Tanzania – Zanzíbar: el safari blue

También conocida como isla de las especias, Zanzíbar se unió en la década de los 60 a Tanganica y ambos pasaron a formar un solo país, Tanzania.

Finalizado el fantástico safari por los parques del norte de Tanzania, que tuvo una duración de ocho días, los restantes cuatro los pasamos en Zanzíbar, separándonos del grupo con el que habíamos compartido tantos buenos y divertidos momentos para emprender esta nueva etapa del viaje en solitario. De camino al aeropuerto asistí desde la ventanilla del coche a los quehaceres de los pastores masai y al bullicio y caos de la ciudad de Arusha. Habría sido interesante bajar y mezclarnos durante un rato con la vida local pero por desgracia no entraba en los planes del tour.

Ese día se fue entero en el trayecto entre el continente y la isla y aunque llegamos a primera hora de la tarde al hotel poco pudimos hacer para llenarla salvo darnos un chapuzón en la piscina. Ésta fue la tónica general de toda la estancia, una actividad diaria que ocupaba una parte del día y el resto del tiempo relax absoluto en el alojamiento. El plan puede parecer muy atractivo pero a mí personalmente no me llama mucho la atención y al final hasta llegué a aburrirme. El aislamiento del hotel, situado en la costa noreste de la isla, unido a la inexistente infraestructura para moverse por la zona provocaron que la dependencia de los taxis y sus abusivos precios nos limitaran por completo. Algo mentalizada para la situación ya iba, pero no hasta el punto de estar deseando, en determinados momentos, que se acabara el viaje.

Con todas las excursiones pensadas pero sin nada contratado previamente dejamos en manos del hotel su organización, en parte porque los precios eran similares a los que había consultado antes de llegar y en parte porque buscar por otro lado habría supuesto una gran incomodidad y pérdida de tiempo viendo la situación de aislamiento en la que nos encontrábamos. De esta manera, al día siguiente de nuestra llegada hicimos la excursión estrella de Zanzíbar, la que todo el mundo intenta hacer por fugaz que sea su paso por la isla: el Safari Blue, cuyo máximo interés es la inmersión para ver el arrecife coralino existente en los alrededores de la península de Fumba.

Globo granate: hotel / globo amarillo: Safari Blue

Un taxi pasó a recogernos e incluso nos pusieron un guía que hablaba castellano, algo que me sorprendió porque era totalmente innecesario para esa excursión, de manera que al final acabó haciendo más de asistente que de intérprete, ganándose una buena propinilla. Lo dicho, habríamos podido prescindir perfectamente de él pero entre que puso mucho esmero y nos contó un montón de cosas sobre la isla y sobre su vida hasta nos alegramos de contar con su compañía.

En Fumba ya nos esperaban los dhows, embarcaciones de madera típicas de la isla que ahora se usan mayormente en las excursiones turísticas.

Primera parada en un banco de arena para colocar un toldo y los pasajeros ni siquiera bajamos. En ese momento no entendí muy bien la jugada pero posteriormente le encontré la explicación. De aquí nos dirigimos a un manglar, una zona de árboles sumergidos en el mar en la que dependiendo de la hora se camina o se nada. A nosotros nos pilló la marea alta y nos tocó nadar.

Tras dar nuestras primeras brazadas en el Océano Índico volvimos al primer punto, el del toldo, y entonces sí que desembarcamos. Lo que de primeras parecía una isla paradisíaca se convirtió al poco rato en una playa abarrotada de turistas. Lo del toldo, pues una manera de reservar sitio antes de que llegara la marabunta blanca.

En este pseudo paraíso nos entretuvimos un buen rato nadando y tomando un tentempié a base de frutas tropicales. Que había demasiada gente era una obviedad y precisamente lo que sobraba para ser un paraíso de verdad, lo que también es obvio es que todo el mundo tiene el mismo derecho a viajar y, aunque sea un inconveniente, muchas veces hay que compartir espacios con gente con los mismos intereses que nosotros.

Finalmente llegó la hora de adentrarse en el océano para admirar el fondo marino. Los corales se encuentran muy cerca de la superficie y a poco que uno se sumerja enseguida aparece un mundo de formas espectaculares al alcance de la mano.

Pasé una y otra vez por encima del arrecife sin cansarme de mirarlo, y con gusto me habría quedado mucho más rato flotando en los alrededores mientras los hábiles pececillos conseguían esquivarme sin equivocar nunca su camino.

La comida estaba incluida en la excursión y para tomarla nos llevaron a una playa donde ya nos esperaba un copioso plato de pescado que incluía un par de pequeñas langostas. La marea estaba tan baja que desde el dhow hasta la orilla tuvimos que caminar un buen trecho y más tarde pudimos dar un paseo andando hasta unas rocas muy llamativas.

Finalizada la excursión nos llevaron de vuelta al hotel y, aunque estaba a una hora de carretera, llegamos sobre las cinco. Como de agua ya habíamos tenido una buena dosis durante el día bañarnos en la piscina no nos apetecía demasiado, así que sin nada que hacer salvo descansar esperamos que llegara la hora de cenar.

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5 comentarios en “Tanzania – Zanzíbar: el safari blue

  1. Pues tomo nota, y si algún día voy a Tanzania, ojalá, creo que me quedaré en tierra firme 🙂 con los gatos y elefantes 🙂 El azul del Índico me llama, y sus amplias mareas, y sus arrecifes, el color…esos barcos… …pero eso de estar “incomunicados” y la logística de las excursiones… no me convence del todo. Pero vamos… dame un billete que me voy mañana mismo 😀 Gracias por compartir linda Gladys, un abrazote y buen comienzo de semana.

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    • Para mí ese fue el punto débil de Zanzíbar, estar tan aislados, porque todo lo que hicimos y vimos fue realmente fantástico pero no poder salir a pasear salvo por la playa de delante del hotel cuando la marea estaba baja nos condicionó demasiado, no estamos acostumbrados a este tipo de viajes de relax 😉
      Un abrazo guapa y muchas gracias por estar siempre por aquí 😀

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  2. Qué azules…!! A mí tampoco me gusta el relax cuando viajo, me parece que pierdo el tiempo. Sin embargo, me iría ahora a donde fuera 😀 para quitarme este estrés. Yo también pienso eso de que “aunque sea un inconveniente, muchas veces hay que compartir espacios con gente con los mismos intereses que nosotros”. Gracias por compartir. Besitos.

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    • Yo tengo esa misma sensación, un día no está mal dedicarse a no hacer nada pero al siguiente ya empiezo a necesitar más actividad para no pensar que malgasto el tiempo y el dinero. Sobre la masificación de algunos lugares, pienso que es inevitable en determinadas circunstancias, como en un lugar así en el que no puedes elegir mucho ni cuándo ni dónde ir.
      Un beso y gracias por dejar tu comentario

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  3. Pingback: Tanzania – Zanzíbar: atolón Mnemba | postalesdelmundo

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