Tanzania – Serengeti (I)

El P.N. Serengeti forma parte del llamado Gran Serengeti, una gran extensión de tierra repartida entre Tanzania y Kenia.

Un nuevo día empezaba con nosotros ya instalados en el coche y preparados para otra intensa jornada de safari. Madrugar tanto no sólo nos permitía aprovechar todas las horas de luz para ver animales sino también contemplar unos espectaculares amaneceres.

El motivo por el que es recomendable salir tan temprano se debe principalmente al hecho de que a primera hora de la mañana y a última de la tarde es cuando los animales realizan sus actividades y es más fácil verlos en su salsa. No es que a mediodía desaparezcan pero notan mucho el intenso calor de las horas centrales y prefieren moverse cuando la temperatura es más agradable.

El área a explorar en esta jornada es la conocida como Seronera, situada en el centro del Serengeti. Por descontado, soy incapaz de precisar cuántos kilómetros recorrimos ni cuál fue la zona concreta que visitamos; es más, posiblemente pasamos más de una vez por el mismo sitio, pero en este tipo de viajes eso es lo que menos importa porque en cada rincón hay una nueva experiencia que no se parece en nada a la anterior aunque se produzcan en el mismo lugar. El entorno, una vez más, seguía siendo espectacular, de esos que no se olvidan con facilidad.

El momentazo del día no se hizo esperar y antes de las ocho de la mañana ya teníamos a nuestras estrellas, una pareja de leones, copulando justo en un lado de la pista, lo cual significa que asistimos durante mucho rato al espectáculo en primera fila, a pocos metros de la rubia melena. Estos animales se caracterizan por pasarse hasta 48 horas apareándose sin tiempo para comer ni apenas descansar ya que cada quince minutos aproximadamente tienen que repetir la cópula. Aunque el acto en sí dura segundos, desde el punto de vista del turista no hay que preocuparse porque dada la frecuencia es cuestión de esperar un poco y enseguida llega el siguiente.

El espectáculo leonil no había concluido ni mucho menos pero como tampoco era cuestión de pasar el día contemplándolo seguimos ruta por Seronera observando la vida y la naturaleza a nuestro alrededor.

Nos sorprendió un solitario hipopótamo que, pasadas las ocho y media de la mañana, todavía permanecía fuera de la charca. Estos animales, pese a su imponente aspecto, tienen una piel muy sensible al sol y por eso deambulan por la noche y pasan el día metidos en el agua. Éste aún estaba lejos de su destino final acuático pero no parecía importarle demasiado.

Por supuesto, en este paisaje tan típicamente africano no podían faltar ni las acacias ni sus consumidoras, las jirafas, aunque ese día encontramos muy pocas.

Una inofensiva pitón se cruzó en nuestro camino y pasó justo por debajo del coche.

No voy a dejar de poner al menos a una de las variadísimas especies de aves, preciosas todas ellas.

Vislumbramos en la lejanía, colgado de un árbol, lo que parecía un leopardo. Pese a que esperamos un buen rato no hubo forma de que bajara para poder contemplarlo de cerca. Es el atractivo de este tipo de aventuras, que los visitantes no tenemos poder para decidir ni el cuándo ni el cómo de los avistamientos y hay que estar a expensas de lo que sus legítimos habitantes decidan. Lo que sí es posible es sobrevolar en avioneta la zona para tener una visión totalmente diferente del lugar.

Segundo momentazo y no eran ni las once de la mañana: cinco leonas en busca de algo que comer. Pasaron tan cerca del coche que si hubiéramos sacado la mano podríamos haberlas acariciado sin dificultad.

Mis adorados elefantitos no podían faltar a nuestra cita diaria. La primera manada, con sus imprescindibles pequeñines, no se hizo esperar mucho. Estos gigantes van dejando su impronta allá por donde pisan, causando destrozos y arremetiendo con lo que encuentran a su paso. Los árboles son los máximos perjudicados del tsunami elefantil.

Seronera se caracteriza por sus kopjes, esos pequeños montículos de roca que lo mismo sirven de descanso para las manadas de leones que de reserva de agua para otros muchos animales.

Íbamos haciendo camino y mientras nos dirigíamos a la zona del picnic seguimos encontrando más animales aunque no con la frecuencia de unas horas antes dadas las altas temperaturas del momento y lugar.

Pese a que en teoría la hora de la comida sirve al mismo tiempo de descanso, en un viaje como éste eso resulta casi imposible porque siempre nos espera alguna sorpresa; esta vez nos hizo compañía un simpático animalito llamado damán que está, aunque parezca mentira, emparentado con el elefante. Es evidente que hace millones de años que sus caminos se separaron porque cualquier parecido entre ambos es pura coincidencia.

Aún faltaban unas cuantas horas para que se acabara el día pero el calor seguía siendo importante y no hubo avistamientos destacables hasta casi las seis en que volvimos a coincidir con otra manada de elefantes.

Un numeroso grupo nos vino al encuentro, primero uno y poco después fueron apareciendo los demás, con los bebés siempre protegidos entre la mamá y las tías o abuelas. Como era habitual, no nos movíamos del lugar hasta que desaparecían de nuestra vista tras haber pasado por delante del coche.

Una familia de mangostas viviendo en un antiguo termitero estaba tomando el sol de la tarde cuando pasamos por allí.

Mientras nos dirigíamos hacia el campamento una vez concluida la ruta de ese día volvimos a pasar por el árbol del leopardo, que seguía allí pero esta vez incorporado de manera que, aunque lejos, pudimos verlo mejor. Y fue una suerte porque leopardos no volvimos a encontrar ninguno más.

Si al inicio del día la salida del sol nos había hecho un buen regalo, su puesta no fue menos espectacular y aprovechamos que aún estábamos circulando para captar el momento.

Concluía así la cuarta etapa del safari con un balance más que positivo y casi podría decirse que cada día era mejor que el anterior o, al menos, igual de intenso, con toda esa explosión de vida casi al alcance de nuestra mano y disfrutando de lo que el reino animal nos iba ofreciendo a cada instante.

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5 comentarios en “Tanzania – Serengeti (I)

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