Las víctimas de Santorini

Situado en el centro del mar Egeo, el archipiélago de las Cícladas está formado por más de doscientas islas que son meca del turismo mundial y se han convertido en el emblema de Grecia. Entre ellas, una de las más conocidas es Santorini, que recibe cada año miles de turistas atraídos por el encanto de sus pueblos y la belleza de su particular enclave.

Su peculiar orografía es el resultado de la erupción volcánica ocurrida hace miles de años, que rompió lo que era una única isla y dejó varias islas con altísimos acantilados. En lo alto de éstos se sitúan unos encantadores pueblos de casas encaladas que, en contraste con el azul del mar, forman una de las imágenes más icónicas de Grecia.

Thera es la capital de Santorini y desde su puerto salen a diario multitud de excursiones para visitar el volcán y también es el punto al que llegan los visitantes procedentes de los cruceros que recorren las islas griegas. Para subir a la ciudad, situada en lo alto del acantilado, hay que salvar nada más y nada menos que 587 escalones.

Aunque se diga lo contrario, la manera más tradicional y saludable de recorrer esta empinada escalinata es a pie, pero como no siempre se tienen ganas o hasta es posible que por diferentes motivos no se pueda hacer existen dos sistemas alternativos a las piernas: el teleférico y el paseo en burro.

El primero es el único que a estas alturas debería existir: es inocuo, rápido y cuesta lo mismo que subir en burro: 6 euros. Bajar a lomos del animal es más barato, 4 euros, pero no creo que la diferencia de precio sea significativa como para elegir este sistema.

Durante mi estancia en Santorini tuve que ir hasta el puerto para embarcarme en la excursión al volcán. Obviamente cogí el teleférico, primero para bajar y luego para subir de nuevo hasta Thera. Este último trayecto lo hice de noche por lo que a esas horas ya no había movimiento burril, pero durante la bajada vi toda la fila de animales bajo un sol de justicia obligados a esperar a los turistas.

Me pareció asombrosa la cantidad de burros disponibles para un negocio que está, espero, en declive. Pasé poco rato en el puerto pero no vi a ningún turista haciendo uso de este servicio pese a la limpieza de imagen que están intentando darle con mensajes del buen trato que reciben los animales.

Me llama mucho la atención el hecho de que, según este cartel, los burros sólo realizan entre 2 y 3 viajes al día. Si esto es cierto, no le arriendo la ganancia al propietario pues a 6 euros por trayecto significa que un burro le da un rendimiento de 18 euros al día como máximo. Más bien me inclino a pensar que el nulo control que se ejerce sobre esta actividad permite usar y abusar a discreción y estos avisos no son más que un lavado de cara a raíz de las quejas de los visitantes por el pésimo trato que recibían los burros. Personalmente no vi nada de esto, entre otras cosas porque no me adentré lo suficiente en la zona de espera de los animales para no presenciar innecesariamente escenas poco agradables, pero me consta que hasta no hace mucho la situación era muy diferente y ofendía incluso a personas no especialmente sensibles con estos temas, empezando por la suciedad que imperaba en las escaleras y hacía difícil el acceso a los peatones y acabando con el poco o inexistente cuidado que recibían los burros.

Los expertos en el tema recomiendan no dar paseos en caballos y burros porque esta actividad que a simple vista puede parecer muy inocente conlleva una serie de problemas que a veces no son fáciles de detectar, entre ellos (copio y pego de Faada):

“Los animales que trabajan en el ámbito turístico se enfrentan a una serie de problemas en común. A continuación, presentamos un resumen de algunos de ellos: 

  • Sobrecarga. En ocasiones los animales son montados por personas sin experiencia o demasiado pesados para ellos, o por más de una persona a la vez. Las cargas pesadas, y en ocasiones mal repartidas, pueden aumentar el riesgo de problemas graves, como las fracturas de huesos.
  • Heridas. Los roces con las sillas y otro equipamiento constantemente pueden ocasionarles heridas y llagas.
  • Golpes. Además de causarles miedo, los golpes pueden provocar heridas graves y dolorosas que podrían infectarse.
  • Falta de atención veterinaria. Estos animales no suelen recibir los chequeos veterinarios especializados necesarios ya sea por falta de interés o por su alto coste. Es frecuente observar caballos con cojeras, ya que no suelen estar bien herrados ni con las pezuñas bien cuidadas para andar todo el día sobre el duro asfalto, que en verano puede llegar a quemar, o sobre adoquines resbaladizos.
  • Estrés por deshidratación y calor. Los animales que realizan esfuerzos necesitan mucha agua y sombra para no perder minerales esenciales y sales cuando sudan. Muchos de estos équidos sufren de malnutrición y deshidratación y carecen de sombra y zonas de descanso.

La postura del animal muestra si están o no cómodos o vitales; muchos tienen la cabeza baja, los ojos cerrados y las orejas hacia atrás. El peso de su cuerpo puede no estar bien repartido debido al dolor en alguna de sus extremidades o en los cascos, que en ocasiones están agrietados o deformados. Los huesos de la cadera, de la columna vertebral y de la pelvis prominentes delatan un mal estado físico.”

Es evidente que muchos de estos problemas no son perceptibles para el turista, que normalmente está más preocupado por disfrutar de su paseo que en darse cuenta si el animal está deshidratado o fijarse si tiene alguna herida en alguna parte de su cuerpo. Es por ello que lo mejor es abstenerse de usar este sistema de transporte que no le aportará nada significativo al viaje: Santorini va sobrada de atractivos y dar un paseo en burro no es precisamente uno de ellos.

Afortunadamente parece que los tiempos están cambiado y la gente se va dando cuenta de la penosa situación de las víctimas de Santorini, o al menos así quiero creerlo visto el lavado de cara que están intentando darle al negocio. Por supuesto ninguna medida paliativa, si es que realmente se está aplicando aparte de colgar un cartel, es suficiente, ya que la única realmente válida sería que este negocio desapareciera para siempre. Seguramente en tiempos remotos, cuando no existía alternativa, tendría alguna justificación pero hoy en día no hay motivo para perpetuar esta esclavitud que sólo se acabará cuando el turista así lo decida.

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2 comentarios en “Las víctimas de Santorini

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