Polonia – Cracovia: el Castillo y el barrio judío

En la colina de Wawel se halla el núcleo fundacional de la ciudad de Cracovia y allí se aposentaron las instituciones más emblemáticas de cualquier estado: realeza y religión. El barrio judío, en cambio, habla del pasado más reciente de la ciudad.

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Casi calcada a la ruta hecha tres días antes en Varsovia aunque con un resultado bastante diferente, la primera visita de ese caluroso martes estaba dedicada al Castillo Real de Cracovia. Con el Vístula a sus pies, en la misma colina está también la Catedral, su museo y tres torres, todo ello comprendido dentro de la antigua fortificación.

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El río Vístula

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Conjunto del Castillo Real

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Torre del Ladrón

Llegamos al poco de que abrieran y ya nos encontramos con una inmensa cola que doblaba la esquina del edificio: tardamos casi dos horas en llegar a la taquilla, cuyo ritmo era exasperante y en ningún caso justifica todo ese rato de espera, que bien podría haberse minimizado aumentando el número de vendedores, sin ir más lejos. Por si esto fuera poco, cuando nos tocó el turno los billetes para ver La Dama de Armiño de Leonardo da Vinci y los Apartamentos Privados ya estaban agotados desde hacía rato. Además, lo que yo desconocía por completo es que las visitas tienen horarios fijos, no se puede entrar libremente, y a nosotros nos tocaba para casi dos horas después. En resumen, me pareció desastrosa la organización de la recepción de visitantes de uno de los lugares más concurridos de Cracovia.

Para hacer tiempo y en sustitución de La Dama de Armiño cogimos dos entradas para subir a la  Torre Sandomierska con el objetivo de contemplar el panorama pero me encontré con unos ventanucos que me impedían tener una visión de conjunto del lugar.

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Ventana de la Torre

Sólo pudimos ver y fotografiar  el recinto por partes pues la torre carece de un espacio abierto o terraza desde el que contemplar a gusto el panorama.

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Parte del Castillo

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El otro lado del Castillo

Como aún sobraba tiempo lo aprovechamos para entrar en la Catedral, que es gratuita. Por lo visto es uno de los templos más importantes de Polonia,  y la realidad es que es inmensa porque es el resultado de la unión de dos iglesias preexistentes en el lugar. Su  amalgama de elementos que parecen no tener ninguna conexión entre sí me resultó algo chocante.

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Catedral

Su interior es fastuoso y está lleno de tumbas a cual más lujosa y espectacular, pero era tal la cantidad de gente que se encontraba en ese momento en el mismo lugar que apenas pude ver nada y aún menos hacer una foto en condiciones. A mí personalmente me gustó muchísimo más la Iglesia de Santa María, en la Plaza del Mercado, me pareció más elegante y bonita.

Por fin había llegado el gran momento, casi cuatro horas después de haber puesto el pie en la colina: el castillo por dentro. Para acceder a él se pasa por un gran patio renacentista del siglo XVI  que merece más que un vistazo.

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Patio del Castillo

La visita al castillo fue mucho peor de lo que me esperaba. Tiene algunas salas remarcables como no podía ser de otra manera en un lugar de estas características pero ni de lejos llegó a entusiasmarme. Para acabarlo de arreglar, está prohibido hacer fotos, con lo que al cabo del tiempo sólo guardo un vago recuerdo de este sitio.

Un poco hartitos ya de haber pasado en la colina de Wawel tanto rato y tan mal aprovechado, pues la visita al castillo propiamente dicha nos llevó apenas media hora, volvimos a la Plaza del Mercado para intentar por segunda vez subir a la Torre del antiguo Ayuntamiento. Esta vez estuvimos de suerte y tras salvar unos cuantos escalones más altos que mi pierna llegamos hasta arriba donde me llevé otro gran chasco: vistas parciales de la plaza ya que esta torre tampoco dispone de un mirador panorámico. Con este comentario no es que pretenda que cambien la disposición y estructura de los elementos arquitectónicos cracovianos, pero la verdad es que esperaba poder hacer las fotos de la plaza en mejores condiciones. Al final en algunas tuve que incorporar una barandilla, que no crea mal efecto pero tampoco era lo que buscaba.

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Los tejados de Cracovia

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La iglesia de Santa María

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Vista parcial de la Plaza desde la Torre

Ahora tocaba ya sumergirse de lleno en el barrio judío para cruzar el río y llegar hasta el gueto de Cracovia con una pequeña incursión en un templo cristiano. Con esto habríamos completado la jornada turística de ese día. Pasamos en primer lugar por la Sinagoga Tempel, todavía en activo, pero no quisimos entrar para no entretenernos pues todavía quedaban muchas cosas por hacer esa tarde.

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Sinagoga Tempel

De camino hacia el gueto entramos en la calle Jozefa, 12, donde hay un callejón que sirvió de escenario para alguna de las secuencias de la película La Lista de Schindler. Está junto al restaurante Starka y actualmente invadido por varias terrazas.

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Callejón de la calle Jozefa, 12

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Callejón de la calle Jozefa, 12

Pese a estar realizando la ruta judía nos permitimos hacer una pequeña incursión cristiana en la iglesia del Corpus Christi, templo gótico del siglo XV con un interior muy bonito.

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Iglesia del Corpus Christi

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Nave central de la iglesia de Corpus Christi

Atravesando el moderno puente de Kladka Ojca Bernatka se entra directamente en Podgórze, donde los nazis instalaron el gueto de Cracovia. La primera impresión es la de un barrio coqueto y tranquilo en el que apetecería quedarse durante un tiempo.

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Puente de Kladka Ojca Bernatka

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Barrio de Podgorze

El gueto fue creado en 1941 para ubicar a los judíos cracovianos como paso previo a su exterminación. La antigua Plaza de la Concordia (un nombre nada apropiado para lo que aquí ocurrió), ahora llamada Plaza de los Héroes del Gueto, era el punto en el que congregaban a los judíos para llevarlos a los campos de concentración. En el año 2006 se inauguró un memorial para recordar estos hechos: varias sillas de diferentes tamaños diseminadas por toda la plaza.

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Sillas

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Plaza de los Héroes del Gueto

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Plaza de los Héroes del Gueto

Unas sillas que por sí solas serían un conjunto escultórico más pero llenas de  simbolismo para Tadeusz Pankiewicz, el dueño de la farmacia de la plaza, Apteka Pod Orlem. Él fue uno de los pocos católicos que siguió en el gueto ayudando en la medida de sus posibilidades a los judíos y más tarde escribió un libro sobre este episodio. Ahora la farmacia es un museo.

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Farmacia Pod Orlem

Volvimos a atravesar el Vístula y antes de regresar al hotel nos sumergimos un rato más por las callecitas de Kamizierz, el barrio en el que vivían los judíos antes de ser obligados a trasladarse al gueto. Algunos edificios están pidiendo a gritos una urgente remodelación.

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Barrio de Kazimierz

En una esquina nos salió al paso una casa  en donde vivió una familia judía durante más de cuatrocientos años hasta el fatídico momento de 1941 en que se vio obligada a ir al gueto. Aunque parecía que había vida dentro, se diría que la han dejado tal cual estaba cuando sus dueños tuvieron que abandonarla.

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Casa de una familia judía

La ruta turística había llegado a su fin y la idea era descansar un rato en el hotel hasta la hora de la cena, pero no fue posible porque nos llevamos la sorpresa más desagradable que hemos tenido en nuestra vida viajera: por un descuido, dejamos olvidada encima de la mesa una billetera con dinero y ésta había desaparecido. Lo pusimos de inmediato en conocimiento de la recepción pues aunque las posibilidades de recuperar el dinero eran nulas, entendemos que son los máximos interesados en que este tipo de cosas no ocurran en su establecimiento. Decir que no nos hicieron ni caso es quedarme corta, pues ni en ese momento ni en los dos días que aún quedaban de estancia hubo un solo empleado que se molestara en preocuparse por nosotros. A la mañana siguiente tuvimos que volver a explicar toda la historia a una recepcionista que no tenía ni idea de lo que le estábamos diciendo y la prometida visita a nuestra habitación de la encargada de la limpieza junto con el director para intentar aclarar algo nunca se celebró. Finalmente, su única solución fue que lo denunciáramos en la policía, cosa que por supuesto hicimos. Debo decir también que una vez finalizado el viaje escribí un correo electrónico desde mi casa a la atención del director por si, visto el nivel de profesionalidad de sus empleados, no hubiera sido informado del robo, pero su respuesta, que sería de agradecer ni que sea sólo por seguir las más mínimas normas de educación, nunca llegó, por lo que es obvio que toda la plantilla se sitúa a la misma altura, es decir bajo mínimos. Estoy hablando de un hotel de tres estrellas de precio algo elevado, no de un hostel en el que hay que compartir habitación con varios desconocidos.

No hace falta que diga que este desagradable episodio empañó no sólo la cena de ese día sino el resto de nuestra estancia en Cracovia. El dinero era irrecuperable y a eso enseguida nos hicimos a la idea, pero estar en manos de gente tan incompetente no fue fácil de digerir y por desgracia es lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en esta ciudad. Es lo que tiene montar un hotel careciendo de la más mínima profesionalidad.

Enlaces:

Castillo Real de Cracovia

Mapa de Cracovia: el castillo y el barrio judío

 

 

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2 comentarios en “Polonia – Cracovia: el Castillo y el barrio judío

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