Noruega – El Geirangerfjorden

El fiordo de Geiranger, de quince kilómetros de longitud, es otro de esos enclaves naturales noruegos imprescindibles en cualquier ruta por el país.

Globo granate: Djupvatn / globo naranja: Dalsnibba / globo amarillo: Flydalsjuvet / globo morado: Waterfall Walk / globo marrón: Geiranger / globo verde: Carretera de las Águilas / globo azul marino: Kilsti / globo azul claro: Eidsdal / globo gris: Hellesylt / globo negro: Stranda

El protagonista de este día iba a ser el Geirangerfjorden, tanto desde arriba para contemplar la panorámica como desde abajo para verlo por dentro. Ambas perspectivas me parecieron extraordinarias y el sol que se dignó salir, a ratos tímidamente, me permitió ver el paisaje en todo su esplendor tras tres días consecutivos de lluvia,

Saliendo con mucha pena del hotel de Hjelle cogimos la carretera principal para desviarnos, tras rodear el lago Djupvant, hacia el monte Dalsnibba y llegar hasta el fantástico mirador que hay en la cumbre. La carreterita es la típica de montaña y de pago (casi 15 euros) y en este caso sí que hay una caseta con cobrador dentro; supongo que la gran afluencia de turistas justifica su presencia.

Carretera hacia Dalsnibba

Djupvatn

Aunque el fiordo está un poco distanciado y se ve muy lejos, el panorama desde aquí es de los que se recuerdan toda una vida, y así nos quedamos extasiados durante un buen rato pese al fresquito que hacía en esas alturas.

Desde el monte Dalsnibba

Contemplando el panorama

Bajando ya hacia el fiordo hicimos otra breve parada para contemplar el paisaje con el que todas las mañanas se despiertan estos atrevidos campistas. En ese momento casi llegaron a darme envidia.

Acampada libre

El siguiente punto, éste de obligada parada, es el mirador de Flydalsjuvet. Desde aquí el fiordo se ve tan bien que no es de extrañar que lo hayan puesto en ese lugar tan estratégico. La roca que sale en todas las fotos (buscar en Google) con gente encima ya no es accesible porque han colocado una valla y en teoría no se puede pasar, como se pude apreciar en la foto ampliada de abajo, aunque siempre hay quien se arriesga. La composición fotográfica era muy vistosa, eso sin duda, pero supongo que demasiado peligrosa.

El Geirangerfjorden

La valla

Era hora ya de acometer la subida de la Carretera de las Águilas (Ornesvingen) una pronunciadísima pendiente que concentra todas las curvas del mundo. Más que complicada resultó fatigosa por la cantidad de tráfico que había arriba y abajo, pero la recompensa fue una espléndida vista del fiordo.

El Geirangerfjorden

El Geirangerfjorden

Todavía era pronto y como hasta las seis y media no íbamos a hacer el crucero nos acercamos hasta el pueblo de Eidsdal, el último que hay siguiendo la misma carretera, y pocos kilómetros antes de llegar cogimos un desvío a la izquierda para subir hasta otro mirador, llamado Kilsti. Obviamente no era tan espectacular como los anteriores pero al menos estaba más tranquilo.

Subiendo a Kilsti

Mirador de Kilsti

Por supuesto, ya que estábamos allí acabamos la ruta en Eidsdal, un pueblo asomado al fiordo con casas monas y poco más, donde aprovechamos para abastecer nuestra escueta despensa vistas las dificultades que estábamos teniendo para encontrar restaurantes que ni se fueran del presupuesto ni fueran fast-foods. Yendo de hotel y sin posibilidades de cocinar ni calentar una triste sopa, las provisiones forzosamente se limitaban a galletas dulces y saladas o un poco de pan con queso; no es que fuera mucho pero nos sacaron de más de un apuro. Tras esta explicación práctica, decir que sólo por atravesar esa bonita carretera ya valió la pena alargar la mañana.

El muelle de Eidsdal

Casa de Eidsdal

En ruta

De vuelta otra vez en Geiranger tocaba esperar la salida del ferry que cruzando el fiordo nos llevaría hasta el otro lado, el pueblo de Hellesylt, con coche incluido, es decir que sirvió de paseo y también de transporte. Antes aún tuvimos tiempo de comer un bocadillo, guardando nuestras valiosas provisiones para épocas de carestía, pues Geiranger es un pueblo muy pequeño pero recibe tantos turistas que si algo sobra son bares y restaurantes, nada baratos por cierto. También pudimos ir por Waterfall Walk, un corto paseo de apenas veinte minutos que conduce hasta una bonita cascada. Encontrar el sendero es super fácil porque está indicado pero si no basta con preguntar en la Oficina de Información.

Waterfall

Waterfall

El crucero, de una hora de duración, costó con coche incluido casi 87 euros. Fue un mix entre recreativo y útil, ya que al mismo tiempo que disfrutábamos del paisaje llevábamos el coche al otro lado ahorrándonos muchos kilómetros de carretera para llegar al alojamiento de esa noche, en Stranda. El Geirangerfjorden desde dentro también me gustó mucho pero, como siempre, sigo prefiriendo las vistas aéreas.

El Geirangerfjorden

El Geirangerfjorden

No obstante, admito que fue un paseo delicioso entre montañas y cascadas, algunas tan famosas como “Las Siete Hermanas” y “El Pretendiente”, éste con forma de botella pues se dio a la bebida tras ser rechazado por todas ellas.

Las Siete Hermanas

El Pretendiente

Al cabo de una hora estábamos en Hellesylt, donde apenas paramos para hacer un par de fotos y seguir con el coche en dirección a Stranda.

Hellesylt

El fiordo de camino a Stranda

El Stranda Hotel era un buen alojamiento pero muy caro (145 euros). La habitación que nos dieron estaba bien acondicionada y era grande, la única pega es que el cuarto de baño no tenía interruptor, como nos explicaron en recepción después de estar buscándolo durante un buen rato. Al parecer toda un ala de este inmenso hotel padece el mismo problema, será que las instalaciones se las encargaron a Pepe Gotera y Otilio lo cual me resulta incomprensible en un hotel de esta categoría y precio. De esta manera, o la luz se queda encendida siempre que se está en la habitación, noche incluida, lo cual es un despilfarro descomunal, o hay que desconectar la tarjeta y entonces no es posible cargar móviles y baterías. No es que sea importante porque, precio aparte, el hotel era muy confortable, pero me llamó la atención semejante descuido que, por la manera en que lo dijo la recepcionista, no va en camino de ser arreglado.

Puede parecer que estábamos dando más vueltas de las necesarias, pues lo suyo habría sido quedarse a dormir por Geiranger como ideado en el plan inicial, pero la escasez de hoteles por la zona que reunieran unas mínimas condiciones en lo relativo a calidad-precio nos obligó a hacer encajes de bolillos con la ruta. Esto fue una tónica general en todo el viaje, no sólo en esta parte, pero posiblemente por Geiranger se notó de manera más acusada. Estamos hablando de campings con baño compartido a 100 euros la noche, precio que me parece astronómico incluso para Noruega. Al final es preferible pagar un poco más y tener a cambio algo de intimidad.

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Un comentario en “Noruega – El Geirangerfjorden

  1. Pingback: Noruega – Viaje al país de los fiordos | postalesdelmundo

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