Argentina – Ushuaia

Situada en la Isla Grande de Tierra del Fuego, Ushuaia es conocida por ser la ciudad más austral del mundo y el punto donde se inician los cruceros a la Antártida.

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Globo granate: Glaciar Martial / amarillo: Ramos Generales / verde: costanera / azul: Museo Marítimo y del Presidio / marrón: embarcadero / morado: Faro Les Eclaireurs

Tras los dos días en El Calafate rodeados de glaciares llegamos a Ushuaia, el fin del mundo como también se la conoce. La ciudad está situada en una isla compartida por Argentina y Chile en el archipiélago de Tierra del Fuego, y aunque parece que queda un poco a trasmano también está considerada como perteneciente a la Patagonia, una región cuyos límites geográficos a veces quedan un poco difusos.

Cuanto más al sur más excesivo todo, empezando por el tiempo pues la tarde que aterrizamos hacía un viento helado que era realmente molesto. Nos habíamos acostumbrado ya a los días ventosos de la Patagonia pero aquello era mucho peor, aunque a decir verdad no fue tampoco una sorpresa para estar donde estábamos e incluso creo que era menos frío de lo que podría haber sido en esas latitudes. Pero para exageraciones los precios que se gastan por allí, encontrar un buen hotel resultó otra odisea más en este viaje y al final opté por uno que, al menos, era céntrico, eso no lo puedo negar. El Hostal Malvinas habría sido correcto si hubiera costado la mitad, pero por lo que pagamos me pareció que estaba muy por debajo de lo razonable.

A las horas que eran poco podíamos hacer salvo dar una vuelta por la ciudad con la primera parada en el cartel más fotografiado del lugar.

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El fin del mundo

El callejeo resultó decepcionante por decirlo de una forma suave. Siento decirlo pero me pareció una ciudad fea, sucia, descuidada y sin más gracia que estar donde está, circunstancia que se le va recordando al paseante a la mínima oportunidad. Viendo los precios de los hoteles me había imaginado que se trataría del Mónaco patagónico, pero nada más lejos de la realidad.

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Simpático anuncio

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Mapa de la Antártida

El primer contacto con la ciudad no había sido memorable, así que quise al menos acabar el día probando una de las especialidades del lugar, la merluza negra, algo que por lo visto no se encuentra con facilidad en otros sitios pero que aquí es de lo más habitual. Todos los restaurantes estaban a tope y finalmente conseguimos sitio en Chicho’s, un local que echaba un poco para atrás. Esto no habría sido problema si la cocina hubiera estado a la altura de lo que pagamos pero no fue así. La merluza es sin duda un producto de primera categoría pero su elaboración era inexistente, vuelta y vuelta en la plancha, y el acompañamiento fue pésimo. Volvimos a comprobar que los precios del fin del mundo se ponen en función de las coordenadas geográficas y no por la calidad de lo ofrecido.

Como a causa de los horarios de los vuelos al final sólo íbamos a estar un día entero en Ushuaia debía elegir entre visitar el Parque Nacional Tierra del Fuego o realizar la navegación por el Canal Beagle al atardecer. Me hacía más gracia lo segundo pero me daba miedo que las condiciones atmosféricas no fueran las más idóneas, así que cruzamos los dedos para que el tiempo a la tarde siguiente nos acompañara y buscando con qué llenar la única mañana que teníamos en Ushuaia visitamos la Oficina de Turismo para que nos dieran alguna recomendación. Nos atendieron con una desgana digna de mención (y por eso lo hago) y no nos dijeron nada que no supiéramos, así que descartado el Parque por falta de tiempo a primera hora cogimos un taxi que nos dejó a los pies del Glaciar Martial. No era nuestra intención subir hasta arriba sino volver andando para ver Ushuaia y el Canal Beagle desde las alturas. En menos de dos horas bajamos los siete kilómetros por la carretera dando un agradable paseo pero las vistas estuvieron lejos de ser espectaculares ni de justificar una caminata que en cualquier caso nos sentó bien porque el tiempo era mucho mejor que la tarde anterior.

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Glaciar Martial

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Canal Beagle

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Ushuaia

De vuelta en la ciudad hicimos un pequeño descanso en Ramos Generales, una especie de bar-museo al que sólo por ver su interior ya vale la pena entrar y tomarse algo.

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Ramos Generales

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Bar Ramos Generales

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Mostrador de Ramos Generales

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Museo anexo

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Lavabos

Finalizado el refrigerio en tan singular local dimos un breve paseo por la costanera donde por fin empecé a reconciliarme con Ushuaia, en primer lugar porque el tiempo era espléndido  y en segundo lugar porque me pareció precioso el paisaje marino que tenía frente a mí; la conjunción de ambos factores hizo que me sintiera realmente a gusto por primera vez desde que llegamos el día anterior.

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Un barco con mucha historia

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Canal Beagle

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Los Andes chilenos

Hasta la ciudad desde aquí se veía más bonita con el fondo de las montañas.

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Ushuaia

Aún faltaban unas cuantas horas hasta que zarpara el barco y las llenamos en el Museo Marítimo y del Presidio, un lugar lleno de historia pues puede decirse que la cárcel nació casi al mismo tiempo que la ciudad. La visita fue interesante pero tampoco me pareció imprescindible y, nuevamente, la encontré cara, pues la entrada cuesta 300 pesos (más de 17 euros). Son feas las comparaciones pero el Louvre cuesta 15.

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Galería del presidio

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Galería del Presidio

En la misma cárcel está habilitado el Museo Marítimo en donde se explica toda la historia naval desde sus inicios.

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Los yámanas, habitantes originarios de estas tierras

En el espacio entre las dos primeras alas de la cárcel hay lo que supongo que es una reproducción del tren de los presos, utilizado para transportar los materiales con los que ellos mismos tuvieron que construirse la prisión; parece un chiste de mal gusto pero es rigurosamente cierto. En la actualidad el Tren del Fin del Mundo sigue el mismo recorrido que hicieron los convictos pero con fines turísticos yendo desde Ushuaia hasta la entrada del Parque de Tierra del Fuego.

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Tren de los Presos

Nos acercamos hasta el embarcadero desde donde zarpan todos los barcos que hacen la navegación por el Canal Beagle. La oferta es bastante amplia y existen varios recorridos, más o menos largos desde las dos horas y media hasta las cinco dependiendo de las paradas que haga y si incluye o no una caminata por alguna de las islas. Los precios son más o menos iguales, pueden variar cien pesos arriba o abajo. Miramos algo pero por recomendaciones fuimos casi directamente a contratarlo con Patagonia Adventure Explorer, una empresa de la que había leído muy buenas críticas. Esto se puede hacer el día anterior o en la misma mañana sin problema alguno.

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Venta de billetes para la navegación

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Embarcadero

Dejamos Ushuaia atrás consiguiendo una imagen de postal de esta ciudad que cada vez me disgustaba menos.

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Ushuaia

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La ciudad desde el Beagle

Soy incapaz de recordar los nombres de las islas en las que nos fuimos parando, sólo sé que fue una tarde formidable y una de las que más disfruté del viaje. Toda la fauna que pudimos observar, tan cerca que casi la tocábamos, y el entorno, bonito hasta decir basta, sumado a que el guía era un auténtico profesional que nos hizo muy amenos los ratos muertos de navegación proporcionando una información impagable: todo junto conforma uno de esos momentos que quedarán para siempre en el recuerdo.

Empezamos visitando una isla donde vive una mega colonia de cormoranes, unas aves que de lejos se parecen a los pingüinos pero que se distinguen en algo muy sustancial como es que a diferencia de éstos los cormoranes pueden volar.

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Colonia de cormoranes

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Cormoranes en sus nidos

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Alzando el vuelo

Las fotos quedaron tan bien que me sentía una reportera del National Geographic.

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Volando voy

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Volando vengo

Nos acercamos luego a ver los lobos marinos, que a diferencia de los cormoranes estaban disfrutando de una apacible siesta que ni nuestra presencia trastornó.

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Lobos siesteando

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Felices sueños

El punto más alejado de la ruta era el Faro Les Eclaireurs, donde también encontramos un buen número de cormoranes.

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Faro Les Eclaireurs

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Cormoranes en fila

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Un solitario

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Pareja en su nido

Poco después fuimos al encuentro de otra pequeña colonia de lobos tan ocupados como sus vecinos.

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Bellos durmientes

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Bebé lobo

En la Isla Bridges desembarcamos para realizar una pequeña caminata de algo más de treinta minutos donde recibimos explicaciones sobre una flora muy curiosa y en la que el paisaje no desmerecía en absoluto. Una planta cuyo nombre soy incapaz de recordar parece musgo sobre una piedra pero en realidad toda ella es vegetal.

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Isla Bridges

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Curiosa planta

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Paisaje

El viento también aquí hace de las suyas.

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Plantas bandera, ondeando al viento

Por desgracia llegó el momento de volver a Ushuaia tras cuatro horas de navegación que pasaron como un suspiro. La imagen de la ciudad entrando en el puerto nos recordó que también nuestra estancia en la Patagonia estaba llegando a su fin.

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Ushuaia al atardecer

Para celebrar que al final habíamos podido arreglar la visita a Ushuaia de la mejor forma posible, pese a que el día no prometía mucho en su inicio, fuimos a Paso Garibaldi Restobar, previa reserva de la noche anterior porque es un sitio muy pequeño que enseguida se llena. Espectacular toda la comida, la mejor de todo el viaje, y hasta un poco más económica que en el restaurante del día anterior. Esto no significa que fuera barato pero al menos lo pagamos a gusto.

Un buen madrugón a la mañana siguiente para coger el vuelo que nos llevaría de vuelta a Buenos Aires, desde donde habíamos salido más de dos semanas antes, significó la despedida definitiva de la Patagonia.

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7 comentarios en “Argentina – Ushuaia

  1. ¡¡Qué pasada!!
    Desde luego, con esa rutaza por el canal de Beagel, la cosa no podía acabar mal. Me imagino que en Ushuaia pasará como en tantos otros sitios donde el turismo se concentra de forma masiva. Los precios se desorbitan y por doquier salen oportunistas que inflan los precios sin que eso se refleje en la calidad. Menos mal que la última comida si la disfrutasteis a tope.
    La Patagonia es uno de esos destinos que no veo el momento de alcanzar. Sólo puedo viajar en el verano boreal, que es invierno cerrado allí, por lo que muchos caminos están cerrados y me imagino que algunas excursiones será imposible de realizar. ¿En qué época viajasteis vosotros?
    ¡Un abrazo!

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  2. La verdad es que el viaje todo él fue una maravilla, de esos que sólo se pueden hacer una vez en la vida. Estuvimos tres semanas en noviembre pasado, hay quien le dedica sólo quince días y puede salir algo apañado pero nosotros ya que podíamos preferimos dedicarle más tiempo, y con todo y con eso nos dejamos un montón de cosas por hacer. El problema es el que comentas, que la Patagonia en invierno es impracticable, aparte de la temperatura creo que muchos sitios están cerrados porque la temporada para ellos empieza en octubre. A nosotros también nos costó mucho colocarlo porque un viaje tan largo fuera del verano no es fácil hacerlo, llevábamos años pensándolo pero finalmente lo conseguimos!!!
    Un abrazo y muchísimas gracias por dejar tu comentario.

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  3. Pingback: Argentina – Buenos Aires: Puerto Madero | postalesdelmundo

  4. Qué chulo todo!! Cada vez me está gustando más Argentina, con tanto post que te estoy leyendo.

    Una sugerencia, si me permites… es que pongas los precios. Me quedo con ganas de saber por cuánto pueden salir las actividades y el alojamiento…

    Un abrazo!

    PD.- ahora se me ha pegado la canción de “Volando voy…”!

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    • Hola guapa!!
      Realmente es un país que yo creo casi imprescindible, hay tantas cosas por ver que no es suficiente con una sola vez, pero de momento me conformo porque recorrimos lo más importante.
      Respecto a los precios, normalmente suelo agruparlos en la última entrada de datos prácticos, pero también es una buena idea ir poniéndolos en su correspondiente post. Te tomo la palabra y edito lo que ya tengo hecho para añadirlos, en los siguientes los voy poniendo también.
      Un abrazo y muchas gracias por la sugerencia

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