Top8: Cementerio judío – Praga (República Checa)

Que Praga es una de las capitales más bonitas de Europa es una afirmación en la que coinciden la mayoría de los que la visitan, pese a que en los últimos años se ha visto invadida por tiendas de recuerdos, locales de juego, casas de cambio, restaurantes de comida rápida y un largo etcétera de actividades comerciales que, aparte de no parar de crecer sin ton ni son, transmiten la sensación de estar en un parque temático más que en una ciudad con fama de maravillosa. Esto le resta buena parte de su encanto y autenticidad según algunos (entre los que me incluyo), pero es el precio que están pagando algunos sitios que se ven desbordados por el turismo y cuya gestión a veces puede ser discutible. No obstante, también hay que reconocer que conseguir vivir del turismo de masas sin perder algo por el camino debe de ser algo sumamente difícil. En definitiva, puede ser un claro ejemplo de lo que se conoce como “morir del éxito”, son tantos los que la visitan y muchos más los que quieren vivir de ello que cuesta encontrar el equilibrio.

Pese a todo, Praga posee multitud de rincones dignos de una visita que nos hacen olvidar lo dicho en el párrafo anterior. Uno de ellos es el Antiguo Cementerio Judío, en el barrio de Josefov, y no está en esta lista por bonito o deslumbrante pues no es ni lo uno ni lo otro, aunque igualmente es parada obligada si se está en la ciudad y lo dice una que, salvo alguna excepción, no incluye este tipo de lugares entre las visitas a realizar por el simple motivo de que ni me atrae la escultura funeraria ni son sitios que consigan emocionarme. Pero el Antiguo Cementerio Judío (para distinguirlo del nuevo) tiene algo especial que lo hace único.

Más de 12.000 tumbas se apiñan en un espacio claramente insuficiente, y esto es así porque los judíos tienen prohibido destruirlas o transportarlas, lo cual se unió a otra prohibición, la de ser enterrados en otro lugar. Ambas dieron como resultado una acumulación tal que obligó a ir haciendo capas, una encima de otra, y así hasta doce niveles que albergan unos 100.000 cuerpos. Por suerte, a finales del siglo XIX se construyó otro cementerio, el Nuevo, y se consiguió poner freno a este desbarajuste. Las lápidas que emergen de la hierba le dan un aspecto de lo más tenebroso incluso a plena luz del día.

Para entrar al Cementerio Judío hay que pasar por la Sinagoga Pinkas, y éste sí que es un lugar que conmueve al más templado pues en sus paredes están inscritos los nombres de los casi 80.000 judíos que perecieron durante el Holocausto, rindiendo así memoria a los que no pudieron ser enterrados. Por si esto fuera poco, en sus vitrinas se exponen dibujos hechos por niños del campo de concentración de Terezin y en una sala adyacente se explican sus historias.

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