismo camino que antes, totalmente plano salvo algún que otro puentecillo, no tuvimos más compañía que algunas aves que vinieron a despedirse de nosotros, pero los intentos por plasmar tan emotivo momento no dieron el resultado deseado.

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Camino de vuelta

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Despedida

Nuestro siguiente destino estaba en el extremo inferior del delta y guarda una gran similitud con el superior no sólo en el nombre, pues ambas zonas se llaman Puntas (del Fangar la del norte y de la Banya la del sur). El camino para llegar a ésta última es bastante más estrecho y largo, y la península mucho más ancha que la de su hermana, pero tienen en común que marcan los límites del delta y además parece que lo estén abrazando y protegiendo. Llegamos hasta aquí atraídos una vez más por las aves, pues se trata de una importante zona de cría, y efectivamente las había por miles en plena ebullición.  Una vez más, los prismáticos son imprescindibles para no perderse ni un detalle de este espectáculo en vivo.

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Punta de la Banya

La noche se iba acercando y con ella el fin de nuestra ruta por el Delta del Ebro, un paraíso ecológico indiscutible pero con un paisaje que a mí al final se me hizo un poco pesado de tan monótono. Lo mejor, sin duda, el rato que estuvimos en la laguna de La Tancada observando el constante ir y venir de los pájaros en su hábitat, un humedal que además de precioso es un gran supermercado donde los animales pueden vivir con total tranquilidad .

Enlaces:

Cruceros por el Delta del Ebro

Restaurante Cal Faiges

Ruta por el Delta del Ebro

 

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Un comentario en “Terres de l’Ebre – El delta

  1. Pingback: Terres de l’Ebre – Tortosa | postalesdelmundo

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