Tanzania – Ngorongoro

El Área de Conservación de Ngorongoro comprende el volcán en cuya caldera se concentra una gran cantidad de fauna.

El Ngorongoro se separó del P.N. Serengeti y pasó a ser un área de conservación, lo cual significa, si no me equivoco, que es una zona protegida pero en la que al mismo tiempo está permitido el desarrollo de algunas actividades como el pastoreo. La zona comprende el cráter, o mejor dicho la caldera, es decir la depresión causada por la explosión del volcán. A este famoso lugar dedicamos el séptimo y penúltimo día del safari que comenzó, como ya era habitual, casi de madrugada en un afán por llegar siempre los primeros y casi antes que los animales.

En el Ngorongoro había una cantidad asombrosa de ñus, cebras y búfalos, porque aquí tienen agua y comida en abundancia. También viven bastantes depredadores pero el día que pasamos por allí debían de estar descansando porque vimos muy pocos.

Para empezar bien el día, unas cebras muy juguetonas nos esperaban en el camino para darnos la bienvenida a la caldera.

De manera sincronizada, entre enero y febrero es cuando se producen los nacimientos de los ñus, motivo por el cual elegí esta época para hacer el safari. En este aspecto no tuvimos demasiada suerte porque bebés había más bien pocos, ya que estos animales tienen la particularidad de poder retrasar el parto hasta dos semanas si las condiciones de agua y alimento no son las más favorables para dar a luz. Se conoce que aún no era el momento idóneo porque barrigas llenas había un montón pero pequeñines muy poquitos. Seguro que a los pocos días de irnos aquello fue un no parar de nacer y también morir, porque las crías son el objetivo preferido de los depredadores a causa de su debilidad. De ahí la sincronización de las madres, pues parir todas a la vez les ayuda a protegerse mutuamente.

Algunos facóqueros pululaban por allí. Este animal, junto al buitre, el ñu, la hiena y el marabú forman los llamados “cinco feos” de la fauna africana. Muy agraciados no es que sean, la verdad, pero a ellos no parece importarles.

Llegamos hasta un riachuelo donde los búfalos eran los reyes y a los que no hacía demasiada gracia que los demás se acercaran a beber. En ese punto estábamos literalmente rodeados de ñus, búfalos y cebras, y así como en otras zonas eran sumamente huidizos y echaban a correr en cuanto se acercaban a la pista, aquí en cambio caminaban tranquilamente junto a los coches.

Algún pequeñín sí que vimos, pero menos de los que esperábamos.

La pradera del Ngorongoro es uno de los parideros de los ñus y forma parte también de la ruta de la gran migración que los tiene en constante movimiento durante prácticamente todo el año, siguiendo siempre el rastro del alimento y el agua.

Ese movimiento migratorio no es exclusivo de los ñus. Cebras, gacelas y elanes acompañan al millón y medio de ñus que están en permanente circulación. Esto los convierte en los protagonistas absolutos de lo que se ha calificado como una de las siete maravillas de África. Hablando de elanes, es un animal perteneciente a los bóvidos del que jamás había oído hablar ni mucho menos sabía qué aspecto tenía. Su timidez hace que sea difícil avistarlos, pero uno al menos encontramos.

El día estuvo escaso de elefantes; un ejemplar solitario circulaba por allí con la única compañía de unas cebras. Por suerte, días atrás ya había tenido mis buenas dosis de paquidermos y no les eché especialmente en falta porque los protagonistas eran otros.

Rodeando el río otra manada de búfalos se encontraba pastando en la pradera. Son graciosos peinados con la raya en medio.

El solitario elefante seguía su deambular por la pradera.

Por supuesto, no me olvido de las aves, que vimos en gran cantidad. Aquí van algunos ejemplos.

A dónde iría ese león sin más compañía que su propia melena.

Una bonita sorpresa nos aguardaba: un ñu recién nacido y su madre todavía descansando del parto. Estaban lejísimos y el teleobjetivo no daba más de sí, pero la escena se puede apreciar perfectamente.

La charca de los hipopótamos estaba a rebosar, mientras los ñus iban siguiendo su periplo en fila india.

Llegó el momento cebril, con una bonita manada corriendo, pastando y revolcándose alrededor nuestro.

Otros dos pequeños ñus (o los mismos de un rato antes, quién sabe, con lo que se mueven) empezaban a dar sus primeros pasos por la pradera siempre enganchados a sus madres.

Dos hienas en un charco parecía que se estaban refrescando del calor que ya empezaba a apretar. Al salir, una de ellas llevaba colgando en la boca los restos de lo que poco antes había sido una cría de ñu y de la que sólo quedaba un triste pellejo. Se alejaron sin soltar su botín.

El león por fin encontró lo que buscaba, su leona.

Una enorme fila de coches parados era señal de que algo importante se estaba cociendo por allí cerca. En efecto, un rinoceronte que se dirigía hacia donde estábamos nos hizo concebir la esperanza de que se dejaría ver de cerca. Pero se han vuelto muy cautelosos por culpa de la caza que los ha llevado al borde de la extinción y en ese punto del camino desapareció, supongo que aprovechando alguna hondonada del terreno. No pudimos contemplarlo a gusto pero al final tuvimos suerte porque en Ngorongoro sólo quedan diez ejemplares de rinoceronte. La estúpida creencia de que su cuerno cura un montón de enfermedades y además sirve como afrodisíaco los ha llevado a una situación desesperada. Para intentar evitar de alguna manera la caza furtiva les han puesto en los cuernos un microchip que permite seguir su rastro. Esperemos que esta medida sea eficaz y acabe con este negocio que sólo puede satisfacer a criminales mentalmente enfermos.

Llegó la hora del descanso y elegimos la ribera de un lago habilitada donde se podía bajar y donde también había servicios. Pese a lo bucólico del lugar, tuvimos que comer dentro del coche para evitar que los cuervos nos robaran la comida. Acabada ésta pudimos por fin salir y estirar un poco las piernas.

La tarde estaba muy calurosa y los avistamientos empezaron a ser esporádicos: un elefante, dos leonas durmiendo la siesta y algún que otro pajarillo.

Nos fuimos dirigiendo hacia la salida porque aún quedaba un buen trecho hasta Karatu. Las vistas de la caldera desde el camino eran espectaculares, y después de muchos días sin ver monos, en la puerta de acceso estaban los papiones despidiendo a los visitantes.

Como aún era pronto cuando llegamos a Karatu aprovechamos que había que arreglar la rueda pinchada el día anterior para dar una vuelta por la ciudad, actividad que eché mucho de menos en este viaje ya que la totalidad del tiempo se nos fue dentro del coche y en los parques. No dimos un gran paseo pero hasta pudimos meternos por el mercado para ver la vida cotidiana de la gente del lugar. Lástima que no les gusta que les hagan fotos porque el ambiente era de lo más pintoresco y merecedor de ser retratado.

Por primera vez en una semana llegamos al hotel cuando aún era de día, lo que nos permitió descansar un ratito antes de cenar tras una intensa jornada llena de avistamientos en la caldera del Ngorongoro, otro de los muchos hitos de este viaje.

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5 comentarios en “Tanzania – Ngorongoro

  1. Pingback: Tanzania – De safari por África | postalesdelmundo

  2. ¡Vaya paisajes, vaya amplitud, inmensidad, belleza y vistas! 😀 un entorno espectacular para bichear 😀 .
    No sabía lo de los cinco feos 😀 jajaja 😀 En Kruger sí había oído de los cinco pequeños 😀 que si no recuerdo mal eran la musaraña elefante, un ave tejedora, la hormiga león, el escarabajo rinoceronte y la tortuga leopardo 😀 .
    A mi me parecen preciosos esos desgarbados mini ñus 😀 porque al final, la belleza, y el tamaño, son relativos 🙂 😉
    Gracias por compartir y llevarme un ratito a mi querida África 🙂 Besitos sabáticos y un abrazo grande.

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    • No es de extrañar que el Ngorongoro sea de los lugares más visitados de Tanzania, tiene de todo un poco y además el paisaje es una maravilla.
      Pobretes los cinco feos, y los cinco peques, cómo le gusta a la gente poner calificativos, como bien dices todo es relativo y además qué les importará a ellos ser feos o pequeños. Pero lo que más gracia me hace son los nombres, hormiga león o escarabajo rinoceronte 😀 😀
      Un abrazo y feliz finde guapa (y gracias por pasarte siempre por aquí 😀 )

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      • Te tengo que agradecer cuànto estoy aprendiendo de vida animal: la sincronización y retraso de partos, los pobres feos, especies que ni había oído… y las fotos preciosas, casi los puedo tocar. Gracias por compartir 😀
        Feliz finde😘

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  3. Sólo transmito una pequeña parte de lo que aprendí allí, antes de ir no tenía ni idea de todo lo que la vida animal puede hacer, y eso que algún documental de la 2 veo 😉
    Muchas gracias a ti por pasarte y dejar tu bonito comentario, me alegro de que te gusten las fotos.
    Un abrazo y feliz finde

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