Noruega – Bergen y la lluvia (y 2)

Situada en el oeste de Noruega y rodeada por siete montañas, Bergen ha alcanzado fama mundial como una de las ciudades más bonitas del país escandinavo.

Globo granate: Bryggen / globo amarillo: Mercado al aire libre / globo verde: Mercado cubierto / globo azul: Floyen / globo lila: Catedral

Salimos de Moskenes en el ferry de las siete de la mañana para llegar a tiempo a coger el vuelo desde Bodo hasta Bergen y también para devolver el coche de alquiler en el aeropuerto, dejándolo en perfecto estado. La mala noticia era que estaba lloviendo y la previsión no era que mejorara y menos en la ciudad que registra récords de precipitaciones anuales. Y así fue, llegamos a Bergen cinco días después de nuestro primer paso fugaz por allí y seguía igual de lluviosa y fría. Desconozco si durante ese tiempo salió algún día el sol pero desde luego no lo parecía.

El Basic Hotel Bergen era, por supuesto, bastante caro (unos 150 euros) pero la habitación estaba muy bien y el alojamiento era céntrico, así que al ser la última noche en Noruega no íbamos a escatimar después del dineral que llevábamos gastado. Salimos paraguas en ristre y sin muchas esperanzas de que la tarde mejorara, de manera que se me ocurrió coger un autobús turístico que nos llevara a ver los lugares más emblemáticos de la ciudad, pero el último acababa de salir y me quedé con las ganas. No es que sea muy partidaria de esta forma de ver los sitios y de hecho no recuerdo haberla utilizado nunca, pero vistas las circunstancias pensé que sería una buena manera de hacer algo protegiéndonos al mismo tiempo del agua. Como no pudo ser dimos un paseo por el Bryggen, la zona del muelle donde están las casas de madera pintadas de colores que pertenecieron a la Liga Hanseática y que son la estampa más reconocible de la ciudad.

Bryggen

Detrás de esta bonita fachada de colores están los estrechos callejones que son tanto o más interesantes que su parte más visible.

Bryggen por dentro

Bryggen por dentro

Bryggen por dentro

Aunque de vez en cuando la lluvia iba dándonos alguna una tregua, como cuando grabé el vídeo anterior, la tarde no estaba para muchos paseos y más bien parecía que estábamos en pleno invierno más que a mediados de agosto.

Bergen a mediados de agosto

Otro de los puntos más concurridos de Bergen es el mercado de pescado que se desarrolla todos los días al aire libre y donde también se puede comer. A pocos metros, en los bajos de la oficina de información turística, hay otro mercado cubierto en el que también hay restaurantes y allí nos metimos, no con intención de comprar ni probar nada sino sólo para que se secara el paraguas. Allí vi lo que ya sabía pero no quería ver: ballenas listas para su consumo. Me hace gracia que una sociedad que presume de tan avanzada siga capturando un animal que tiene serios problemas para seguir sobreviviendo cuando el resto de países, salvo Islandia y Japón, acataron la prohibición de 1986 sobre esta práctica que llevará en pocos años a su extinción, por no hablar del sistema utilizado para pescarlas que es de una extrema crueldad. No voy a extenderme más pues información acerca de este tema se puede encontrar con suma facilidad, simplemente quiero dejar constancia de este lamentable hecho.

Ballena envasada

Ballena envasada

La idea de coger el funicular que lleva hasta el mirador de Floyen quedó temporalmente descartada debido a las condiciones climáticas y fue aplazada hasta la mañana siguiente esperando que la suerte nos sonriera y el tiempo mejorara porque ir hasta allí y no ver nada era tontería. Una pena porque era de las cosas que más me apetecía hacer en Bergen.

Nubes en el mirador

De tanto mirar al suelo esquivando charcos me encontré con estas curiosas tapas de alcantarilla.

Tapa de alcantarilla

Lo que me pareció increíble es que en una de las ciudades más lluviosas del país y a lo mejor hasta del mundo (llueve más de 200 día al año) sus calles no estén en absoluto preparadas para este horrible clima. Hay muchísimas baldosas sueltas que salpican agua al pisarlas y se forman unos charcos casi insalvables. Harta ya de aguantar el paraguas y de tener que ir dando saltitos por la calle para no mojarme los pantalones más de lo que ya estaban concluimos la ruta para ir al hotel a que se secara la ropa. Para celebrar tan glorioso día cenamos en Restaurante Pingvinen,  recomendado en el blog El Caldero Viajero y que justamente estaba en la calle de al lado del hotel, una suerte porque cuando volvimos a salir seguía lloviendo a cántaros. Era más un tipo pub y, por tanto, la carta era muy corta, pero el ambiente era delicioso y la comida aún más. Un acierto elegirlo para despedirnos del viaje.

A la mañana siguiente, la última ya en Noruega, llovió sólo a ratos pero subir hasta el mirador de Floyen para ver Bergen en todo su esplendor seguía siendo una mala idea. No se veía ni la montaña desde abajo así que podemos imaginar las vistas que había desde arriba.

Detrás de las nubes está el mirador

Apuramos las últimas horas dando un paseo por los alrededores de la Catedral, que estaba en obras y no se podía visitar. Fuimos encontrando unas calles preciosas y un bonito parque pese a lo gris del día. Sin ningún objetivo concreto nos entretuvimos un rato viendo una exposición de coches antiguos que me pareció que estaban también a la venta.

Paseando por Bergen

Paseando por Bergen

Byparken

Exposición de coches antiguos

Con este soso día en una de las ciudades más bonitas de Noruega finalizó el viaje de dos semanas por este país. Sólo quedaba ir hasta el aeropuerto y tomar el vuelo de vuelta a casa. Desde el cielo parecía que el tiempo había mejorado algo con nuestra marcha.

Volviendo a casa

 

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3 comentarios en “Noruega – Bergen y la lluvia (y 2)

  1. Pingback: Noruega – Viaje al país de los fiordos | postalesdelmundo

  2. Es curioso lo mucho que la luz lo cambia todo. Es cierto que a veces mola ver las cosas tal y como son habitualmente, si llueve 300 días en Bergen pues nos adaptamos y chimpúm…Pero los rayos de sol son capaces de hacer magia y llenar el mundo de color y de energía. Nosotros la conocimos un día raro con sol, y viendo tus fotos la ciudad me parece apagada, tristona, gris …pese a su mucho verde y colores. Yo con los viajes me he dado cuenta, de que me adapto a la meteorología pero necesito el sol/la luz más de lo que pensaba.
    Un abrazo compañera!

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    • Sí, la verdad es tras la lluvia se intuía una ciudad preciosa y fue una lástima no poder aprovecharla bien. Yo también intento adaptarme al clima, entre otras cosas porque no queda otro remedio, pero hay veces en que condiciona demasiado, en este caso subir al mirador de Bergen habría sido absurdo y así me perdí una de las cosas que más me apetecía hacer en esta ciudad.
      Un abrazo viajero y muchas gracias por dejar tu comentario.

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