Noruega – El tren de Flam

Uno de los puntos turísticos más conocidos de Noruega es el tren de Flam, que debe salvar un desnivel de 863 metros para llegar hasta Myrdal, a tan sólo 20 kilómetros de distancia.

Globo granate: aeropuerto de Bergen / globo amarillo: Voss / globo verde: Tvindefossen / globo azul marino: Stalheimskleiva / globo morado: Flam / globo azul claro: túnel de Laerdal / globo negro: Laerdal

Aunque puedo considerar que hacer el recorrido en el tren de Flam fue la actividad más turística de esta jornada por tierras noruegas en realidad estaba programada para última hora de la tarde, por lo que antes de llegar hasta ese punto recorrimos bastantes kilómetros e hicimos alguna que otra parada por el camino.

Para empezar el día cogimos un vuelo que nos llevó desde Oslo hasta Bergen. Lo más barato que encontré fue con la compañía Wideroe, la low cost escandinava totalmente desconocida para mí hasta ese momento. Por 85 euros/persona compré los billetes; no es ningún regalo pero el tren significaba un montón de horas de trayecto y un precio similar o incluso más caro. La pega es que el avión salía desde el aeropuerto de Sandefjord, a casi dos horas de Oslo, y para llegar hasta allí tuvimos que coger un tren y un autobús que nos costó 300 NOK/persona, es decir al cambio 67 euros los dos. Lo que en principio parecía un ahorro al final supuso un buen desembolso. Lo más divertido fueron los aviones de hélice de esta compañía.

Avión de la compañía Wideroe

En poco más de una hora aterrizábamos en Bergen mientras contemplábamos este bonito paisaje a medida que nos acercábamos a nuestro destino.

Desde el avión

Acercándonos a Bergen

A punto de aterrizar

En Bergen nos esperaba el coche de alquiler que nos acompañaría durante toda la semana. Siempre buscando lo más barato, costó por siete días 518 euros. Otra ganga noruega.

Nuestro coche por unos días

La visita a la ciudad de Bergen estaba prevista para cuando finalizara la ruta por los fiordos, al cabo de una semana, de manera que en ese momento pusimos rumbo hacia Flam, nuestro principal y último destino de ese día. A todo esto se había hecho ya la hora de comer y decidimos pararnos en Voss, una ciudad que parecía bastante grande, a comprar algo para picar pero sin intención de sentarnos a una mesa para no perder más tiempo del imprescindible. Fue misión imposible encontrar un supermercado donde proveernos que estuviera abierto en domingo; por suerte, había un colmado marroquí que nos sacó del apuro gracias a unas galletas y unas patatas fritas. Tras el suculento ágape seguimos hacia la primera parada oficial del día, la cascada Tvindefossen, a 12 kilómetros de Voss en la misma carretera que lleva a Flam.

Tvindefossen

Tvindefossen

El reto de la tarde era pasar por la carretera panorámica Stalheimskleiva y pararnos en el mirador del hotel Stalheim. La particularidad de esta carretera es que tiene un desnivel del 20% y 13 curvas muy cerradas en apenas 1,7 kilómetros. La alternativa es seguir por la E16, pero entonces resulta imposible disfrutar de unas vistas excepcionales del valle. La buena noticia es que es sólo de un sentido, por lo que por complicada que parezca no vienen coches de cara, y además va de Voss a Flam, así que en realidad sólo supuso desviarnos un poco.

El mirador del hotel está abierto al público de 10:00 a 17:30 horas y es gratuito, por lo que aunque pueda dar un poco de apuro entrar en realidad están más que acostumbrados.

Desde el mirador del hotel Stalheim

En la carretera panorámica nos fuimos encontrando con varias cascadas, Sivlefossen y Stalheimsfossen entre ellas, pero soy incapaz de decir cuál es cuál pues si algo tienen estos saltos de agua es que se parecen mucho entre sí.

¿Sivlefossen?

¿Stalheimsfossen?

Llegamos finalmente a Flam para subirnos en el tren. Visto que es una de las atracciones estrella de la zona e incluso diría de toda Noruega desde que una guía de viajes la catalogó como “el viaje en tren más bonito del mundo”, compré previamente online los billetes para no quedarnos en tierra pese a que también había oído y leído comentarios no demasiado favorables por ser algo demasiado masificado. Tras algunas dudas iniciales finalmente decidí coger el último tren del día, que sale de Flam a las 18:40, en primer lugar porque pensé que a esa hora no habría tanta gente, en segundo lugar porque íbamos a dormir no demasiado lejos y nos venía de camino sin tener que correr ni dar grandes rodeos y en tercer lugar porque era la tarifa más barata, 44 euros/persona, aunque igualmente es una auténtica barbaridad.

Flam es una localidad realmente pequeña y encontrar la estación no supuso ningún problema. El trayecto hasta Myrdal dura casi una hora y al cabo de unos diez minutos inicia el viaje de vuelta desde aquí. Una alternativa interesante es bajar en bicicleta o andando, pero ni la hora ni las condiciones metereológicas eran propicias pues lo que por la tarde había sido una llovizna intermitente se convirtió durante el viaje en una lluvia torrencial.

Lluvia en Flam

En Kjosfossen, pocos kilómetros antes de llegar a Myrdal, el tren hace una pequeña parada frente a la cascada donde una ninfa vestida de rojo canta a voz en cuello con la ayuda de un amplificador. Se supone que es uno de los momentos álgidos del viaje pero la lluvia hizo imposible que permaneciéramos más de dos minutos contemplando este ameno espectáculo.

Kjosfossen

Ninfa de los bosques

La verdad es que casi lo mejor del viaje fue el tren en sí mismo, una auténtica monada y, como había supuesto, a esa hora de la tarde casi vacío.

Tren de Flam

Para mi gusto las mejores vistas están poco después de salir de Flam, subiendo a mano derecha.

Vistas desde el tren

El resto no estuvo mal pero visualmente no me pareció tan espectacular como dicen, supongo que en parte porque la lluvia nos impidió durante buena parte del trayecto disfrutar del paisale. Lo que hay que reconocer es que es un prodigio de la ingeniería construir una vía ferroviaria en un lugar tan empinado, de hecho se tardaron veinte años en finalizarla, a kilómetro por año.

Uno de los veinte túneles

Entre subir y bajar eran casi las nueve de la noche y todavía faltaba una media hora para llegar al hotel reservado en Laerdal. Para llegar lo más pronto posible atravesamos el túnel más largo de Europa, 24,5 kilómetros, que tiene una estridente iluminación cada seis kilómetros. La verdad es que conseguimos ahorrar mucho tiempo pero también fue algo agobiante pasar tanto rato encerrados entre esas paredes.

Túnel de Laerdal

Finalmente llegamos al hotel, situado en la localidad de Laerdal. El Laerdal Ferie Park más que un hotel era un camping con bungalows y un motel con habitaciones. En principio esto no tiene por qué ser malo y además el entorno era espectacular, lástima que resultó excesivamente caro pues los 100 euros que pagamos por una cutre y enana habitación fueron a todas luces excesivos pero era, en cualquier caso, lo más barato que encontré por la zona. Además hay que hacerse la cama pues como funciona tipo camping la mayoría de clientes se llevan sus sábanas y sus toallas de forma que éstas se pagan aparte y las entregan en el momento del check in. Lo peor fue que llegamos a las 21:30 horas sin cenar y sin haber comido apenas y aunque el restaurante del complejo todavía estaba lleno de gente no quisieron atendernos aduciendo que estaba cerrado desde las 21:00. Teniendo en cuenta que el mismo recepcionista nos dijo que no encontraríamos nada alrededor donde poder tomar un bocado creo que podrían haber tenido el detalle de ofrecernos algo, aunque sólo fuera un triste bocadillo o una ensalada. El día terminó, por lo tanto, acabando con las pobres existencias compradas en el colmado marroquí, es decir cenando unas galletas y unas patatas fritas.

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4 comentarios en “Noruega – El tren de Flam

  1. Pingback: Noruega – Viaje al país de los fiordos | postalesdelmundo

  2. Me ha hecho sonreír, leer y ver, que sigue la ninfa de la cascada 😀 ¿será la misma que vimos nosotros hace quince años? … yo creo que no 🙂 …me temo que aunque sea una ninfa algo remota los años no pasan en balde 😀 jajaa

    Un abrazo viajero 😉

    Me gusta

  3. Pingback: Noruega – El Sognefjorden | postalesdelmundo

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