Terres de l’Ebre – Tortosa

A ambos lados del río Ebro se alza  Tortosa, la ciudad más grande de la zona y también capital de la comarca del Baix Ebre, cuya historia se remonta hasta la época romana en que fue fundada, convirtiéndose siglos más tarde en la frontera de Al-Andalus en el norte de la Península Ibérica.

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A la última jornada de la escapada quise darle  un aire cultural y por eso dedicamos las últimas horas  a visitar lo que  fue el centro neurálgico de nuestra estancia pues en esta ciudad pernoctamos las dos noches. Lo primero, fuimos a comprar la Tortosa Card, una tarjeta que cuesta siete euros y da derecho a entrar gratuitamente a seis lugares. Sólo íbamos a visitar tres de ellos, pero dado que cada uno cuesta tres euros, pudimos ahorrar cuatro. No es que vayamos a salir de pobres, pero ya que existe no íbamos a desaprovecharla.

A unos cinco minutos andando desde donde compramos la Tortosa Card, la oficina de información turística que era antiguamente un matadero, están los Jardines del Príncipe, que recibe este nombre porque fueron inaugurados por el que entonces era el Príncipe de Asturias y actualmente rey. Situados en lo que desde finales del siglo XIX hasta el primer cuarto del XX era el Balneario Porcar, un complejo terapéutico de aguas medicinales propiedad de Manuel Porcar, tortosino que fue alcalde de Barcelona, el recinto albergaba además un teatro y un casino. Es decir, en este lugar se  concentraba la flor y nata de la sociedad tortosina de la época. Pero todo llega a su fin, y tras su cierre el balneario pasó por diferentes manos hasta que el Ayuntamiento de Tortosa adquirió el complejo y en estos jardines románticos instaló un museo de esculturas de Santiago de Santiago.

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Jardines del Príncipe

Veinticuatro son las esculturas que componen este museo al aire libre que le dan algo de sentido a los jardines y explican que se tenga que pagar por entrar. La más impactante de las estatuas es un monolito de mármol negro de 7,5 metros de altura que representa una abigarrada columna de personas, las pasiones de la humanidad según el folleto.

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Estatua central

Desde los jardines también se puede recorrer una parte de la muralla medieval que queda en pie. Desde aquí se tienen unas buenas vistas del castillo de la Suda, nuestro siguiente objetivo, y del jardín propiamente dicho.

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La Suda

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Los jardines

Un empinadísimo camino nos condujo hasta el Castillo, actualmente Parador Nacional y antiguamente alcazaba andalusí. Como siempre, estas destacadas posiciones defensivas nos regalan hoy en día las mejores perspectivas de los alrededores en los que se alzaron. Recorrer la muralla de la Suda significa contemplar en todo su esplendor la ciudad dividida por el río y enmarcada por las montañas dels Ports.

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Catedral

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El río, la ciudad y la montaña

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Recinto defensivo

En las pequeñas ciudades con un centro histórico tan compacto como el de Tortosa los lugares visitables siempre quedan a tiro de piedra,  por lo que en menos de cinco minutos ya estábamos entrando en los Reales Colegios después de abandonar el castillo de la Suda. Dividido en dos espacios, por un lado la iglesia y por otro el colegio de Sant Jaume y Sant Matias, se accede por la primera que ya no hace las funciones de lugar de culto sino que acoge actos institucionales tras albergar en el pasado el archivo de la ciudad. Un espacio totalmente desnudo presidido por un valioso armario en lo que era el presbiterio y en el que nos ofrecieron tres audiovisuales sobre la historia de la ciudad y la Fiesta del Renacimiento, que se celebra todos los años  en el mes de julio. Seguidamente nos abrieron el Colegio que es donde realmente se encuentra el atractivo del lugar, un patio interior renacentista rodeado por un friso con los bustos y escudos de los reyes de la Corona de Aragón. Muy bonito e interesante pero difícil de captar con la cámara en la posición en la que me encontraba, y ahora no recuerdo el motivo pero no se podía subir a la primera planta desde donde a buen seguro las fotos habrían quedado mucho mejor.

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Los Reales Colegios

Debo decir que tanto en los Jardines como en los Reales Colegios hicimos la visita totalmente solos, a diferencia de lo que ocurrió en la Catedral de Santa María, que estaba algo más animada aunque tampoco excesivamente para ser un domingo por la mañana.

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Catedral de Santa María

Su fachada inacabada está pidiendo a gritos una profunda labor de limpieza, evidente incluso desde la otra orilla del río, pero con todo y con eso se ve un edificio imponente.

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Fachada principal de la Catedral

Adosada al templo se encuentra la Canónica, el lugar en el que vivían los canónigos y en la que ahora hay una exposición permanente de objetos relacionados con la construcción de la Catedral y con restos del edificio romano que ésta ocupó. Un interesante recorrido histórico que culmina en el dormitorio de los canónigos y en el que hay una sillería de coro que me dejó impresionadísima ya que al no estar ubicado en el espacio para el que fue concebido parece descomunal. También me gustó mucho  el refectorio, bien iluminado y en perfecto estado de conservación.

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Refectorio

Desde aquí se accede a la Catedral por el claustro, ejemplo de sencillez cisterciense  carente por completo de cualquier adorno en sus capiteles.

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Claustro

El interior del templo, de estilo barroco, parece extremadamente sencillo si se compara con la capilla dedicada a la Virgen de la Cinta, que al ser la patrona de la ciudad posee todos los elementos decorativos que le faltan al resto de la Catedral. Un barroco excesivo y recargado que no deja ni un espacio libre, como por otra parte suele ser característico de este estilo arquitectónico. Se conoce que en esta capilla lo dieron todo y ya no les quedó nada para lo demás.

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Capilla de la Virgen de Cinta

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Cúpula de la capilla

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Nave central de la Catedral

Se acercaba el momento de acabar la escapada pero antes hice unas fotos  desde la otra orilla del río, donde nos encontramos con un monumento de la época franquista que fue protagonista de un referéndum pocos días antes de nuestra llegada. Por lo visto, ganó la opción de mantenerlo y reinterpretarlo frente a la de retirarlo y museizarlo. Sin entrar en estas cuestiones, a mí me pareció un rato feo.

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La Suda desde el río

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Monumento a la Batalla del Ebro

Nada mejor que otra buena comida para poner la guinda a  la escapada. Fuimos hasta L’Ampolla y a la aventura entramos en el primer chiringuito que nos salió al encuentro, el restaurante La Barraca, donde disfrutamos de una deliciosa fideuá. Ni que sea sólo por la comida, ya valió la pena el viaje.

Enlaces:

Hotel Berenguer IV de Tortosa

Información sobre la Tortosa Card

Los Jardines del Príncipe

Los Reales Colegios

La Catedral de Santa María

Opiniones del restaurante La Barraca en Tripadvisor

Ruta por Tortosa

 

ImpresionesViajeras

Estos tres días de escapada tuvieron como hilo conductor el río Ebro pero al mismo tiempo con visitas a lugares bien diferenciados entre sí. La planificación se hizo con la clara intención de que resultara lo más variada posible, mezclando naturaleza y cultura a partes casi iguales, y huyendo de las prisas y el estrés.

El recorrido por los pueblos de interior de la primera etapa estuvo acompañado casi en todo momento por un paisaje espectacular y tuvo su punto culminante con la visita al castillo de Miravet, una auténtica joya gracias a su perfecta ubicación.

La segunda etapa por el Delta del Ebro me pareció más floja. Es incuestionable su gran valor ecológico pero en líneas generales se me hizo bastante monótono el entorno natural. No obstante, hay que reconocer también que es el paraíso del ornitólogo, un lugar ideal para disfrutar durante horas de la vida que bulle en sus aguas.

Por último, Tortosa. Pequeña ciudad de casi cuarenta mil habitantes, está en la posición perfecta para ser la base desde la que realizar las diferentes excursiones, pues se encuentra más o menos a medio camino entre los pueblos de interior y el delta. Bañada también por el río, que la divide en dos, la visita se centró en los lugares más emblemáticos e históricos y fueron un buen complemento cultural al fin de semana, siendo para mí lo más relevante la Catedral y el Museo anexo.

No puedo acabar este diario sin hacer una mención especial al apartado gastronómico. La comida fue estupenda, tanto que casi podría justificar por si sola el pasar unos días por la zona. En los lugares recomendados y en los improvisados, en los más caros y en los más baratos, en todos ellos predominó la gran calidad culinaria. Lógicamente el producto estrella es el arroz que, acompañado por los diferentes pescados y mariscos de la zona, puede hacer las delicias de cualquier paladar.

De esta forma, fueron tres días disfrutando sin prisas de un bonito entorno natural y cultural aderezados por una excelente comida. No se puede pedir más para un fin de semana.

 

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Un comentario en “Terres de l’Ebre – Tortosa

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