Polonia – Cracovia: las Minas de Sal de Wieliczka

A tan sólo veinticinco minutos de tren se encuentran las Minas de Sal de Wieliczka, una de las excursiones más populares desde Cracovia. Galerías y cámaras con estatuas realizadas en sal, y hasta una enorme capilla, conforman un recinto visitable declarado Patrimonio de la Humanidad en 1978.

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El tiempo se torció y con él los planes de ese día y del siguiente. La idea era realizar una ruta a pie llamada la “Cracovia comunista” por el barrio de Nowa Huta, pero por varios factores al final decidimos no hacerla. En primer lugar, porque tras explicar por enésima vez en recepción la sustracción del dinero de nuestra habitación nos prometieron una entrevista con el director para intentar averiguar lo ocurrido, pero tras casi una hora de espera finalmente nos dijeron que ésta no iba a producirse y ello conllevó que se nos pasara la hora del inicio de la ruta. En segundo lugar, ese miércoles amaneció diluviando y con temperaturas que no pasaron de los 15º, lo que hacía poco apetecible estarse toda la mañana pateando la ciudad. De no ser por el robo seguramente nos habríamos animado incluso con lluvia, y si hubiera hecho buen tiempo probablemente habríamos dejado la entrevista para otro momento, pero la unión de ambos factores nos hizo desistir.

Nowa Huta es un barrio creado en la época de dominación soviética  para alojar a los obreros junto a su lugar de trabajo en la planta siderúrgica que allí se construyó. Una de las empresas que realiza los tours gratuitos ofrece la ruta por esta zona (de pago) los miércoles y viernes, por lo que perdida la oportunidad ese día ya fue imposible recolocarla porque al cabo de dos se acababa el viaje. Lo que tampoco me apetecía era coger un tranvía y plantarnos en un barrio de edificios de la época comunista sin más contexto que el entorno pues a mi modo de ver no es el lugar más indicado para ir a disfrutar del paisaje urbano sino que requiere una explicación histórica que le dé sentido. Esta es mi opinión sin haber ido, quizás si al final me hubiera animado lo vería de otra forma.

Con la mañana perdida y siguiendo el consejo de los recepcionistas  fuimos a denunciar el robo en la comisaría visto el nulo interés y el poco caso que nos estaban haciendo en el hotel. Gesto inútil, esto es evidente, pero al menos le dábamos credibilidad a un hecho que no parecían tomarse en serio pues llegué a pensar incluso que tanta indiferencia sólo podía deberse a que no nos creían. Por tanto fuimos dando un paseo bajo la lluvia cracoviana hasta que llegara la hora en la que nos habían citado en la comisaría con la intérprete de inglés y pasando por la Plaza del Mercado aprovechamos para hacer una parada en una cafetería con encanto, de esas que tienen hasta pianista para amenizar la charla mientras se secan los paraguas.

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Cafetería Noworolsky

Una vez formalizada la denuncia y teniendo en cuenta que ya nada más podíamos hacer al respecto, decidimos pasar página y disfrutar del día y medio que nos quedaba de viaje. Corriendo fuimos a la estación a coger el tren que nos llevara hasta las Minas de Sal de Wieliczka. Todas las visitas son guiadas y hay en diferentes idiomas en varios turnos. Las entradas se pueden comprar online pero no es imprescindible, nosotros las cogimos el día antes en las oficinas de la calle Wislna, 12, muy cerca de la Plaza del Mercado. En castellano hay dos horarios, por la mañana a las 11:20 y por la tarde a las 16:20, aunque creo que si se compran por Internet es algo más tarde, sobre las 19:00.

La explotación de la mina empezó hace 700 años y todavía en la actualidad continúa su actividad, pero unos tres kilómetros de galerías están destinados al recorrido del itinerario turístico. Se completa en unas tres horas y sólo puede hacerse acompañados por un guía.

Seguía lloviendo a mares y por lo visto la gente decidió que ése era un buen lugar para refugiarse del chaparrón ya que parecía como si todos los turistas de Cracovia nos hubiéramos dado cita en ese momento en las minas y, como resultado, la organización llegó a ser caótica. Finalmente, con casi tres cuartos de hora de retraso que pasamos bajo un toldo insuficiente para tantas personas y con los pies en remojo, empezó la visita con la bajada de casi cuatrocientos escalones que no se hacen en absoluto pesados. A partir de aquí es una sucesión de estatuas de sal y figuras de tamaño natural que ilustran la forma de trabajar en tiempos pretéritos.

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Antiguo minero

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Busto del Rey Casimiro

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Trabajo manual

Hasta las lámparas están hechas de sal.

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Araña de sal

El plato fuerte de la mina es la capilla de Santa Kinga, totalmente realizada en sal y con algunos relieves realmente bonitos.

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Capilla de Santa Kinga

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Altar

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La última cena

La enorme cámara Staszic es la más alta de las minas.

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Cámara Staszic

Personajes ilustres que por aquí pasaron también fueron inmortalizados en sal.

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Goethe

En el lago subterráneo nos ofrecieron un espectáculo de luz acompañado de música de Chopin, y en otro más pequeño antiguamente se podía navegar pero lo prohibieron a raíz de un accidente.

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Pequeño lago subterráneo

Es un mundo subterráneo en el que se podría vivir sin necesidad de ver la luz del día pues hasta restaurante hay, ideal para el convite de las parejas que deciden casarse en la capilla, que creo que no son pocas. Incluso es un lugar beneficioso para la salud pues al parecer el aire no está contaminado y la humedad es muy baja, por lo que cuenta también con su propio balneario.

La visita no es en absoluto cansada y la guía hizo todo lo posible para que fuera lo más amena posible. Lo que me resultó  más pesado fue esperar durante casi una hora el ascensor que nos dejó de vuelta en la calle, pues en un día de tanta afluencia de gente parece algo temerario disponer únicamente de dos montacargas con capacidad para 10 personas en total.

Pese a haber leído bastantes críticas sobre este sitio que me hicieron dudar si incluirlo o no en el plan de viaje y que forma parte incluso de un listado de las turistadas del planeta publicado por un periódico, a mí no me lo pareció tanto. Tampoco comparto el entusiasmo de sus fans, es simplemente un lugar singular que quizás no merezca el éxito que tiene pero que está lejos de ser horrendo.

De vuelta ya en Cracovia seguía lloviendo y era la hora de cenar, así que derechitos fuimos hasta el restaurante Morskie Oko, en una plaza detrás de la del Mercado. Es un lugar muy bien valorado pero que a mí no me acabó de convencer. Las camareras van vestidas con trajes folklóricos y está decorado con un ambiente muy rústico, además es tan grande que se hace innecesario reservar, sin embargo la comida no me pareció especialmente gustosa, repetí la sopa zurek que había probado previamente en Varsovia pero me pareció mucho menos sabrosa la del restaurante cracoviano.

Enlaces:

Horarios y tarifas de las Minas de Sal de Wieliczka

Restaurante Morskie Oko

Mapa de Cracovia: las Minas de Sal de Wieliczka

 

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3 comentarios en “Polonia – Cracovia: las Minas de Sal de Wieliczka

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