Grecia – Mykonos: Chora y Delos

Meca del turismo de playa y diversión, la isla de Mykonos es también conocida por ser la más próxima a la isla sagrada de Delos, a donde se llega desde la capital, Chora.

Globo amarillo: Chora / globo granate: Delos / globo azul: Áno Merá

De Santorini a Mykonos llegamos en un ferry rápido de la empresa Sea Jets (66 euros) que inicialmente tenía que salir sobre las diez de la mañana pero se fue retrasando hasta la una, primero comunicándolo por e-mail y después esperando en el puerto sin mediar ningún aviso. La cuestión es que al final la estancia en Mykonos se redujo a día y medio únicamente; puede parecer poco pero teniendo en cuenta que ni era época de playa ni tumbarnos al sol sin hacer nada durante horas es algo que nos apasione, el objetivo principal se cumplió: visitar la isla sagrada de Delos y conocer Chora, la capital, así que en el plan de viaje fue más que suficiente el tiempo dedicado a esta isla.

Por suerte el ferry nos dejó en el puerto viejo (algunos atracan en el nuevo) porque el hotel estaba a tan sólo diez minutos caminando; el primer trozo por el paseo de la playa fue sencillo, pero el Villa Pinepoli estaba en el corazón del laberinto que es Chora y llegar hasta él fue una pequeña odisea, como también lo fue encontrar la oficina para registrar la entrada y eso que estaba en la calle de atrás. Una vez cogido el tranquillo y con la ayuda de un plano un poco detallado no es tan difícil orientarse, pero en un primer momento parece necesario ir dejando migas de pan para no perderse.

Playa de Chora

El hotel estaba perfectamente situado, al lado de todo y al mismo tiempo aislado del ruido y el barullo de las calles más transitadas. En realidad eran pequeñas casitas estilo islas griegas con cocina y una decoración un tanto vetusta, la única pega es que olía bastante a humedad. El desayuno fue más completo que los anteriores pero lo cogimos aparte y tampoco era barato. Es una buena opción si se pagan los menos de 50 euros por noche que nos costó a nosotros, pero me parece que en temporada alta ese precio se dispara hasta casi triplicarse.

Villa Pinepoli

Aunque iba más pendiente de encontrar el hotel que de otra cosa mi primera impresión fue que Chora era una monada y al salir para dar nuestro primer paseo pude confirmar que ese laberinto de callecitas encaladas tenía algo especial.

En blanco y negro

En color

De cabeza fuimos a parar a la zona llamada Little Venice por su “parecido” con esta ciudad. La similitud, obviamente, está en la fila de casas que se asoma al mar, como en todas las otras Venecias que hay repartidas por el ancho mundo. Me pareció una cucada y para disfrutarlo mejor tuve la feliz idea de dejar que nos clavaran un poquito en una de las terrazas: dieciséis euros por dos copas de vino. El precio era a todas luces desorbitado pero el lugar lo merecía y lo pagamos a gusto.

Pequeña Venecia

Brindando por Mykonos

Desde este lugar también teníamos una panorámica excelente de los molinos de viento, una de las zonas más fotografiadas de Chora y a la que seguidamente iríamos.

Los molinos

El paseo nos llevó hasta el puerto para ver la fachada marítima de la ciudad y también para mirar los horarios de los barcos a Delos, la excursión que haríamos al día siguiente.

Iglesia

Fachada marítima

Puerto viejo

Nuevamente nos sumergimos en ese sinfín de callecitas blancas, impolutas, solitarias y, sobre todo, preciosas, donde daban ganas de perderse y vagar sin mapa corriendo el riesgo de repetir el camino, tan idénticas son unas a otras.

Un gatito en Chora

Los callejones de Chora

Demasiado poco duró, para mi gusto, el deambular sin rumbo pues el sol nos esperaba en los molinos para despedirse.

Los molinos

Puesta de sol

Contraluz

Después de la experiencia con los vinos en la Pequeña Venecia, cenar frente al puerto parecía prohibitivo pero el Captain’s no resultó tan caro y además estaba muy bueno. Por primera vez probamos el vino retsina, que pese a su gusto tan particular me pareció delicioso.

La mañana del día siguiente estuvo enteramente dedicada a visitar la isla de Delos (12 euros), lugar sagrado desde tiempos inmemoriales. Según la mitología, Artemisa y Apolo, los gemelos hijos de Leto y Zeus, nacieron aquí, por lo que es fácil imaginar la importancia que tuvo este lugar para los antiguos griegos. Actualmente la isla está deshabitada y sólo se va hasta allí para visitar sus ruinas, a las que se llega en un barco (10 euros por trayecto) que parte del puerto viejo de Chora. Este centro cultural, religioso y comercial era uno de los puntos fuertes del viaje pero no me gustó tanto como esperaba: los restos son numerosos pero la imaginación tiene aquí demasiado trabajo. Sobre todo la primera parte que está nada más entrar y se corresponde con el lugar en el que se alzaban la mayoría de edificios públicos es un no parar de piedras dispersas en las que cuesta ver lo que hubo en su día.

Recinto arqueológico de Delos

Unas columnas

En la terraza de los Leones están las reproducciones de estas estatuas mientras que los originales se conservan en el museo que se halla en el mismo recinto. Teniendo en cuenta que se hicieron en el siglo VII a.C. su estado de conservación es envidiable, de hecho casi parece un milagro que hayan llegado hasta nosotros después de vivir tanto tiempo a la intemperie. Será cosa de los dioses.

Reproducción

Originales

En el museo arqueológico están los objetos encontrados en el recinto que no fueron trasladados hasta Atenas, lo cual es de agradecer porque lo de pagar dos veces por lo mismo es una fea costumbre bastante extendida en Grecia. Aquí la visita al museo está incluida en el precio de la entrada, si bien sus pocas salas indican que el grueso de los hallazgos no lo tienen aquí.

Estatua de Artemisa

Estatua

El barrio del teatro ya me gustó algo más porque es la zona que en su día estaba habitada, aquí se pueden adivinar las islas de casas e incluso hay algunos bonitos mosaicos.

El teatro

Isla de casas

Mosaico

Tenía muchas expectativas para un lugar que no estuvo tan bien como esperaba. Una vez más, el valor histórico está muy por encima de su interés visual. No es cuestión de que lo reconstruyan todo a la perfección pero sí se agradecería alguna ayuda a la imaginación.

Recinto arqueológico de Delos

Entre barco y entradas gastamos cada uno 32 euros para visitar el recinto arqueológico de Delos. Sinceramente, me parece un precio excesivo para lo que obtuvimos a cambio, pero es de aquellos sitios que no hay que perderse en un viaje por Grecia por todo la historia que tiene detrás.

De vuelta ya en Chora quedaba una tarde entera vacía y, aunque parezca mentira, ningún plan con qué llenarla. Es lo que tiene dejar ratos a la improvisación, que a veces salen redondos y otras no tanto. Seguimos dando vueltas por el laberinto de callejuelas y, pese a su indudable encanto, al final tampoco daba el tema para mucho más.

El laberinto

Chora

En blanco y negro

Siguiendo las recomendaciones de la guía Anaya decidimos ir a la localidad de Áno Merá pensando que no sería una mala idea pasar el resto del día en un pueblo de interior. El error fue garrafal, pues no sólo las comunicaciones en transporte público eran nefastas sino que el lugar en sí era horrible. De esta forma, tras entrar en una iglesia que no nos llevó más de cinco minutos ver nos quedamos colgados en un bar de la Grecia más fea viendo pasar las horas y esperando un autobús que se hizo mucho de rogar.

Áno Merá

Para la segunda y última cena en la isla de Mykonos elegí un restaurante a cinco minutos del hotel: To Maereio, muy acogedor y bastante bueno pero uno de los más caros y de los pocos que no nos ofrecieron el postre gratis.

Con esta cena se acababa la estancia en Mykonos tras una semana visitando tres islas del Egeo. Al día siguiente muy temprano salía el avión de vuelta a Atenas donde iniciaríamos el recorrido por la península griega dejando atrás definitivamente esta bonita postal insular.

El puerto de Chora

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3 comentarios en “Grecia – Mykonos: Chora y Delos

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