Toledo – Iglesias y sinagogas

En la ciudad de las tres culturas perviven muchos testimonios del tiempo en que la convivencia entre cristianos, judíos y árabes era una realidad, por eso iglesias, sinagogas y mezquitas forman parte imprescindible de cualquier recorrido cultural por Toledo.

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Nos esperaba una mañana repleta de visitas religioso-culturales, por lo que antes de acudir a la primera que tendría lugar en la Catedral entramos en la Iglesia de los Jesuitas a echar un vistazo. Algo más tarde volveríamos con el guía, pero la ventaja de la pulsera turística, que permite visitar los monumentos tantas veces como se quiera, me animó a aprovechar de alguna forma el rato que quedaba libre hasta que llegara la hora de ir a la Catedral.

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Fachada de la Iglesia de los Jesuitas

Desde que la compañía de Jesús compró los terrenos en 1569 hasta la finalización de la iglesia en 1765 fueron muchos los arquitectos (en aquella época, maestros) que contribuyeron a la construcción del edificio siguiendo el modelo de su hermana italiana, la iglesia del Gesú de Roma, aunque ésta la recuerdo muchísimo más recargada y oscura que la toledana, diáfana y clara gracias a la luz del sol y a la blancura de sus paredes.

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Nave central

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Crucero

Subimos a las torres para tener otra panorámica de Toledo, pero ese mismo sol que tan bonito efecto hacía abajo resultó muy molesto arriba, por lo que el paisaje urbano quedó muy apagado.

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Vistas de Toledo

Llegó el momento de acercarnos hasta la Catedral de Santa María, llamada Primada por el título de su arzobispo, un derecho honorífico otorgado hace muchos siglos. A la hora en punto estábamos esperando junto a una multitud para visitar el edificio religioso más grande y emblemático de Toledo. Inmenso y realmente bonito, pero tan repleto de gente que me fue imposible apreciar la mayoría de detalles, llegando incluso a tener que hacer cola para ver el Tesoro entre empujones. En fin, que fue una visita a la carrera con la guía más pendiente del reloj que de dejarnos admirar el lugar, digno de ver con mayor detenimiento. Por desgracia, la Catedral no estaba incluida en la pulsera turística por lo que repetir la visita con más calma significaba pagar otra entrada.

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Columnas de la Catedral

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Retablo del altar

Volvimos a los Jesuitas y más tarde a la Mezquita del Cristo de la Luz para escuchar las explicaciones de lugares por los que ya habíamos pasado previamente. Fue un buen complemento a las visitas hechas por nuestra cuenta para aprovechar la soledad del momento.

Cambiamos de culto y nos adentramos en el corazón del barrio judío para ir a Santa María la Blanca, otra fusión religiosa ya que de sinagoga construida en el siglo XIII (por lo visto, una de las más antiguas de Europa) pasó a ser iglesia en el XV y actualmente museo. Por el austero aspecto exterior del edificio no se adivina el fantástico interior, un bosque de columnas con arcos de herradura, concretamente veintiocho, y hermosos capiteles. Pequeño y recogido espacio que hace honor a su adjetivo, blanco, y que fue de lo que más me gustó de Toledo.

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Arcos de herradura

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Columnas y capiteles

A pocos metros de la Sinagoga, en la misma calle de los Reyes Católicos, se alza el Monasterio de San Juan de los Reyes. Construido para celebrar la victoria en una batalla y concebido para albergar los restos de Isabel y Fernando, que finalmente acabaron en Granada, tiene una bonita iglesia con elementos ornamentales muy trabajados y una luminosidad que siempre es de agradecer.

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Nave principal

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Bóveda

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Ornamentada columna

El claustro, ese jardín interior que siempre transmite calma, es un bonito rincón en el que recrearse con las filigranas de sus columnas y respirar un poco de paz, ni que sea momentánea.

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Jardín del claustro

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Galería

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Contraluz en el claustro

Tras esta maratoniana mañana recorriendo diferentes espacios religiosos de gran valor artístico llegó el momento de hacer un descanso. Por suerte, ni las visitas fueron excesivamente largas ni Toledo es especialmente grande, por lo que pudimos completar casi todo el planning sin demasiadas prisas pero sin ninguna pausa. Nos instalamos junto a la Puerta del Cambrón durante un  rato para dar cuenta de una buena comida y así afrontar con energía el resto de la tarde.

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Puerta del Cambrón

Para lo que quedaba del día me había propuesto hacer un publirreportaje toledano desde uno de los miradores más famosos de la ciudad, el que queda delante del parador. Mi idea era esperar hasta la caída de la tarde para obtener la visión panorámica más fotografiada de Toledo a diferentes horas. Aunque aún era pronto, nos encaminamos hacia la Carretera de Circunvalación atravesando en primer lugar el Puente de San Martín, construido en el siglo XIV con tres arcos y un torreón en cada extremo.

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Puente de San Martín

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Torreón del Puente de San Martín

Desde la otra orilla del Tajo se aprecia perfectamente la enorme construcción del Monasterio de San Juan de los Reyes, con sus pináculos rodeando el edificio.

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Monasterio de San Juan de los Reyes

Nos fuimos acercando al mirador cuando el sol todavía estaba en todo su apogeo.

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A la otra orilla del Tajo

Lo que me esperaba que fuera la gran caminata del día no duró en total ni una hora contando las paradas para hacer todas las fotos del mundo. De esta forma, no eran ni las seis de la tarde y ya habíamos llegado al Mirador del Valle, armándonos de paciencia hasta que el sol empezara a ponerse y le diera una tonalidad diferente a la ciudad. Ni que decir tiene que la única forma que encontré de entretenerme fue completar el reportaje iniciado en el Puente de San Martín.

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Desde el mirador

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Vistas de Toledo

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Seminario

Media hora más tarde aún seguíamos en el mismo punto.

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El Alcázar

Finalmente, sobre las siete y media hice la postal de Toledo, toda la ciudad frente a mi cámara con el precioso meandro que forma el Tajo a sus pies. Podría haber esperado a que el sol estuviera aún más bajo pero algunas nubecillas estuvieron fastidiando y no tenía muy claro si conseguiría mi propósito.

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Postal toledana

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Entre nubes

Para volver cogimos el autobús 7.1 que, si no recuerdo mal, para delante del mirador. La alternativa de volver caminando hasta el hotel, aparte de que no nos apetecía demasiado, nos habría hecho llegar tarde a nuestra cita con un restaurante. De esta forma pusimos punto final a casi dos horas de reportaje fotográfico en el punto donde se tienen las vistas más bonitas de Toledo.

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El Alcázar

Tras la exquisita cena en el Restaurante Locum, en pleno centro histórico, fuimos a dar un paseo nocturno por Toledo y al ver la iluminación de la Catedral no pude resistir la tentación y fuimos al hotel a por la cámara y el trípode. El resultado fue espectacular.

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La Catedral iluminada

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Reflejos nocturnos

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Puerta del Perdón

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El Ayuntamiento

Un día repleto de cultura e historia pero aún faltaban un par de visitas para completar el planning, por lo que a la mañana siguiente antes de poner rumbo a Segovia dimos el último paseo por Toledo.

Enlaces:

Restaurante Locum

Mapa de Toledo (II)

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