Calella de Palafrugell (Girona)

Para muchos, entre los que me incluyo, la Costa Brava es uno de los parajes más atractivos de Catalunya gracias a su abrupto litoral, sus apartadas calas y sus pueblos de pescadores que le han dado una merecida fama mundial.

Desde Blanes hasta Portbou, en la frontera con Francia, la Costa Brava tiene más de 200 kilómetros e infinidad de pueblos a cual más bonito. Algunos bastante masificados turísticamente hablando y otros menos conocidos, pero la mayoría ha sabido conservar su encanto original pese a algunos desmanes urbanísticos que son comunes a casi todos. Aunque es difícil elegir uno porque todos son merecedores de encabezar el ranking, reconozco que siento una especial predilección por Calella de Palafrugell.

Calella de Palafrugell

Aparte de darse un baño si es época o pasear por este encantador pueblo de pescadores, una actividad muy interesante que se puede hacer desde Calella es recorrer parte del Camí de Ronda, antigua vía por la que se intentaba controlar el contrabando y que en la actualidad se ha habilitado como ruta de senderismo. Este camino comprende todo el litoral de la Costa Brava, aunque hay tramos que todavía no se han acabado de acondicionar del todo. El que sale de Calella hacia el norte y llega hasta Tamariu coincide en algunas partes con el GR-92 y permite ver el mar desde los acantilados atravesando un tupido bosque mediterráneo.

Un soleado día de septiembre iniciamos el recorrido en la Platja del Canadell y acabamos en Tamariu, a más o menos seis kilómetros de distancia. El recorrido por la fachada marítima de Calella lo dejamos para la tarde.

Globo granate: Canadell / globo amarillo: Llafranc / globo verde: Faro de Sant Sebastià / globo azul marino: Cala Pedrosa / globo rojo: Tamariu / globo azul: Els Canyers

Desde el Canadell hasta la primera parada, el faro de Sant Sebastià, hay poco más de dos kilómetros y medio que en algunos tramos se convierten en escaleras y en otros se comparten con la carretera. En esta parte destaca Llafranc, otro pueblo de pescadores muy cercano a Calella y tan encantador como éste.

Llafranc

Llafranc

Hay que subir un poco para llegar hasta el faro pero las vistas bien merecen el esfuerzo.

Desde el Faro de Sant Sebastià

La siguiente meta desde el faro es Cala Pedrosa, a donde se llega siguiendo las marcas del GR-92. Son poco más de dos kilómetros que en su mayor parte pasan por el interior y en el desvío hacia la cala atraviesan un tupido bosque mediterráneo del que no se ve el fondo.

Ruta por el interior

Bosque de camino a Cala Pedrosa

Cala Pedrosa hace honor a su nombre porque arena no tiene, son guijarros los que conforman el trocito de playa. Muy cómodo para tumbarse no debe de ser pero la tranquilidad está asegurada porque sólo se puede acceder hasta aquí por este camino o en barco. Aunque tiene su encanto éste es el típico sitio que se aprecia mucho mejor desde el mar.

Cala Pedrosa

Para llegar hasta Tamariu hay que subir las escaleras que salen desde Cala Pedrosa y seguir hacia el norte. Llamarlo escaleras es una manera de hablar porque en realidad es la subida por la roca a la que se le ha puesto una barandilla para hacerla más accesible.

Escaleras desde Cala Pedrosa

Es un poco fatigosa la subida pero las vistas parciales de la cala y de la costa son para repetir.

Subiendo desde Cala Pedrosa

Vista parcial de la cala

Tras atravesar otro bosque el tramo discurre por el litoral pasando por encima de las rocas y unos acantilados que dan algo de vértigo. Es, probablemente, el trozo más auténtico, con el mar a un lado y la abrupta costa bajo los pies.

Bordeando el acantilado

Por la costa

Y, por fin Tamariu, donde pusimos punto final a la primera parte de la excursión, que puede prolongarse hasta el norte de esta población pero que no abordamos porque buena parte del camino pasa por una urbanización y la otra al parecer está en un estado bastante penoso, sin señalización y con muchas zarzas. No nos apetecía ni ver casas ni perdernos, de manera que decidimos volver al punto de inicio.

Tamariu

Como todas las rutas lineales, la vuelta hay que hacerla por el mismo camino. Si no apetece repetir existe la alternativa de coger un autobús (fuera de temporada no funciona los fines de semana) o un taxi que en menos de diez minutos nos deja en Calella. Aquí, en la Platja del Canadell, desde donde habíamos salido por la mañana, completamos el paseo hasta llegar a Els Canyers, ruta toda ella urbana que discurre por la fachada marítima de la población.

El Port Bo

Mejor que las playitas y las calas que se van sucediendo es la panorámica de Calella que se tiene desde diferentes puntos, entre los cuales destaca Es Còdol, un conjunto de rocas en el que hay un mirador donde detenerse un buen rato.

Mirador dentro de Calella

Mirador de Es Còdol

Este paseo sólo tiene un kilómetro de longitud y se completa en un plis plas. Si es posible, vale la pena esperar a que oscurezca para tener unas formidables imágenes de Calella, primero durante la famosa hora azul y luego siendo noche cerrada con todas las casas iluminadas.

Hora azul en Calella

Por la noche desde Es Códol

Noche cerrada

Para completar tan fantástico día nada mejor que degustar la sabrosa gastronomía local. La oferta es amplia pero como es obligatorio elegir porque es imposible probarlo todo escogí para la ocasión el restaurante La Blava, con una altísima puntuación en Tripadvisor (nº 1) totalmente justificada. Es recomendable reservar porque la fama que dan los buscadores hace que sea muy difícil encontrar mesa libre.

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2 comentarios en “Calella de Palafrugell (Girona)

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