Grecia – Delfos

Hablar de Delfos es hacerlo del lugar que antiguamente se consideraba el centro del mundo, tanta era su importancia en la vida de los griegos.

Globo granate: Delfos / globo azul: Kastraki

Desde la habitación del Hotel Orfeas había una vistas extraordinarias del Golfo de Corinto y ésta fue nuestra primera imagen del día.

Golfo de Corinto

Un día que estaría dividido en dos partes: la primera para visitar el recinto arqueológico de Delfos y la segunda dedicada a la carretera para llegar hasta Kastraki, el pueblo a los pies de Meteora, a 229 kilómetros de distancia.

El recinto arqueológico (de 8:00 a 20:00, 12 euros; el Museo está incluido en el precio y tiene el mismo horario salvo los lunes que es de 10:00 a 17:00) está a las afueras del pueblo, antes de llegar viniendo de Arachova o a la salida si se va desde Delfos. Aunque no hay ni un kilómetro hasta la entrada fuimos en coche para tenerlo a mano a la hora de irnos, y lo nuestro nos costó encontrar aparcamiento siendo poco más de las nueve de la mañana. Al mediodía ya no quedaba ni un hueco libre.

Delfos es un lugar de esos que necesitan poca presentación porque ¿quién no ha oído hablar de su oráculo? Hasta aquí acudía gente de todos los rincones del mundo conocido en aquella época para realizar sus consultas a Apolo, el cual se manifestaba a través de una sacerdotisa llamada Pitonisa. A cambio se entregaban ofrendas que iban engrosando el gran tesoro del Santuario de Apolo. Hasta el año 381 pasaron por aquí tanto particulares como enviados de ciudades y países para ayudarlos en su toma de decisiones; éstas sobre todo solían tener cruciales repercusiones en la vida de la gente, por lo que es evidente la importancia de este lugar en la antigüedad, que llegó a considerarse el ombligo del mundo durante muchos siglos.

La visita discurre por la Vía Sacra, donde a cada lado están los restos de los exvotos de los diferentes pueblos, ofrecidos unos en agradecimiento y otros supongo que para ganarse el favor de Apolo. Uno de los más impresionantes, situado en la esquina donde empieza la segunda rampa de la vía, es el tesoro de los Atenienses, erigido en forma de templo dórico tras ganar la batalla de Maratón.

Tesoro de los Atenienses

Un poco más adelante encontramos el antiguo santuario de Gea, la primera diosa dueña del lugar desde tiempos muy primitivos. Al parecer aquí se sentaba posteriormente la Sibila para comunicar sus vaticinios, tan incomprensibles que tenían que ser traducidos por los sacerdotes. Pero ni siquiera con la ayuda de intérpretes quedaba muy claro lo que querían decir por lo que cada cual lo entendía a su manera, que solía ser la más favorable a sus intereses como en el caso del rey Creso de Lidia, al que le profetizaron que si iniciaba una guerra acabaría con un imperio… pero se olvidaron de decirle que se referían al suyo.

Santuario de Gea

Fuimos pasando por otros restos de lo que en sus tiempos fueron estatuas, templos, trípodes, hasta llegar al templo de Apolo, construido varias veces hasta la última, en el siglo IV a.C. Sólo quedan seis columnas de las veintiuna originales y del resto sólo se ve el basamento, pero es más que suficiente para imaginar lo imponente que debía de ser el edificio, y rodeado por este paisaje tan espectacular es imposible que dejara indiferente a nadie.

Templo de Apolo

Un poco más arriba se sitúa el teatro, desde el que también se contempla el santuario. Parece un poco chocante encontrar uno en un recinto al que se le suponen funciones únicamente religiosas, pero esto se explica porque aquí se celebraban los Juegos Píticos que además de competiciones deportivas incluían concursos musicales.

Teatro de Delfos

Y al final del camino, el estadio, que aunque no se aprecie bien en la foto conserva varias filas de la gradería.

Estadio de Delfos

En el Museo, que está dentro del recinto arqueológico, se guardan los hallazgos de la zona, obras capitales del arte griego, por lo que es imprescindible acabar aquí la visita al santuario y ver por nosotros mismos una muestra de las maravillas que contenía Delfos. Muy grande no es que sea el museo pero da para pasarse una mañana entera recibiendo una lección de historia del arte con mayúsculas. En las siguientes fotos hay unos ejemplos que demuestran que la belleza no entiende de tiempos ni épocas: la esfinge alada, del 560 a.C., los gemelos de Argos (o kouroi), del siglo VI a.C. y el Auriga de Delfos, estatua de bronce del siglo V a.C.

Esfinge alada

Los gemelos de Argos

El Auriga de Delfos

El monte Parnaso, en cuya ladera se sitúa Delfos, fue el lugar que eligieron las musas como lugar de residencia, lo cual no es de extrañar viendo el extraordinario panorama que tenían a sus pies.

Desde la ladera del monte Parnaso

A pocos metros de la salida del recinto arqueológico en el mismo lado se encuentra la Fuente Castalia, que no conserva nada de su decoración original y por la que apenas sale ahora un chorrito de agua. Un poco más adelante, cruzando la carretera, está la zona llamada Marmariá, que tiene un gimnasio y el témenos de Atenea Prónaia con su tholos, edificio circular cuya función exacta se desconoce pero que es el elemento más célebre de esta parte de Delfos. Había visto con anterioridad fotos de este lugar y en mi ignorancia pensaba que se encontraba dentro del yacimiento pero no es así, está a unos cinco minutos andando y es de libre acceso.

Tholos

Tholos

Tras este viaje en el tiempo visitando Delfos era ya hora de poner rumbo hacia Kastraki, nuestra siguiente meta. El cálculo daba tres horas y cuarto pero la realidad es que tardamos cuatro y media contando paradas intermedias y la búsqueda de un lugar para comer. Esto representó toda una hazaña y de hecho lo único que encontramos fue una gasolinera donde comprar una bolsa de patatas fritas y unas galletas. Una buena parte del camino la pasamos en absoluta soledad por la Grecia profunda, a ratos desoladora por la cantidad de gasolineras y establecimientos en evidente estado de abandono que fuimos viendo pero, sin duda, mucho más real que la Grecia de postal que habíamos dejado en las islas.

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7 comentarios en “Grecia – Delfos

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