Argentina – Buenos Aires: primer día en la ciudad

La capital de Argentina es una de las ciudades más grandes del mundo y, como tal, ofrece al visitante múltiples posibilidades para no aburrirse ni un momento.

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Día y medio fue el tiempo que nos detuvimos en Buenos Aires antes de emprender la ruta por la Patagonia; no obstante, la primera mañana se nos fue prácticamente entera en llegar hasta la ciudad, instalarnos en el hotel y acercarnos hasta el Banco de la Nación para cambiar algo del mucho efectivo que llevábamos a causa de la poca aceptación que tienen las tarjetas de crédito en algunas zonas del país.

Para esa primera noche elegí un hotel en Microcentro, a cinco minutos de la Plaza de Mayo, con la intención de explorar esa zona, la contigua de San Telmo y, a ser posible, la Boca, ya que tras visitar la Patagonia nos alojaríamos en Recoleta, barrio que al parecer es uno de los más valorados pero que a mí personalmente no me gustó nada y además me pareció bastante alejado del centro.

El hotel, Merit San Telmo, estaba muy bien y tenía un precio de lo más interesante, además de estar perfectamente situado, lástima que sean tan inflexibles con la hora de entrada y no tengan en cuenta que a veces los huéspedes llevamos casi 24 horas en danza desde que salimos de casa y lo que más agradeceríamos es aparcar los bártulos y darnos una ducha.

Tras solucionar todas las cuestiones burocráticas y administrativas salimos del hotel y siguiendo un gran barullo llegamos a la Avenida de Mayo, donde se estaba celebrando una multitudinaria manifestación que ocupaba toda la calle. Fue una interesante manera de estrenarnos en la ciudad, casi mezclándonos en la protesta.

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Manifestación en Buenos Aires

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Avenida de Mayo

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Protestando

Agotados de tanto protestar nos metimos en el archifamoso Café Tortoni, en la misma Avenida de Mayo escenario de la manifestación. Aunque parezca mentira tratándose de una cafetería, había que esperar en la puerta hasta que hubiera una mesa libre y nosotros, como obedientes turistas, nos pusimos en la cola que controlaba un empleado.

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Placa del Tortoni

Por suerte la espera no duró más de diez minutos y finalmente nos asignaron una mesa donde aposentarnos durante un rato en este mítico café que presume de ser el más antiguo y elegante de la ciudad y donde famosos intelectuales pasaron muchas horas de tertulia, como recuerda el Rincón del Poeta con las figuras de Jorge Luis Borges, Carlos Gardel y Alfonsina Storni.

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Rincón del Poeta

En este café, inaugurado a mediados del siglo XIX, es fácil sentirse transportado a la época en que en lugar de turistas había artistas. Entiendo que la decoración art nouveau es un añadido posterior pues esta corriente artística se remonta a finales del XIX.

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Café Tortoni

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Café Tortoni

Seguimos Avenida de Mayo hacia adelante hasta llegar a la Plaza del Congreso, en el extremo opuesto a la Plaza de Mayo: si aquí está la Casa Rosada, residencia del Presidente el Gobierno, en la del Congreso se alza el edificio que alberga esta institución. De estilo neoclásico, se inspira en el Capitolio de Washington y a mí me recordó al Ayuntamiento de San Francisco.

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Edificio del Congreso

Desandamos un trecho para recorrer una pequeña parte de la Avenida 9 de Julio, al parecer la más ancha del mundo con sus 140 metros y no sé cuántos carriles, lo que la hacen, además de grande, ruidosa y caótica. Aquí se alza el Obelisco, de 68 metros de alto, el icono más reconocible de Buenos Aires.

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El Obelisco

Otro paseo por las calles de la zona mientras esperábamos que llegara la hora de volver al Tortoni, donde en el Museo de la primera planta ofrecían un recital de tango por 150 pesos. No nos pareció un mal precio teniendo en cuenta lo que había leído sobre lo que cuestan este tipo de espectáculos, así que visitamos primeramente la colección del museo y nos quedamos para asistir al concierto, que en realidad fue casi todo musical salvo dos piezas de baile, por lo que en este sentido no se parecía a lo que quería ver, pero igualmente pasamos un rato agradable rodeados de un público mayoritariamente argentino y totalmente entregado. Esto me lleva a pensar que por casualidad dimos con un espectáculo no tan enfocado al turismo como el que otras salas ofrecen.

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Cantante de tango

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Bailando

Con el sonido del bandoneón todavía en los oídos fuimos a descansar tras un montón de horas sin ver una cama. A la mañana siguiente volvimos a acercarnos hasta la Plaza de Mayo, que estaba más tranquila que la tarde anterior, aunque hay allí asentamientos permanentes de protesta como el de los veteranos de la Guerra de las Malvinas. Nuestro destino era la Catedral Metropolitana, un edificio de estilo grecorromano con una fachada muy distinta a lo que en Europa entendemos como característica de una iglesia.

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Catedral Metropolitana

El interior me pareció bastante bonito, con su altar rococó y su suelo de mosaico.

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Altar rococó

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Nave central

Empezamos a caminar hacia el barrio de San Telmo para visitar algunos puntos de interés y con el objetivo final en el Caminito de la Boca, aunque hasta aquí aún no teníamos muy claro cómo llegar vista la ausencia de un transporte público que nos llevara directamente sin tener que atravesar zonas con fama de peligrosas. En el callejeo nos topamos primeramente con una vieja amiga, Mafalda y sus colegas, que tienen grupo escultórico propio en la esquina de Defensa con Chile.

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Mafalda y compañía

Una calle más abajo está la Casa Mínima, también conocida como Casa Chorizo por su estrechura. De tan pequeña que es nos costó encontrarla, pero finalmente dimos con ella y además espontáneamente un vecino nos corroboró que se trataba de la más angosta de Buenos Aires. No entramos ni en ésta ni en la del Zanjón, entre otras cosas porque pese a ser un sábado por la mañana ambas estaban cerradas, aunque a decir verdad no era mi intención entretenerme aquí.

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Casa Mínima

Pasamos por el monumento llamado “Canto al Trabajo”, una escultura que representa a varias figuras humanas haciendo un esfuerzo tan colosal que más parece un canto a la esclavitud.

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Canto al Trabajo

Llegamos al corazón del barrio de San Telmo, la Plaza Dorrego, de la que no pudimos apreciar prácticamente nada al encontrarse en obras. Pese a ello, el mercado de antigüedades que se instala los fines de semana estaba igualmente en funcionamiento, aunque nuestro nulo interés por este tipo de objetos en particular y por las compras en general nos llevó a dar una mínima vuelta. Aprovechamos para descansar un rato tomando un horrendo café, en la línea de los que ya había probado, en uno de los bares de la plaza, ubicado en uno de esos edificios que vivió tiempos mejores, como todo el barrio.

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Café Dorrego

Siguiendo por la calle Defensa llegamos hasta el Parque Lezama, la frontera con el barrio de La Boca. Al parecer es el primer lugar donde recaló el fundador de Buenos Aires en su travesía por el Río de la Plata en el siglo XVI, hecho que se conmemora con una estatua.

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Monumento al fundador de Buenos Aires

Ahora es un tranquilo y agradable parque con bonitos rincones por los que pasear y que alberga también el Museo Histórico Nacional.

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Glorieta grecorromana

En la esquina de Almirante Brown con Pilcomayo hay un divertido mural con caricaturas de personajes anónimos típicos de un barrio popular mezclados con famosos rostros como el de Maradona y que tiene por escenario las coloridas casas de Caminito.

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Mural de Lezama

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Mural de Lezama

En este punto llegó el momento de tomar una decisión, si dar media vuelta o intentar llegar hasta Caminito por nuestros propios medios. El problema no era tanto la distancia como la mala fama del barrio de la Boca, donde al parecer todas las precauciones son pocas para no ser víctima de algún robo, máxime con esa pinta de turistas imposible de disimular. Hicimos de nuestra capa un sayo y empezamos nuestra particular aventura bonaerense por la calle Irala con la idea de recular en caso de que no lo viéramos claro. Pero en ese soleado mediodía de un sábado lo único que vimos y nos fuimos encontrando fueron mamás con sus cochecitos, gente paseando al perro, policías vigilando y jóvenes jugando al fútbol en el parque contiguo. Pasito a pasito y sin bajar la guardia en ningún momento llegamos hasta la Bombonera, el estadio de fútbol del Boca Juniors.

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La Bombonera

Al dar la vuelta por la calle Brandsen, donde se encuentra la entrada del estadio, aquello parecía guirilandia. No sé si había más policías o turistas, pero la cuestión es que bajando por la calle Doctor del Valle Iberlucea llegamos directamente al corazón de Caminito sin ningún tipo de contratiempo ni preocupación por nuestros objetos personales. Desde Lezama no tardamos más de veinte minutos.

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Esquina de la calle Brandsen

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Esquina de la calle Valle Iberlucea

Caminito, un museo al aire libre de lo más pintoresco y colorido. La aglomeración turística no le resta encanto a esta calle que ahora da nombre a un singular rincón bonaerense de casas pintadas de diferentes colores hace más de un siglo por los inmigrantes italianos que aquí se instalaron a su llegada al nuevo mundo.

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Caminito

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Coloridas casas

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Casas de Caminito

Como el tiempo empezaba a apremiar, la visita a Caminito fue más breve de lo que me hubiera gustado, pero igualmente guardo un buen recuerdo de este variopinto lugar tan explotado turísticamente hablando, donde lo que más proliferan son restaurantes y tiendas de souvenirs.

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La esquina más famosa de Caminito

 La vuelta al hotel por la misma ruta fue igual de tranquila que la ida. Desconozco si por otras calles y a otras horas que no sean las del mediodía deambular alegremente por el barrio de la Boca es realmente tan peligroso como su fama indica, pero desde luego lo que puedo afirmar es que nosotros no tuvimos el más mínimo problema ni vimos ningún indicio que nos hiciera desistir de llegar caminando.

El primer día en Argentina ya había pasado con este recorrido por su capital. A media tarde fuimos a Aeroparque para coger el avión que nos llevaría hasta Trelew, puerta de entrada aérea de Península Valdés y punto de inicio de nuestra tan esperada ruta patagónica.

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3 comentarios en “Argentina – Buenos Aires: primer día en la ciudad

  1. Pingback: Argentina – Por tierras de la Patagonia | postalesdelmundo

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