Polonia – Wroclaw

Perteneciente a Alemania hasta  la Segunda Guerra Mundial, Wroclaw o Breslavia, como todavía se la conoce, tuvo que ser reconstruida tras el conflicto pues casi tres cuartas partes de la ciudad acabaron en ruinas.

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El viaje de nueve días por Polonia comenzó un miércoles por la noche en esta ciudad situada en la región de Silesia fronteriza a Alemania, de hecho perteneció a este país desde que se unificó en 1871 hasta que terminó la guerra, momento en que fue prácticamente destruida. Aunque no es una ciudad pequeña,  casi todos  los lugares de interés se concentran alrededor del centro histórico, por lo que planifiqué la estancia para estar un día únicamente, que al final se redujo a unas cuantas horas nada más ya que la siguiente parada era en Torun y nos separaban de ella dos trenes y cinco horas de trayecto.

Tras cenar algo en la céntrica plaza del Mercado (Rynek), durante el paseo nocturno por allí ya tuve la sensación de que la ciudad me iba a gustar muchísimo. Muy animada y al mismo tiempo nada bulliciosa, esta inmensa plaza, la segunda más grande de Polonia tras la de Cracovia, tiene en su Ayuntamiento, que confieso que en un principio confundí con una iglesia, uno de sus edificios más majestuosos. Su situación central divide la plaza en cuatro lados tan grandes que parece que sean varias comunicadas entre sí, pero en realidad es una única inmensa.

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Ayuntamiento

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Plaza del Mercado

Para la primera visita del día siguiente puse el Panorama de Raclawice y hacia allí nos dirigimos  después de ir a una casa de cambio (kantor) para conseguir zlotys, la moneda polaca, a un cambio mucho más decente que el del aeropuerto, donde cogimos lo justo para pasar la primera noche. El Panorama tiene un aforo limitado y horarios fijos, cada treinta minutos hay un pase, por decirlo de alguna manera. Como nos dieron entradas para una hora más tarde aprovechamos ese rato para acercarnos hasta lo que antes de que una parte del río Oder se cegara era una isla, Ostrów Tumski, La panorámica desde el puente Mokoju que une ambas orillas es una de las mejores imágenes que se pueden ver de la ciudad.

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Ostrow Tumski

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Piasek

Ostrow Tumski es el núcleo fundacional de Wroclaw, por eso no es de extrañar que la Catedral se encuentre aquí (cerca del Ayuntamiento hay otra, la Iglesia de Santa María Magdalena). El   templo ha tenido que ser reconstruido hasta en cinco ocasiones, la última de ellas por supuesto tras la Segunda Guerra Mundial.

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Catedral de San Juan Bautista

El interior me pareció muy sobrio y un poco oscuro. Las vidrieras le dan algo de color pero con todo y con eso la encontré demasiado sencilla para ser una Catedral. Es posible que aquí resida parte de su encanto, pero me esperaba algo más espectacular.

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Altar

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Vidriera

Las altas torres gemelas de la fachada occidental se ven muy estilizadas desde la calle Katedralna, que  se prolonga hasta el puente de Tumski.

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Torres de la Catedral

Atravesamos este puente, también conocido como “de los suspiros” donde los enamorados modernos en lugar de suspirar dejan testimonio de su amor con un candado, costumbre que ya empieza a ser tradición en muchos sitios. El Puente Tumski conduce a la pequeña isla de Piasek, ocupada en su totalidad por la Iglesia de Santa María, otra reconstrucción posbélica.

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Puente Tumski

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La moda de los candados

Por desgracia, no pudimos visitar esta iglesia porque se acercaba la hora de entrar en el Panorama de Raclawice, por lo que tuvimos que acortar el paseo y despedirnos de tan delicioso lugar. Una lástima porque  era realmente encantador, para pasarse recorriéndolo un buen rato más.

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Ostrow Tumski

Llegamos puntuales al Panorama de Raclawice. Esta pintura panorámica y grandiosa tiene 114 metros de longitud y 15 de altura, con lo cual ya está todo dicho sobre su monumentalidad. El edificio circular se construyó adrede para contenerla en 1985, año desde el que se expone en Wroclaw.

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Edificio del Panorama

La visita dura media hora y proporcionan audioguías en varios idiomas, entre ellos el castellano. Menos mal porque en el cuadro se representa la victoria de los polacos sobre los rusos en una batalla que tuvo lugar en 1794 y lógicamente un hecho histórico tan local sería imposible de seguir sin una mínima explicación. Aparte de aprender algo sobre la historia polaca, que nunca está de más, el cuadro me pareció una cosa extraordinaria, no sólo por sus dimensiones, que ya son algo fuera de lo común, sino porque la pintura tan realista y su forma envolvente  hacen que parezca que está uno metido en el fragor de la batalla. Con algo de ambientación acústica el efecto sería aún más acusado, aunque quizás excesivo.

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Panorama de Raclawice

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En el fragor de la batalla

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Raclawice

A la pintura propiamente dicha le acompaña un buen atrezzo, pues desde la plataforma en la que se sitúa el público hasta la superficie pintada hay un espacio lleno de tierra con diferentes objetos como carros, cañones, piedras, árboles… del mismo estilo y color que el cuadro, llegan a confundirse con él y no se sabe bien qué es pintado y qué real. Son un complemento perfecto, haciendo aún más impresionante todo el conjunto.

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Cañón de atrezzo

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Carro de atrezzo

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Valla de atrezzo

Como curiosidad, hoy en día el Panorama de Raclawice es uno de los lugares más conocidos y visitados de Wroclaw, pero durante los años en que duró la ocupación soviética de Polonia estuvo prohibido exponerlo porque ensalza una victoria polaca sobre los rusos, y lógicamente no eran buenos tiempos para la lírica.

Seguidamente nos dirigimos hacia la Universidad, pero como en un primer momento no encontrábamos la puerta nos metimos por error en una iglesia, que resultó ser la del Santo Nombre de Jesús. Un templo de líneas muy sencillas por fuera pero que encierra una ornamentación de lo más barroca.

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Iglesia del Santo Nombre de Jesús

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Interior barroco

Justo al lado está la entrada a la Universidad. Un edificio que en su origen fue un castillo y que alberga una preciosa sala llamada Aula Leopoldina. Por desgracia, la están restaurando desde hace ya años y la parte donde se sitúa el escenario sólo se puede entrever tras un andamio.

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Entrada al Aula Leopoldina

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Andamio en el escenario

En el techo hay unos frescos magníficos y el resto de la sala está ampliamente decorado con estatuas, cuadros, bustos… de todo un poco para no aburrir la vista.

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Frescos del techo

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Cuadros

Una planta más abajo está el Oratorio Mariano que desde hace ya años se utiliza como sala de conciertos. Seriamente dañada por los bombardeos, no fue hasta 1997 cuando finalmente pudo renacer de sus cenizas tal como era antes. Un enorme ojo de la providencia, usado frecuentemente por la masonería, preside el escenario frente al piano. En los frescos de la sala predominan los colores muy vivos que  me cansaron un poco al ser un espacio relativamente pequeño.

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Escenario

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Frescos de la sala de conciertos

En la azotea se encuentra la Torre Astronómica y es del todo recomendable subir para contemplar una bonita panorámica de la ciudad.

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Centro histórico

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Río Oder

Volvimos hacia la Plaza del Mercado, tanto o más bonita a la luz del sol que de noche. La verdad es que me encantó este lugar y lo rodeamos unas cuantas veces. La sensación de ir enlazando sin fin avenidas que parecían pequeñas plazas adosadas  continuó como la noche anterior creándome algo de confusión. El hecho de que el  Ayuntamiento y el Palacio, ambos edificios monumentales, se sitúen en el centro de la plaza es lo que produce ese efecto.

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Castillo y Ayuntamiento

Rodeada en sus cuatro puntos cardinales por edificios de diferentes colores y estilos arquitectónicos, la Plaza del Mercado es sin dudarlo el lugar ideal para entretenerse toda una mañana mirando las coloridas fachadas y relajarse después en una de las muchísimas terrazas que hay. En nuestro caso la visita fue forzosamente más breve, no por falta de ganas sino de tiempo.

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Lado norte

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Lado norte

Dicen que el lado oeste es el más vistoso pero a mí me parecieron todos igual de bonitos.

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Lado oeste

La adjunta Plaza de la Sal, que recibe su nombre por el comercio que se realizaba en la Edad Media con este producto procedente de las Minas de Wieliczka, no desmerece en absoluto al lado de su vecina.

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Plaza de la Sal

Para completar la mañana de visitas nos metimos en el Ayuntamiento. Este deslumbrante edificio del siglo XIII acoge en la actualidad el Museo de la Ciudad y no es de extrañar que esté considerado la perla de la arquitectura gótica civil, como leí en una guía de la ciudad.

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Ayuntamiento

Esperaba más de las “imponentes” salas abovedadas de su interior. Lo mejor fue una exposición de fotos, supongo que temporal, en una de ellas. El resto de habitaciones me parecieron perfectamente olvidables, de hecho apenas me acuerdo de nada.

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Sala abovedada

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Sala del Consejo

Se acercaba la hora de dar por concluida nuestra fugaz visita a Wroclaw. Los dos trenes que nos conducirían a Torun tardaban casi cinco horas en hacer el trayecto y no era cuestión de llegar muy tarde a nuestro nuevo destino. Fuimos a coger los bártulos al hotel y el tranvía nº 79 nos dejó en la estación, un edificio de un llamativo color ocre que parece un castillo con sus almenas y todo.

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Estación de tren

Sin el más mínimo problema compramos los billetes para Torun. Había leído miles de recomendaciones sobre las ventajas de comprarlos previamente online, entre ellas la abismal diferencia de precio, pero esto sólo nos ocurrió con la alta velocidad de Varsovia a Cracovia, en los otros trenes no cabe esta recomendación.

Al final fue menos de un día en Wroclaw, una ciudad que me encantó y que representó un buenísimo primer contacto con la tierra polaca. Unas cuantas horas más no habrían sobrado para completar algunos flecos que quedaron pendientes, pero con todo me fui con la sensación de haberla disfrutado mucho.

Nota: Pese a toda la información previa que había recopilado, hubo algo que se me pasó: los enanitos que pululan por toda la ciudad. Pequeñas estatuitas con  una bonita historia detrás que en ese momento desconocía: en su tiempo, disfrazarse de enano fue una manera pacífica de protestar ante la invasión soviética, y para rendir homenaje a esta iniciativa que al parecer causó furor se dispersaron por la ciudad cientos de estatuas. Por supuesto que vi alguna pero si soy sincera no le di más importancia al hecho, aunque al parecer la “caza del enanito” se ha vuelto una atracción turística más.

Enlaces:

Un hotel muy céntrico y bien de precio:  Hotel Duet

Mapa de Wroclaw

 

 

 

 

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2 comentarios en “Polonia – Wroclaw

  1. Pingback: Polonia – Nueve días, cuatro ciudades | postalesdelmundo

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