Top 15: Jungfraujoch – Grindelwald (Suiza)

Cualquiera que sea la estación del año en que se visite, en Suiza cualquier viaje estará protagonizado por una extraordinaria naturaleza y las actividades con ella relacionadas, si bien debo admitir que en el road trip por este país realizado hace ya varios años no era mi principal objetivo pues en esa época era más amante del turismo urbano y además la preparación de los viajes por mi parte dejaba bastante que desear. Reconozco mi gran equivocación y sé que algún día debería subsanarla pero con todo, teniendo los Alpes al alcance de la mano, por descontado hubo también alguna etapa dedicada por entero a disfrutar de la montaña, y no se me ocurrió mejor manera de hacerlo que subir a la llamada cumbre de Europa.

El Jungfraujoch, en los Alpes suizos, es un puerto de montaña al que se puede acceder en un ferrocarril que llega hasta la estación homónima situada a 3.454 metros, la más alta del continente europeo. No contentos con este récord, un poco más arriba, a 3.571 metros, se alza un observatorio llamado Sphynx en el que hay también una plataforma para contemplar el paisaje. Ésta y las montañas de alrededor están dentro del llamado Jungfrau-Aletsch-Bietschhorn, un paraje natural declarado Patrimonio de la Humanidad.

El Sphynx

A poco más de una hora en coche de Berna está el encantador pueblecito de Grindelwald, uno de los dos puntos desde el que se puede coger el tren que sube hasta el Jungfraujoch. El otro es Lauterbrunnen, pero nosotros subimos en el primero porque aprovechamos esa mañana para hacer otra excursión y nos quedaba más cerca. No recuerdo el precio exacto del billete pero sé que era astronómicamente caro, sobre los 150 euros por persona si la memoria no me falla.

Grindelwald

Recuperados del susto tras pagar este dineral había otra mala noticia: ese día no era el más indicado para abordar esta excursión, pero es lo que tienen este tipo de viajes, que se pasa por allí en ese momento, haga bueno o malo, y no hay segundas oportunidades. Basándonos en el hecho de que en la montaña el tiempo suele ser muy variable teníamos la esperanza de que mejorara e iniciamos la ascensión en el trenecito, encontrándonos de frente con el Glaciar Aletsch, un enorme mar de hielo de 23 kilómetros de longitud.

Glaciar Aletsch

Una vez arriba las vistas podrían haber sido mucho mejores si el sol hubiera aparecido un sólo momento, pero igualmente la emoción de estar a esa altura sin haber realizado el más mínimo esfuerzo y el espectacular entorno compensaron lo apagado que estaba el día.

El macizo del Jungfrau

En el observatorio Sphynx además de tiendas, lavabos, bar y restaurante, hay un Palacio de Hielo muy recomendable y curioso en el que no sólo las figuras son de hielo sino también las paredes y el suelo, por lo que no hace falta decir que hay que abrigarse bien para entrar porque la temperatura es gélida.

Palacio de Hielo

Esquimales

Escultura de hielo

Aunque el precio del tren puede ser un elemento disuasorio, la subida hasta el Jungfrau, la montaña más alta de la zona (4.158 metros) y que da nombre al ferrocarril, es una excursión altamente recomendable, sobre todo si somos poco amantes de las caminatas ya que es una buena manera de estar en contacto con la alta montaña sin sudar ni una gota.

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