Noruega – Oslo

La capital de Noruega, antiguamente llamada Kristiania, está situada en el fiordo homónimo, Oslofjord, y es, lógicamente, la ciudad más importante y poblada del país.

Globo granate: Domkirke / globo amarillo: Stortinget / globo verde: Nobels Fredssenter / globo azul marino: museo Astrup Fearnley / globo azul claro: Radhuset / globo morado: Ópera / globo marrón: Norsk Folkemuseum / globo gris: Frogneparken / globo negro: Akershus Festning

El viaje de dos semanas por Noruega empezó en Oslo, donde pasamos la tarde de nuestra llegada y todo el día siguiente. Reservé un hotel bien ubicado, el Citybox Oslo cerca de la estación y también del centro de la ciudad, y relativamente barato para los estándares del país, 1740 NOK (unos 195 euros) por dos noches de estancia. La principal particularidad de este hotel de Oslo es que no hay personal de recepción y por tanto el check in hay que hacerlo mediante unas máquinas dispuestas en la entrada. Al hacer la reserva facilitan un localizador y al llegar allí sólo hay que introducirlo. Se tarda más en explicarlo que en completar el proceso pues aunque no estamos acostumbrados es sumamente sencillo.

Salimos a patear un rato por la ciudad sin más propósito que callejear el resto de la tarde hasta la hora de la primera cena noruega y empezamos por la Karl Johans Gate, una calle peatonal paralela al hotel que une la estación central con el Palacio Real. Aquí se concentra un buen número de importantes edificios como por ejemplo la Catedral, Domkirke, restaurada el pasado siglo. Por suerte la entrada es gratuita y pese a que era bastante tarde continuaba abierta así que no nos lo pensamos dos veces.

Catedral

Interior de la Catedral

Un poco más adelante está la sede del Parlamento (Stortinget), un bonito edificio del siglo XIX.

Stortinget

Por esta misma calle se puede llegar hasta el Palacio Real, pero nosotros nos desviamos hacia el puerto, donde está una de las zonas más nuevas de la ciudad, el Brygge, no sin antes pasar por delante del Museo Nobels Fredssenter, dedicado al Premio Nobel de la Paz que cada año se entrega en esta ciudad.

Nobels Fredssenter

El Aker Brygge es un moderno barrio edificado en uno de los muelles de Oslo. Lleno a rebosar de gente, parece que se concentra aquí la vida de ciudadanos y turistas ya que no falta de nada: restaurantes, centros comerciales, bares y un bonito paseo que conduce hasta el museo Astrup Fearnley, rompedor edificio asomado al fiordo construido por el arquitecto Renzo Piano que alberga una colección de arte moderno.

Mirando al fiordo

Aker Brygge

Aker Brygge

Museo Astrup Fearnley

Desde aquí se divisan también las imponentes torres del Ayuntamiento (Radhuset), emblemático edificio construido en el siglo XX, casi el símbolo de Oslo, pero que a mí por fuera me pareció horrendo.

Torres del Ayuntamiento

Radhuset

Poco antes de concluir este paseo nocturno nos enfrentamos finalmente con la cruda realidad de Noruega y sus precios y que tanto me hizo temblar cuando preparaba el viaje. Una simple cena consistente en un entrante, dos pizzas y una cerveza costó 48 euros en un local que por su aspecto prometía ser más económico, pero es que en el país más caro de Europa o se apaña uno con el supermercado o tiene que ir tirando de fast-food si no quiere volver a casa arruinado.

El plan del día siguiente era bastante relajado pues sólo había programado dos visitas: el Norsk Folkemuseum y el Parque Vigeland. Como me parecía un poco pobre aprovechamos para dar previamente un paseo por la zona de los rascacielos, llamada Barcode y situada entre el edificio de la Ópera y las vías del tren. El área no para de crecer pues la cantidad de grúas y andamios es asombrosa, de hecho según nos explicaron en un par de años se inaugurará aquí el nuevo museo Munch que se encuentra en construcción.

Barcode

La Ópera es otro de los modernísimos edificios con que cuenta la capital noruega y tiene la particularidad de que se puede caminar por el techo para tener así unas buenas vistas de la ciudad y de los nubarrones que amenazaban la lluvia que cayó al cabo de poco rato.

Ópera

Vista de Oslo

Vista del fiordo

La idea inicial era llegar hasta el Museo de Folclore noruego (Norsk Folkemuseum) en el ferry que lleva hasta Bygdoy desde el muelle que hay delante del Ayuntamiento (65 NOK i/v -7,5 euros- sale cada 20 ó 30 minutos y tarda unos quince minutos) pero como habíamos adquirido por 90 NOK (unos 10 euros) una tarjeta válida durante 24 horas para el transporte público y el ferry no estaba incluido decidimos amortizarla yendo en autobús. El número 30 deja justo delante del museo (de 10:00 a 18:00, 130 NOK – 14 euros-).

Norsk Folkemuseum

El Norsk Folkemuseum es un museo al aire libre que muestra la forma de vida noruega de los últimos siglos, con reproducciones de edificios y una iglesia del siglo XIII que fue trasladada hasta aquí desde su lugar de origen. Se pueden visitar las casas y las tiendas por dentro y en verano hay representaciones folclóricas así como recreaciones de antiguos oficios y explicaciones sobre las costumbres de antaño. Pese a que fue cayendo una lluvia intermitente me pareció un lugar interesante en el que pasamos el resto de la mañana.

Interior del Norsk Folkemuseum

Actores

Haciendo lefse

Iglesia de Gol

Vivienda rural

Interior de una vivienda

Saliendo del museo nos dirigimos a Frogneparken, un grandioso parque público famoso por contener las esculturas de un artista noruego, Gustav Vigeland. Es el lugar imperdible de cualquier visita a Oslo y no es de extrañar porque es realmente bonito. Para llegar volvimos a coger el autobús 30 y luego enlazamos con el número 20, que nos dejó en la puerta.

El parque contiene 192 grupos escultóricos, todos ellos representando figuras humanas en las diferentes fases de la vida. Dicho así puede parecer algo monótono pero no se hace en absoluto aburrido pasear por este precioso jardín, sobre todo si se tiene la suerte de que el sol vaya haciendo acto de presencia a ratos.

Una de las esculturas

Otra escultura

Otra más

La fuente central también está sostenida por seis hombres.

Fuente central

La escultura más célebre es un monolito de granito que preside el parque en el que se representan un buen número de figuras humanas amontonadas. Curiosamente, en la   ciudad tarraconense de Tortosa hay una escultura similar llamada La lucha de la humanidad.

Monolito

Plaza del monolito

Finalizada la visita volvimos al centro de la ciudad con el tranvía número 12 para acercarnos al Akershus Festning, una fortaleza del siglo XIII estratégicamente situada en el puerto de Oslo. Cuando llegamos faltaba poco para que cerraran por lo que la visita se limitó a dar una vuelta por los alrededores.

Akershus Festning

La zona de Aker Brygge concentra un buen número de restaurantes y entre ellos el famoso   cocinero Jamie Olivier tiene una pizzería. A sabiendas de que la broma nos iba a costar un ojo de la cara quise ir igualmente para probar la cocina de este chef, aunque en realidad no era excesivamente caro ya que los precios estaban en consonancia con el resto del país. A mi modo de ver no valió la pena pagar los 70 euros por un entrante, dos pizzas, una cerveza y una copa de vino, pero teniendo en cuenta que era sábado y nuestra última noche en la ciudad me pareció una buena manera de despedirnos de Oslo.

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5 comentarios en “Noruega – Oslo

  1. Pingback: Noruega – Viaje al país de los fiordos | postalesdelmundo

  2. Cuantos recuerdos bonitos me trae tu fantástica entrada 😀 Nuestra luna de miel, allá por julio del 2002 😉 fue en Noruega, recorrimos de Norte a Sur el país.
    A mi me gustaron mucho las esculturas de Vigeland, también me moló mucho el curioso museo tradicional…y guardamos muy buen recuerdo del museo del barco Fram donde disfrutamos imaginando las complejas expediciones rodeados de hielo de Amundsen, Nansen…fue una visita muy curiosa y muy recomendable.
    Lo único feo de Noruega eran y son sus precios 😉 y las torres del ayuntamiento XD jejeje
    Gracias por la lectura dominical compañera 🙂
    Un abrazo!

    PD: Me ha llamado la atención el número de grúas :-O

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  3. Ha llovido desde 2002 pero el tema de los precios veo que sigue igual de mal!!
    Lo de las grúas era realmente asombroso, no sólo en la parte más nueva sino en todo el paseo que dimos vimos muchísimas.
    Muchas gracias por dejar tu comentario, un abrazo

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