Noruega – La Trollstigen y Alesund

La Trollstigen es una empinada carretera de montaña que gracias a sus peligrosas once curvas de 180º se ha convertido en una de las más transitadas de Noruega.

Globo granate: Stranda / globo naranja: Liabygda / globo amarillo: Gudbrandsjuvet / globo verde: Trollstigen / globo azul marino: Trollveggen / globo azul claro: Alesund

El plan de ese día era sumamente sencillo porque sólo destacaban dos puntos a visitar, la Trollstigen o Carretera de los Trolls y Alesund. Si desde Stranda, donde dormimos, hubiéramos ido directamente a nuestra meta final nos habría sobrado tiempo, pero desviarnos para pasar por la Trollstigen nos entretuvo y llegamos a Alesund ya por la tarde. La buena noticia es que era una mañana radiante, por lo que el día se auguraba fantástico ya en el ferry desde Stranda hasta Liabygda. Cuidado al buscar Stranda en Google Maps porque lleva a un punto en medio de la nada al sur de donde está la ciudad en la que nos alojamos, situada en la orilla del Storfjorden, cerca de donde se junta con el Geirangerfjorden.

Storfjorden

Llegando a Liabygda

Una vez en el otro lado no pude resistir la tentación de pararme a contemplar el fiordo tan bien iluminado por el sol. Seguía sin creerme que por fin la lluvia nos estuviera dando un respiro.

El Geirangerfjorden

El Geirangerfjorden

A partir de aquí era sólo cuestión de coger la carretera 63 y seguir derechitos hasta Gudbrandsjuvet, un cañón que forma el río Valldola. Las pasarelas estratégicamente colocadas lo hacen fácilmente accesible para cualquiera.

Cascadas del río Valldola

El cañón Gudbrandsjuvet

Pasando por un entorno espectacular nos íbamos acercando hacia el reto del día, atravesar la carretera de los Trolls y sus endiabladas curvas.

Hacia los Trolls

Uno de los muchos lagos

Empieza la aventura.

Inicio de la Trollstigen

Y una vez encarados nos dimos cuenta de que habíamos pasado de largo el mirador desde el que se ve a la perfección la famosa carretera por la sencilla razón de que no sabía con exactitud si estaba antes o después, es decir que en ese momento desconocía si íbamos a subir la carretera o a bajarla. De manera que tocó bajar, subir y volver a bajar. En resumen, no contentos con una la recorrimos tres veces, la última casi con los ojos cerrados.

La Trollstigen

El mirador

Otro mirador

Lo que no podía faltar en el país del agua era una cascada: ésta se llama Stigfossen y hay un tramo por el que se junta con la carretera y pasa por debajo suyo.

La Stigfossen

La Stigfossen

No sé si la carretera puede incluirse en la lista de las más peligrosas del mundo, a mi modo de ver lo que la hace realmente dificultosa es el intenso tráfico que circula por allí, sobre todo cuando se juntan subiendo y bajando autobuses, caravanas y coches, todos a la vez intentando pasar por el mismo sitio.

Tráfico en la Trollstigen

La Trollstigen es toda una experiencia pero sólo se puede probar en los meses de verano (más o menos de mayo a octubre), cuando empieza el frío permanece cerrada al tráfico.

Ya que estábamos por allí aprovechamos para acercarnos hasta la Trollveggen, la roca vertical más alta de Europa, donde aparte de verla pudimos descubrir las rutas que algunos osados se han atrevido a abrir en este coloso de más de 1000 metros.

La Trollveggen

Rutas para subir a la Trollveggen

Con tanto troll por ahí suelto lo más normal del mundo fue encontrarnos con estos seres de la mitología escandinava.

Tienda de Trolls

A partir de este momento sólo paramos para estirar las piernas de camino a Alesund, nuestra meta final del día.

Parada técnica

Alesund es una ciudad preciosa situada en el Mar de Noruega y dividida en tres islas comunicadas entre sí: Norvoya, Aspoya y Hessa. Nuestro hotel, el First Hotel Atlantica, estaba estratégicamente situado entre las dos primeras, es decir en el corazón de la ciudad, y tenía unas vistas fantásticas desde la habitación, que era amplia, cómoda y muy funcional. No era barato (113 euros) pero al menos se acercaba a lo que entiendo por una buena relación calidad-precio, a diferencia de otros muchos hoteles noruegos.

A principios del siglo XX un incendio destruyó una buena parte de la ciudad y fue reconstruida gracias a las aportaciones europeas, tanto económicas como profesionales que, siguiendo los cánones estéticos de la época, la rehabilitaron conforme al estilo modernista, razón por la cual presenta este aspecto tan poco nórdico.

El puerto de Alesund

El puerto de Alesund

Aunque cuenta con varios museos al parecer muy recomendables nuestro itinerario turístico no incluyó ninguno, ya que se limitó a deambular tranquilamente por el centro de la ciudad para admirar esta bonita arquitectura.

El Jugendstilsenteret

El Paseo Marítimo

Llegó la hora de cenar y como llevábamos varios días malcomiendo productos del supermercado o tirando de fast-food decidimos aprovechar el 10% de descuento que nos hacían en un restaurante por estar alojados en el hotel. Fuimos tempranito porque aún nos faltaba lo más importante del día, subir al mirador Fjellstua, pero para nuestra sorpresa nos dijeron que no nos podían atender porque la cocina estaba colapsada y era mejor que volviéramos al cabo de una hora. Obedientes, seguimos el paseo por el puerto hasta la iglesia y su cementerio anexo, una disposición muy común a todos estos recintos sagrados.

La isla de Aspoya

El cementerio

 

Volvimos a insistir en el restaurante al cabo del tiempo estipulado pero seguían igual o peor por lo que nos dimos por vencidos y acabamos en un quiosco comiéndonos otra ración de fish and chips, un plato que empezaba a ser recurrente en este viaje. La verdad es que todavía me pregunto cómo fue posible que llegaran  al extremo de colapsar una cocina cuando el local ni siquiera estaba medio lleno. Al final solventamos la papeleta y lo dejo sólo como una anécdota más, de las muchas que se suceden a lo largo de cualquier viaje.

Para ir al mirador Fjellstua hay dos sistemas: a pie o en coche. En el primer caso hay que subir 418 escalones y como no me apetecía demasiado al final fuimos en automóvil. Hay que dar un poco de rodeo pero está perfectamente indicado y no tiene pérdida alguna. Las vistas desde aquí son de las que dejan boquiabierto durante un buen rato, y de hecho estar ahí fue uno de los principales motivos de incluir Alesund en la ruta noruega.

Llegando al mirador

El mejor punto panorámico es la terraza de un bar y para amenizar el rato se puede tomar algo, aunque no es obligatorio. Allí estuvimos esperando a que se hiciera de noche y fuimos viendo la ciudad iluminada por un sol bajo que la hacía más atractiva aún.

Alesund

No sé cuántas docenas de fotos saqué hasta que a las once cerraron el bar y nos echaron a todos los que habíamos plantado nuestro trípode. Me habría gustado ver la ciudad totalmente iluminada y con un cielo más oscuro pero hay que tener en cuenta que a esa latitud y en esa época anochece tardísimo, por lo que no sé hasta qué hora tendríamos que habernos quedado plantados en la escalera, si es que en algún momento de la noche está totalmente oscuro.

El sol a las diez de la noche

Panorámica de Alesund a las diez y media

A la mañana siguiente nos despedimos de Alesund con algo de tristeza por no haberle podido dedicar más tiempo y nos dirigimos hacia el sur, a Nordfjordeid, en la primera de las dos etapas en que dividimos la vuelta a Bergen.

Alesund por la mañana

 

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6 comentarios en “Noruega – La Trollstigen y Alesund

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