Grecia – Santorini: Akrotiri

Destruida primero por un terremoto y sepultada después por los restos de la erupción del volcán, la ciudad de Akrotiri está considerada la Pompeya de Santorini.

Globo granate: Akrotiri / globo amarillo: Playa Roja / globo verde: Oia / globo azul: Imerovigli / globo lila: Fira

Si el día anterior estuvo dedicado a disfrutar de un entorno paisajístico-urbano deslumbrante la segunda jornada en Santorini iba a tener un cariz más cultural ya que el primer punto a visitar eran las excavaciones de Akrotiri, a 14 kilómetros al sur de Fira. El autobús (2 euros) deja justo en la puerta del recinto (12 euros) que contiene los restos de una ciudad que probablemente se remonte a la civilización minoica. Se trataba de una visita ya programada pero nos acabó de animar la guía de la excursión en el velero del día anterior al asegurar que era comparable a Pompeya por el fantástico estado de las ruinas. Lamento decir que mi decepción fue enorme. Cierto que comparten el haber sido destruidas por el mismo fenómeno gracias al cual también se han conservado a lo largo de los siglos. Pero aquí se acaban las similitudes, empezando por sus dimensiones: si en Pompeya no basta un día entero para recorrerla, en Akrotiri son suficientes unos cuarenta y cinco minutos, lo cual nos da una idea de su reducido tamaño. Por otro lado, pasear por la ciudad italiana es como trasladarse a la época en la que todavía estaba habitada mientras que en Akrotiri cuesta hacerse una idea de lo que fue: en algunos sectores sólo quedan un montón de piedras y en los que están mejor, que son tirando a pocos, se llegan a ver las paredes de lo que fueron en su día las viviendas. Resumiendo, como en muchos otros lugares, su valor científico e histórico es incuestionable pero visualmente no me aportaron nada. La gracia además es que para ver los frescos que se encontraron en este lugar hay que ir al Museo de Fira o al Arqueológico de Atenas, con lo cual hay que pagar dos veces por lo mismo.

Recinto arqueológico de Akrotiri

Recinto arqueológico de Akrotiri

Tras el chasco de las excavaciones nos acercamos hasta la Playa Roja, a muy poca distancia de las ruinas, dando un corto paseo. A principios de mayo estaba desierta de bañistas y no demasiado llena de visitantes.

Playa Roja

Playa Roja

De vuelta en Fira con el mismo autobús que nos llevó hasta Akrotiri aprovechamos que aún era pronto para dar una vuelta por la capital de la isla, pues al haber dedicado el día anterior prácticamente entero a Oia nos había quedado pendiente. Dudamos si entrar o no en el Museo de Prehistoria (6 euros), pero viniendo de las ruinas nos pareció que lo suyo era completar la visita y no podíamos pasarlo por alto. No puedo decir que me entusiasmara pues los frescos más importantes están en Atenas, pero al menos con las pinturas reconstruidas a partir de los pocos trozos conservados no hay que echar mano de la imaginación. Eso sí, en quince minutos ya lo habíamos recorrido entero.

Fresco de Akrotiri

Fresco de Akrotiri

También echamos un vistazo al interior de la Catedral Ortodoxa Metropolitana, una de las dos que tiene Fira. No estaba entre nuestras prioridades pero pasábamos por allí y además es gratis, por lo que teníamos la excusa perfecta para ver unos frescos realizados en el siglo XX.

Catedral Ortodoxa Metropolitana

Tras estas dos mini visitas empezamos el paseo propiamente dicho por Fira. Seguimos con la misma tónica que el día anterior, casas blancas acompañadas del azul del mar y del cielo, la estampa que más rápido se identifica con Grecia. El encalado tiene su origen en la necesidad de protegerse del calor, dando como resultado una magistral combinación de ambos colores y demostrando una vez más que lo práctico no tiene por qué estar reñido con lo bello.

Fira

Puerta al mar

Calle de Fira

Caminando llegamos casi a las afueras de Fira, donde el acantilado todavía no se ha visto invadido por el urbanismo, pero a este ritmo de crecimiento turístico es posible que dentro de no mucho la primera imagen presente el mismo aspecto que la segunda.

El acantilado

El acantilado urbanizado

El plan de esa tarde consistía en hacer una ruta caminando desde Oia hasta Fira, once kilómetros en total, pero para evitar las horas centrales del día esperamos a que el sol no apretara tanto. Por tanto, a media tarde volvimos a coger el autobús pero como no sabíamos con exactitud dónde empezar el camino nos bajamos en la última parada y volvimos a ver algunos rincones de nuestra amiga Oia.

Oia

Agyos Giorgios

Tuvimos que volver al inicio del pueblo, por lo que nos habría convenido bajarnos un par de paradas antes. Pero al final encontramos el punto donde estaba marcada la ruta y emprendimos la marcha.

Indicación del camino

La caminata no reviste dificultad alguna y el sendero no tiene pérdida, es el único que hay recorriendo el acantilado por su parte superior. Las últimas casas de Oia siguen por supuesto la misma uniformidad urbanística que el resto de la isla.

Saliendo de Oia

No podían faltar una ermita y una iglesia en medio de un espectacular paisaje que fue nuestra única compañía.

De camino a Fira

Iglesia en el camino

En ruta

El contraste con la otra parte de la isla es asombroso, aquí la tierra toca al mar en un terreno totalmente plano.

Al otro lado de la isla

 A medida que nos acercábamos a Fira iba anocheciendo, lo cual es totalmente lógico dada la hora a la que habíamos salido. En ese momento sentí un poco de envidia de los afortunados que se hospedan con vistas a la caldera ya que pueden disfrutar de esta fantástica panorámica desde la habitación.

Anochece en Santorini

Calculamos mal el tiempo y la última parte tuvimos que hacerla de noche, por lo que pasado Imerovigli preferimos ir por la carretera con la esperanza de que pasara el autobús de vuelta, pero tras esperar infructuosamente un buen rato reemprendimos la marcha. En realidad, nos perdimos únicamente la sucesión de hoteles que a partir de ese momento continúa ininterrumpidamente hasta Fira. Después se nos ocurrió que podríamos haber hecho la ruta a la inversa para evitar que la noche se nos echara encima mientras caminábamos pero ya era demasiado tarde para rectificar. En cualquier caso, tuve la suerte de ver este panorama de la caldera y eso era lo importante.

La caldera

Por suerte, el restaurante de esa noche, Salt and Pepper, estaba en la calle principal y llegamos casi de cabeza. No sé si fue el cansancio pero a mí me supo a gloria la cena, aunque a un precio algo carete para ser Grecia.

Con algo de penilla nos despedimos ya de Santorini tras dos días en uno de los lugares más fantásticos que he pisado en mi vida, no me cansaré de repetirlo. Al día siguiente cogeríamos el ferry hacia Mykonos, otra archiconocida isla y nuestra última parada en el Egeo.

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