Grecia – Atenas: la Acrópolis

El lugar más emblemático de Atenas estuvo habitado desde el Neolítico, pero fue en el siglo V a.C. cuando se llevaron a cabo las grandes construcciones que le han dado fama mundial.

Globo rojo: Acrópolis / globo amarillo: Museo de la Acrópolis / globo verde: monte Licabeto

La primera jornada completa en Atenas estuvo marcada por la visita a la Acrópolis, que había empezado ya el día anterior con el panorama nocturno desde el monte Filopapos. Lo primero, por supuesto, fue ver el monumento desde dentro. Antes de las diez de la mañana ya estábamos frente a la taquilla del recinto (de 8:00 a 20:00, 20 euros) para evitar las masificaciones que presumiblemente iban a producirse más tarde al coincidir la visita en domingo y ser además al día siguiente festivo, es decir el puente del uno de mayo. Gente había mucha, eso es inevitable, pero pudimos visitarlo todo con relativa tranquilidad. Así, sin haber madrugado exageradamente pudimos entrar sin esperar, mientras que a la salida la cola era ya importante.

Cola para entrar a mediodía

Nada más entrar, a la derecha, nos encontramos con el Odeón de Herodes Ático, al que no se puede acceder porque sólo se abre cuando se celebra algún espectáculo. Igualmente la visión desde arriba es estupenda y se distingue perfectamente la parte que ha sido restaurada de la que no.

Odeón de Herodes Ático

Odeón de Herodes Ático

Traspasada la llamada Puerta Beulé y los Propileos lo primero que se viene encima es el monumento estrella del recinto, de Atenas y probablemente de toda Grecia: el Partenón, símbolo de la ciudad desde que se construyó en el siglo V a.C. tras haber sido destruidos los templos que había con anterioridad en el mismo emplazamiento. Los diferentes usos que se le dieron a lo largo de los siglos garantizaron su supervivencia hasta que una explosión acabó con él en el siglo XVII. Ya en el siglo XX se acometió su restauración y desde entonces no deben de haber cesado los trabajos pues no recuerdo haber visto ninguna foto del Partenón sin su correspondiente grúa o algún andamio, como si estos elementos ya formaran parte intrínseca del santuario.

El Partenón

El Partenón

El Partenón es un monumento impresionante y merece sin lugar a dudas todas las atenciones que ha recibido, pero a mí personalmente me gustó mucho más el Erecteion gracias sobre todo al pórtico de las Cariátides. Las seis figuras no necesitan presentación pues creo que pocas esculturas son tan conocidas en este planeta. Las originales están actualmente en el Museo de la Acrópolis menos una que está en el British, por lo que éstas son copias pero el efecto es de todas formas deslumbrante y dudo que la mayoría de gente se dé cuenta. El Erecteion está justo enfrente del Partenón, al otro lado de lo que en tiempos fue la Via Sacra por la que pasaba la procesión durante las fiestas Panateneas y por la que hoy pasan miles de turistas.

Las Cariátides

Del templo de Roma y de Augusto, situado frente al Partenón, sólo se conserva el basamento.

Restos del templo de Roma y Augusto

Desde el mirador que hay en un extremo de la colina se tienen unas fantásticas vistas de la ciudad.

Templo de Zeus Olímpico

Barrio de Plaka y monte Licabeto

En la misma falda de la colina donde está el Odeón de Herodes Ático se encuentra el Teatro de Dioniso, donde se representaron las primeras obras del teatro griego en el siglo VI a.C. y al que puede accederse con la misma entrada que para el resto de la Acrópolis.

Teatro de Dioniso

Muchos eran los monumentos, santuarios y templos que formaban la Acrópolis en su época de máximo esplendor pero la mayoría se han perdido para siempre o sólo quedan restos irreconocibles. Lo que me parece un milagro es que después de tantos siglos algunos puedan seguir todavía en pie, con algo de ayuda lógicamente dada su avanzada edad, y continúen causando la misma impresión que cuando se construyeron hace 2.500 años.

El Erecteión

El Museo de la Acrópolis (de 8:00 a 20:00, lunes de 8:00 a 16:00 y viernes de 8:00 a 22:00, 5 euros) es el complemento indispensable tras visitar los restos arqueológicos y hacia allí nos dirigimos una vez finalizada la visita y tomado un tentempié rápido. Situado enfrente de la entrada que da a la calle Dionisio Aeropagitou, contiene en tres plantas las piezas halladas en la Acrópolis, desde estatuas hasta fragmentos de edificios, coronando el edificio una estructura de igual tamaño que el Partenón sustentada por el mismo número de columnas en el que se han colocado el friso y las metopas que han sobrevivido. En el nivel uno están las cinco Cariátides originales (una está en Londres). Curiosamente, está prohibido tomar fotografías en el museo pero aquí todo el mundo las hacía y el vigilante no le llamó la atención a nadie. Vistas así, sin nada que soportar sobre sus cabezas, me dieron una sensación un poco extraña, y fuera de su contexto no me parecieron tan impresionantes.

Las originales

Nuestro siguiente objetivo era subir hasta el monte Licabeto para tener otra perspectiva de la Acrópolis. Como aún era temprano fuimos dando un largo paseo con algunas paradas como por ejemplo en el Templo de Zeus Olímpico, a donde no llegamos a entrar pero que se ve perfectamente desde fuera.

Templo de Zeus Olímpico

Atravesamos una Atenas sucia y dejada que fue cambiando un poco a medida que nos acercábamos a Licabeto pero que igualmente no invitaba al paseo. Buscamos en vano el funicular que conduce hasta la cima y ni siquiera preguntando supieron indicarnos dónde se cogía, así que iniciamos a pie la ascensión. Arriba se congregaba una multitud con el mismo propósito que nosotros y por allí nos quedamos un buen rato contemplando el panorama.

Panorama de Atenas

La Acrópolis dominando la ciudad

Las vistas de Atenas desde aquí son extraordinarias, con la Acrópolis dominando la ciudad a sus pies, pero a mí me gustaron mucho más desde el monte Filopapos pues  es la protagonista indiscutible sin nada que le haga sombra. No esperamos a que se hiciera de noche en primer lugar porque la cámara ya no habría dado más de sí con menos luz y sin trípode y en segundo lugar porque aún nos quedaba un buen paseo hasta el restaurante O Tzitzikas ke o Mermigkas, junto a la Plaza Syntagma, donde probamos un menú degustación de siete platos con vino por 50 euros que fue muy completo y sabroso.

La primera parada en Atenas concluyó con esta jornada dedicada en exclusiva a la Acrópolis vista desde diferentes perspectivas. Al día siguiente a las 6 de la mañana ya estábamos con las maletas a punto de coger un autobús que nos llevara hasta el aeropuerto para coger el vuelo hacia Rodas.

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