Grecia – Atenas: Museo Arqueológico

El Museo Arqueológico Nacional de Atenas alberga una completísima colección de objetos procedentes de los diferentes yacimientos que abarcan importantes épocas históricas y artísticas.

Globo granate: Kastraki / globo negro: Termópilas / globo verde: aeropuerto / globo azul: Atenas

Ese día nos esperaba una larga jornada de carretera hasta llegar a Atenas desde Kastraki, donde nos alojamos después de visitar los monasterios de Meteora. De conducción propiamente dicha eran poco más de cuatro horas, pero teníamos que ir al aeropuerto a devolver el coche y desde allí coger el autobús hasta  Atenas, por lo que no planifiqué nada especial para esa tarde porque el día se preveía movidito, no sabía exactamente a qué hora íbamos a llegar a la capital y además, por pronto que fuera, las probabilidades de que quedara algo abierto eran mínimas. Por tanto, preferimos tomarlo con calma y llegado el caso hasta podríamos pararnos y entretenernos en algún lugar de la ruta.

A la salida de Kastraki encontramos un desvío hacia unas enormes cuevas que antiguamente habían servido de eremitorios y hoy están abandonadas y algo sucias. Es evidente que esta zona de montículos se prestaba a este tipo de aislamiento anacorético, sólo hay que pensar en el origen de lo que más tarde se convertiría en monasterios.

Eremitorio

Cueva

Era hora de abandonar definitivamente Meteora y sus monasterios, un lugar único en Grecia y casi me atrevería a decir que en Europa, y que se merece todos los elogios que se le puedan dar por ese paisaje tan extraordinario que los envuelve y su peculiarísima situación y disposición, hechos a medida de las rocas y dominando todo el panorama a sus pies. Por dentro me parecieron bonitos pero lo que los rodea es lo que deja sin habla.

La ruta discurrió sin más incidentes que la singular forma de conducir de los griegos, a la cual ya nos habíamos acostumbrado tras cuatro días hasta el punto de que también nos volvimos arcenistas, es decir circulamos por el arcén para que nos adelantaran los que siempre tienen prisa y que abundan en la mayoría de países.

Aunque no estaba previsto (es lo que tiene ir sin agobios) decidimos pararnos un momento para ver el monumento a Leónidas en el lugar en el que se libró la famosísima batalla, el desfiladero de las Termópilas. La verdad es que nos venía de camino, en caso contrario no merece la pena llegar hasta aquí.

Monumento a Leónidas

Si se dispone de tiempo hay un Centro de Interpretación donde probablemente se explicará que en realidad ése no es el punto exacto donde tuvieron lugar los hechos pues al cabo de los siglos la tierra ha cambiado y se ha movido mucho. Nosotros no teníamos ganas de entretenernos más y no entramos, aunque sí vimos cerca un sitio por el que parecía que los persas acababan de pasar.

Bar en ruinas

Continuamos camino por la autopista (11 euros), parándonos únicamente a comer, hasta el aeropuerto de Atenas donde devolvimos el coche de alquiler. Moverse en automóvil da una libertad que es impagable, pero al mismo tiempo hay que reconocer que dejarlo también es un alivio pues se acaba el eterno sufrimiento del “y si pasa algo”. Por suerte, estaba tal como nos lo dieron, lo cual siempre es una buenísima noticia.

El autobús X95 que se coge justo a la salida del aeropuerto (6 euros, tarda una hora) nos dejó en la Plaza Syntagma, a un minuto del Hotel Arethusa. Era cinco euros más caro que el primero en el que estuvimos a nuestra llegada al país pero estaba muchísimo mejor en todos los aspectos: la habitación era muy amplia y confortable, el desayuno fue el más completo y variado del viaje y, por supuesto, el hotel estaba céntrico a más no poder. Le faltaba algún repaso en cuestiones de mantenimiento pero nada que fuera importante.

Volver a un lugar en el que ya se ha estado previamente aunque hayan sido sólo dos días es regresar a un sitio que nos es familiar, y ésa es la sensación que tuve al llegar por segunda vez a Atenas. Pese a no ser una de mis ciudades preferidas, por decirlo suavemente, me sentí a gusto reencontrándome y reconociendo las calles por la que había pasado casi dos semanas antes.

A todo esto se habían hecho ya las seis de la tarde y aprovechamos ese rato para comprar algunas cosillas de recuerdo al tiempo que paseábamos por el barrio de Plaka. Pero antes nos entretuvimos un rato en la Plaza Syntagma para probar el vídeo en modo time-lapse.

Buscando un sitio para cenar fuimos a parar al Restaurante Lithos, donde tenían montada una buena juerga en la calle. Desconozco si esto es así todos los días o coincidió que era viernes o bien se trataba de alguna celebración, la cuestión es que estuve un buen rato sacando fotos y grabando. Muy bonito el baile y muy animado el ambiente pero al final había demasiado barullo y no quedaba ni un hueco libre, una lástima porque era uno de los restaurantes más recomendados. Algo más tranquilo aunque tampoco mucho porque está en pleno centro de Atenas fue el Thanasis. Barato y correcto, sin más.

Un poco de folklore

 

Antes de volver al hotel nos acercamos hasta el Parlamento para asistir al cambio de guardia que se celebra allí a las horas en punto, incluso por la noche, y hacerme también una primera idea de lo que iba a ver para grabarlo al día siguiente desde la mejor posición.

Cambio de guardia

El último día completo de viaje lo dividí en dos partes: por la mañana el Museo Arqueológico y por la tarde la puesta de sol desde el Cabo Sunion, etapa que tendrá su propia entrada. Como ya no disponíamos de vehículo propio iríamos hasta el cabo en autobús, y dado que la parada está muy cerca del museo retrasé la visita hasta el mediodía para no tener demasiado rato muerto entre ambos. A primera hora fuimos a la Catedral o Megáli Mitrópoli, en la calle Ermou. Se nota que es muy nueva porque se construyó en el siglo XIX en estilo neobizantino, aunque es igual que todas sus predecesoras porque desde hace milenios se vienen siguiendo las mismas pautas artísticas.

Megáli MItrópoli

Interior de Megáli MItrópoli

Otras dos pequeñas iglesias nos salieron al paso en las cercanías, en la primera no se podía entrar y en la segunda sí.

Mikrí Mitrópolis

Kapnikarea

Se acercaba el momento de ir otra vez hasta el Parlamento y grabar el cambio de guardia. Pese a ser una de las zonas más céntricas y turísticas de Atenas su estado de conservación es penoso, hay edificios que se caen a trozos y tiendas abandonadas mientras las calles sufren una evidente dejadez.

Edificio en estado ruinoso

Tienda abandonada

Calles de Atenas

Menos de diez minutos dura el cambio de guardia y por suerte llegamos de los primeros para tener una buena posición porque poco antes de empezar la plaza estaba abarrotada. Todos los domingos a las once de la mañana se celebra el cambio solemne, lo cual significa que los soldados van más engalanados aún y, si no me equivoco, dura bastante rato. Sobre su interés, habrá opiniones para todos los gustos y reconozco que no es algo por lo que sienta una especial inclinación pero estando por allí habría sido un pecado no presenciarlo, además es gratis y muy vistoso.

Ahora sí que ya dirigimos nuestros pasos hacia el Museo Arqueológico (lunes de 13:00 a 20:00, resto de la semana de 8:00 a 20:00, 15 euros), que da nombre a este post y todavía no había aparecido por aquí. En un paseo de menos de media hora desde Syntagma estábamos ya delante del edificio cuyo contenido es una importantísima colección de piezas de arte y objetos de uso cotidiano que abarca varios siglos de historia, desde el Neolítico hasta la época romana. Es tal la cantidad de tesoros que se guardan entre estas paredes que hacer un mínimo resumen es tarea imposible, por lo que me limitaré a poner fotos de algunas de sus piezas más conocidas.

Máscara de Agamenón

Kouros de Anavyssos

Poseidón de Artemisio

Frescos de Akrotiri

La colección de cerámica es inacabable, como mi entusiasmo por ella.

Ánfora de figuras rojas

Crátera de figuras negras

Ánfora de figuras negras

Aunque puede acabar mareando tanta abundancia, y aunque no sea posible recorrer el museo en su totalidad, recomiendo encarecidamente visitarlo en primer lugar por el valor artístico de las diferentes colecciones, en segundo lugar para completar el puzzle de lo que se ha visto (o se verá, depende) en los yacimientos arqueológicos y en tercer lugar porque es la culminación (o el inicio, también depende) del encuentro con la historia que significa un viaje por Grecia.

El fin de fiesta no podía ser otro que una puesta de sol, esta vez contemplándola desde el Cabo Sunion, a dos horas de Atenas.

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Un comentario en “Grecia – Atenas: Museo Arqueológico

  1. Pingback: Grecia – Cabo Sunion | postalesdelmundo

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