Argentina – Iguazú: lado brasileño

El río Iguazú forma al final de su tramo superior una de las maravillas naturales más admiradas del mundo: las cataratas. Compartidas por Argentina y Brasil, el agua cae por 275 cascadas en sus más de dos kilómetros y medio de anchura.

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Globo amarillo: estación de autobuses / globo granate: centro de visitantes / globo verde: Garganta del Diablo

Las Cataratas de Iguazú significaban la última etapa importante del viaje por Argentina y también una de las más esperadas. Tener delante este asombroso lugar que no para de acumular títulos como ser Patrimonio de la Humanidad o, lo que es más exclusivo, formar parte de las “Siete maravillas naturales del mundo” por fuerza crea unas expectativas muy altas que en este caso no defraudaron.

Tras la etapa intermedia en Buenos Aires, obligados porque desde Ushuaia no hay vuelos directos a Iguazú y la idea de enlazar aviones de Aerolíneas Argentinas no era algo que a priori me apeteciera mucho, llegamos a media mañana a Puerto Iguazú, la localidad argentina más próxima al Parque Nacional. Nos hospedamos en Hotel La Sorgente, uno de los mejores de todos lo que conocimos y con un precio muy razonable tanto por su calidad como por estar donde está: 2.200 pesos por dos noches, o lo que es lo mismo unos 130 euros. El desayuno también era exquisito, cosa extraña en Argentina. Lástima que unos pequeños detalles como cobrar a la llegada o no permitirnos abandonar el hotel hasta que alguien por un telefonillo lo autorizó afearon algo una estancia de lo más agradable.

Esa tarde la dedicamos al lado brasileño de las cataratas, visitable perfectamente en pocas horas a través del sistema de pasarelas que permite tener una visión panorámica de las cascadas. Llegar hasta allí fue de lo más fácil con el autobús que sale de la terminal situada en la Avenida Córdoba a un precio que en ese momento me pareció irrisorio después de todo lo que llevábamos gastado: 80 pesos ir y volver (unos 4,5 euros). Comparado con lo pagado por otros transportes y servicios Iguazú estaba resultando ser una ganga. La cuestión es que tras diez minutos de espera sin que nadie concretara exactamente desde qué andén salía el autobús finalmente llegó y tras pasar la aduana de las dos fronteras (con su correspondiente sello) llegamos a la entrada del Parque Nacional do Iguaçu. La divisa no es ningún problema porque a diferencia de en Argentina allí todo se paga con Visa por lo que no es necesario cambiar moneda. La entrada cuesta 63 reales por persona (algo más de 18 euros) y en ella se incluye el autobús que desde el Centro de Visitantes conduce hasta las pasarelas. El circuito lineal tiene diferentes paradas siendo la primera más importante la Trilha das Cataratas, en la que nos bajamos nosotros y todos los que estábamos a bordo. Nada más poner el pie en el suelo nos distrajo durante un momento un precioso tucán totalmente acostumbrado a la presencia humana.

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Tucán

Unos pasos más adelante tuvimos la primera visión de uno de los lugares más extraordinarios que he pisado en mi vida. No me extraña que su lista de admiradores sea tan larga.

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Primera vista de Iguazú

Durante el paseo se nos fueron cruzando algunos de los numerosos animales que viven en este bosque tropical.

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Lagarto

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Mariposa

El camino por las pasarelas no puede ser más sencillo y asequible y el espectáculo que se tiene delante es de los que dejan boquiabierto durante un buen rato.

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Espectacular

Seguimos el itinerario parándonos en todos los miradores para intentar captar con la cámara la grandiosidad de este lugar, aunque la verdad es que las fotos, como suele ser habitual en estos casos, no le hacen justicia.

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Grandioso

El final del sendero habilitado se encuentra junto a la mayor cascada, la Garganta del Diablo, que ya se entrevé desde mucho antes detrás de la bruma perpetua que forma la caída del agua.

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Al fondo, la Garganta del Diablo

Otro habitante tropical en busca quizás de algo que llevarse a la boca.

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Lagarto

Tras hacer todas las fotos del mundo llegamos al final del camino, es decir a la pasarela situada justo debajo de la Garganta del Diablo, el mayor salto de agua del Parque. Con sus ochenta metros de caída el estruendo es espectacular y la ducha está asegurada.

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Debajo de la Garganta del Diablo

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Duchándose

Estar debajo de ese inmenso caudal de agua es algo inexplicable. Fotos desde la pasarela no hice por temor a mojar la cámara, pero justo al lado hay otro mirador que es igualmente vistoso.

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La Garganta del Diablo

Desde arriba la panorámica es casi más impresionante que desde abajo.

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La Garganta desde arriba

Casi dos horas tardamos en recorrer el kilómetro y pico que tienen las pasarelas, por lo que es obvio que nos entretuvimos todo lo que quisimos, lo más normal del mundo cuando se contempla un espectáculo tan impresionante. Yendo en busca del autobús del parque para volver al centro de visitantes otro reptil cuyo nombre desconozco iba bien provisto de alimentos para pasar el resto de la tarde.

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Con el buche lleno

Lo que no paramos de ver fueron coatíes, mamíferos omnívoros que están permanentemente a la búsqueda de algo que comer. El primero me llamó mucho la atención pero al cabo de un rato había visto tantos que dejó de sorprenderme su presencia.

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Jugando

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Buscando comida

Aparte del paseo por las pasarelas. en el lado brasileño también pueden realizarse otras actividades pero como habíamos reservado todo el día siguiente para el otro lado de la frontera preferimos hacerlas en el argentino. En cualquier caso, esta primera toma de contacto visual con las Cataratas resultó incluso más espectacular de lo que me esperaba.

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Cascadas

Otra vez en el autobús de vuelta volvimos a pasar por las dos fronteras para el sellado de pasaportes. Llegamos a Puerto Iguazú a una hora más que razonable y como en el hotel había un restaurante italiano en el que nos hacían un 10% de descuento reservamos para esa misma noche. No exagero si digo que Restaurante La Toscana era buenísimo y  el precio, acorde con la calidad de lo que comimos.

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Un comentario en “Argentina – Iguazú: lado brasileño

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